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OPINIÓN | Llamarse Olimpia ya ganó

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'Llamarse Olimpia'.A unos días de su estreno en Netflix y después de los premios Ariel, tengo una certeza: este largometraje no se pensó desde la industria
(Especial)

Llamarse Olimpia, dirigida por la cineasta mexicana Indira Cato y realizada por Chumbera Producciones está logrando algo muy poderoso: dar justicia a través del arte y reivindicarnos. Y lo está logrando de la mejor manera: juntándonos. Se están reuniendo familias enteras, se están reuniendo las periferias, y el documental está llegando a cada casa, cada barrio, cada país y cada escuela, incluso a instituciones que nunca creímos que abrirán sus puertas. Está logrando conectar de verdad, vernos de verdad y cuestionar de verdad la violencia digital. Y claro, ¡tenía que ser mujer! Tenía que ser desde su visión.

A unos días de su estreno en Netflix y después de los premios Ariel, tengo una certeza: este largometraje no se pensó desde la industria. Siempre se creó por algo más grande y poderoso.

Lo más bonito es cómo lo estamos haciendo. Con una sola cuenta de Netflix, la gente se junta en espacios públicos para ver la película, y desde esa misma cuenta se capacita a policías, a instituciones, a familias enteras. Nadie tiene que contratar nada nuevo: se presta, se comparte, se usa lo que ya existe. Eso es democratizar el acceso, y esa democracia es la que hace que la película llegue a donde ninguna plataforma por sí sola llegaría.


Gracias, Indira, por llevarnos a industrias que muchas desconocemos y ponernos en la pantalla grande. Lo hiciste en un mundo donde las directoras de cine cuentan con la mitad de los recursos que sus compañeros hombres (Informe Anual de CIMA). Y lo hiciste con sobrevivientes, para quienes volver a enfrentarse a una cámara, al ojo público sobre nuestro cuerpo y a un sistema tecnológico que monetiza con la explotación cuesta todavía más.

A las sobrevivientes se nos ha retratado muchas veces desde la revictimización y el morbo, no desde la dignidad. Aquí no. Indira no explotó mi imagen, no me hipersexualizó ni dramatizó mi dolor para arrancar compasión. Detrás de esa mirada hay un equipo conformado exclusivamente por mujeres, de esas que la industria suele ver solo como “asistentes de…”. No se necesitaron más herramientas que la conciencia y el amor entre mujeres para cambiar el ojo con el que se nos ha mirado.

Y esto apenas empieza. En menos de una semana, el mensaje viajó a Canadá, y ahora estamos en Tailandia como delegación al SVRI (Sexual Violence Research Initiative) para hablar de la urgencia de un pacto global para enfrentar esta violencia extraterritorial. La Ley Olimpia avanza.


Cada vez que una niña, una joven o una mujer le da play a este documental, se sabe acompañada, fuerte y poderosa, ahí ya ganamos lo importante.

Gracias, Indira. Gracias, Chumberas. Gracias, compañeras, hermanas. Ustedes retrataron el inicio de esta rebeldía colectiva, y la memoria que grabaron es imborrable para la historia.

El premio más grande al que aspiramos es un mundo digital libre de violencia. ¡Y ahí les vamos!

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