Comprar alimentos también es una forma de cuidar el planeta. Elegir productos de proximidad y de temporada es un buen primer paso, pero hay algo todavía más importante: evitar que los alimentos que compramos terminen en el bote de la basura.
Producir alimentos implica un alto consumo de agua y energía. Transportarlos para que lleguen a nuestra mesa también genera emisiones. Por ello, resulta impensable que, después de todo ese proceso, una parte termine en la basura simplemente porque compramos más de lo que necesitamos o dejamos que se eche a perder en el refrigerador.
En México, un estudio del Banco Mundial difundido por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales en 2017 estimó que se perdían o desperdiciaban 20.4 millones de toneladas de alimentos al año. A nivel mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estimó que en 2022 se desperdiciaron 1,050 millones de toneladas de alimentos en hogares, restaurantes y comercios. Lo más preocupante es que el 60% de ese desperdicio ocurrió en los hogares.
Por eso, la decisión de compra es crucial. Planear lo que necesitamos, elegir las cantidades adecuadas, calcular las porciones que vamos a preparar, conservar y aprovechar las sobras antes de comprar más son acciones sencillas que pueden marcar la diferencia.
Esta responsabilidad no se limita al hogar. Cuando comemos fuera, también podemos elegir porciones adecuadas y, si sobra comida, pedirla para llevar en lugar de dejarla en el plato.
Estas acciones no solo benefician al planeta; también representan un ahorro para nuestro bolsillo. Cada alimento que tiramos sin haberlo aprovechado es dinero desperdiciado y recursos naturales utilizados innecesariamente.
Cuidar el medio ambiente no siempre requiere grandes inversiones ni cambios radicales en nuestro estilo de vida. A veces comienza con algo tan sencillo como comprar mejor, servir lo necesario y aprovechar lo que tenemos.
Cuidar el planeta también significa dejar de desperdiciar lo que tenemos en nuestra casa.




