Nuevas Ideas | Priscila Vera

OPINIÓN | Dime qué comes y te diré cuánto contaminas

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Cuida lo que comes.Los alimentos de “kilómetro cero” son aquellos que se producen cerca de donde vivimos y los productos de temporada respetan los ciclos de la tierra
(Especial Nación321)

¿Alguna vez has pensado que decidir qué comer también es una decisión ambiental?

Parece una pregunta exagerada, pero no lo es. Cada comida en la mesa tiene una historia detrás: dónde fue producido, cuánto viajó, cómo fue cultivado y quién recibió el pago por su trabajo.

Por eso, comer también puede ser una forma de cuidar el planeta y apoyar a nuestra economía local.


La fórmula es sencilla: productos locales, de temporada y de comercio justo.

Los llamados alimentos de “kilómetro cero” son aquellos que se producen cerca de donde vivimos. Al reducir las distancias entre el campo y nuestra mesa, podemos disminuir parte de las emisiones asociadas al transporte.

Los productos de temporada, por su parte, respetan los ciclos naturales de la tierra. Son alimentos que se producen cuando las condiciones del clima permiten su cultivo, evitando en algunos casos procesos adicionales para conservarlos o producirlos fuera de temporada.


Y está el comercio justo: comprar productos que permitan a quienes trabajan la tierra recibir una remuneración digna por su esfuerzo.

¿Y esto qué tiene que ver con la Ciudad de México?

Mucho más de lo que pensamos.

La Ciudad de México no es solamente edificios, tráfico y concreto. Una parte importante de su territorio corresponde a suelo de conservación, donde existen bosques, zonas agrícolas y comunidades que durante generaciones han producido alimentos.

Milpa Alta, Xochimilco, Tlalpan y Tláhuac son ejemplos de ello.

El nopal es quizá uno de los casos más representativos. Es un producto profundamente ligado a la identidad de nuestra ciudad y se cultiva en el suelo de conservación.

Cuando compramos productos cultivados en estas comunidades no solamente estamos eligiendo qué poner en nuestro plato. También estamos contribuyendo a mantener activa la agricultura local.

Y eso importa.

Cuando una parcela deja de ser productiva, aumenta la presión para que ese territorio cambie de uso. Mantener viva la actividad agrícola ayuda a conservar espacios naturales, contener el crecimiento urbano y generar ingresos para las familias que viven del campo.

La decisión está en nuestras manos. Todos podemos tomar decisiones diferentes cuando vamos al mercado.

La próxima vez que compres alimentos, pregúntate: ¿de dónde viene?, ¿es de temporada?, ¿quién lo produjo?

Porque al final, no solo somos lo que comemos. También somos las decisiones que tomamos para producirlo y comprarlo.

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