Ciudadanos

ENTREVISTA | Olimpia Coral: a 5 años de la lucha que -aún- no termina contra la violencia digital

alt default
Olimpia Coral Melo.El 29 de abril de 2021 la Cámara de Diputados aprobó la Ley Olimpia... A un lustro de distancia ¿qué ha pasado con su impulsora?
(Giovani Flores)

El 29 de abril de 2021 marcó un antes y un después para la vida de millones de mujeres: la Cámara de Diputados aprobó la Ley Olimpia y con ello, finalmente, la violencia digital fue reconocida como un delito.

Cinco años después, en entrevista con Nación321, su impulsora, Olimpia Coral Melo, no habla de cierre ni de victoria definitiva... habla de continuidad. De una lucha que sigue abierta.

En 2026, cuando se le pregunta quién es, la respuesta de Olimpia no inicia en la política ni en la ley, sino en lo cotidiano: “Bueno, yo soy primero mamá de Pulga, de Moli y de Canelita, tres perritas adoptadas que llevan conmigo desde hace ya varios años. Soy defensora de derechos y de espacios digitales libres de violencia”.


Esa forma de nombrarse revela algo más profundo: el movimiento que encabeza no gira únicamente en torno a su historia personal. Hoy forma parte de una red latinoamericana que nació con reformas legales, pero que se transformó en una causa regional. “Soy una mujer mexicana originaria de la sierra norte de Puebla de Huauchinango… me considero una mujer siempre aprendiendo los sentipensares de otras mujeres”, dice.

Pero el reconocimiento legal no ha significado el fin del problema. La realidad, explica, es mucho más compleja y emocionalmente contradictoria. “Pues depende el día”, responde cuando se le pregunta qué siente.

“A veces me siento contenta… a veces me siento satisfecha… a veces me siento feliz…”, dice al recordar los casos en los que víctimas logran justicia.


Sin embargo, también hay otra cara: “A veces me siento impotente de saber de tantos casos que siguen en la impunidad… hay veces que también te sientes cansada, te sientes frustrada, pues eres humana”.

ANTE UN PAÍS LLENO DE VÍCTIMAS, HAY UNA NUEVA HERRAMIENTA

En medio de esas emociones, hay historias que le confirman que la justicia no siempre necesita llegar a un tribunal para generar un efecto. Recuerda, por ejemplo, a una mujer que le dijo: “Ni siquiera pude denunciar, pero el día que me dijeron que mi novio iba a difundir mis fotos, le dije, ‘yo conozco mis derechos y conozco la Ley Olimpia.’ Ese día, él mismo me bloqueó y nunca jamás volví a saber de él y con eso tuve justicia".

La dimensión del problema creció más rápido que cualquier estructura. Lo que antes era una ‘lluvia’ de mensajes, hoy son ‘olas’ de miles de solicitudes de ayuda. En ese contexto, la carga emocional también se volvió colectiva.

“Yo creo que vamos aprendiendo… primero con una red de apoyo importantísima junto con todas mis compañeras”, explica.

Aun así, reconoce el límite: “Hay días en los que decimos, ‘Ya no podemos más’”.

Esa saturación llevó al movimiento a buscar nuevas herramientas. Una de ellas fue el desarrollo de una inteligencia artificial construida desde la experiencia de las propias víctimas. “Valgámonos de las inteligencias artificiales… y entonces dijimos… ‘¿Qué hacemos?’”, recuerda.

El resultado fue una plataforma que intenta responder donde el Estado no alcanza: “Hicimos Ley OlimpIA, que es una inteligencia artificial única en todo el mundo, hecha principalmente por sobrevivientes de violencia digital”.

La herramienta no solo orienta jurídicamente, también contiene emocionalmente. “Muchas víctimas no saben que son víctimas… nuestra IA tiene hasta ejercicios de respiración, ha sido programada con las psicólogas, con estudiosas de psicoanálisis...“, explica.

Pero incluso con estos avances, Olimpia insiste en que el problema de fondo sigue intacto. La violencia digital, dice, no es un accidente del internet, sino parte de un sistema más amplio. “No, no es una violencia que se facilite por las tecnologías. Es una violencia digital que se sustenta, se agrava, se perpetúa y genera ganancias económicas a las tecnologías”.

alt default
Olimpia Coral. Las empresas, de acuerdo con la activista, también tienen que asumir su responsabilidad cuando de violencia digital se trata.

DE LAS PLATAFORMAS A LAS LUCHAS LEGISLATIVA... EN EL MUNDO

En este sentido, Olimpia habla directamente a las plataformas digitales, a las que considera actores centrales en el problema. “El sistema económico mundial digital está basado bajo la explotación de las mujeres y de las niñas”, advierte.

En ese contexto, la lucha no sólo se ha extendido a otros países, sino que ya ha comenzado a traducirse en cambios concretos fuera de México. Inspirada en la legislación mexicana, la llamada Ley Olimpia ha sido aprobada en países como Argentina y Panamá, mientras que en naciones como Colombia, Guatemala, Bolivia, Honduras, Ecuador, El Salvador y más, existen movimientos activos para impulsar reformas similares.

Aun así, el proceso no es homogéneo ni inmediato. “Es volver a empezar de cero… es llegar a Argentina, es llegar a Colombia… y volver a convencer otra vez curul por curul”, relata, al describir un trabajo que implica reconstruir desde la base lo que en México tomó años consolidar.

El contraste es evidente: mientras en tierras mexicanas la violencia digital ya está tipificada como delito a nivel nacional, en otros países aún se encuentra en discusión o en etapas iniciales de reconocimiento legal. “Tener que enfrentarte otra vez con comentarios misóginos… ‘pero ustedes se dejaron grabar’”, recuerda, mostrando que el obstáculo no sólo es jurídico, sino profundamente cultural y repetitivo.

“ESTO VA MÁS ALLÁ DE TI”

A nivel personal, Olimpia identifica que la primera barrera para la defensa de su causa, que involucra directamente un episodio de su vida, en el que fue violentada con la difusión de imágenes de su intimidad sin su consentimiento, no fue institucional, sino interna.

“Entender que no eras culpable. Ese fue el primer obstáculo al que me enfrenté”, afirma. A partir de ese punto, explica, fue posible transformar una experiencia individual en un movimiento que hoy no solo cruza fronteras, sino que también enfrenta, una y otra vez, las mismas resistencias.

Después vinieron otros: la revictimización social y el desgaste económico del activismo. “La precarización del activismo es uno de los bloqueos más grandes”, admite, al explicar que el movimiento se sostiene muchas veces con recursos limitados y trabajo colectivo, por lo que hace una invitación a que quien quiera ayudar, lo haga, pues es necesario.

A pesar de todo, su convicción, esa que la llevó a cambiar el rumbo, no se ha modificado. Si pudiera hablar con la Olimpia que inició esta lucha, revela, le diría lo mismo que se repite todos los días: “Esto va más allá de ti”.

Porque incluso con una ley vigente, con reconocimiento internacional y con un movimiento consolidado, el objetivo sigue siendo el mismo. No basta con castigar el delito: hay que transformar la lógica que lo permite.

Y en ese terreno, el mensaje que dirige a las víctimas mantiene la esencia de todo el movimiento: “Que no les crean absolutamente nada… que no nos digan que luchar no sirve de nada… que no nos digan que alzar la voz no funciona”.

Al final, resume su apuesta en una idea que ha acompañado todo su recorrido: “Creo que el secreto está en cambiar el miedo de bando”.

Ahí, en ese punto donde la vergüenza deja de ser de la víctima y pasa al agresor, es donde —para Olimpia— comienza la verdadera justicia. Y también donde queda claro que, a cinco años de la ley, aunque la lucha está lejos de terminar ahora avanza con ellas, las Defensoras digitales, juntas y de la mano.

------

Querido lector, a partir de este lunes 4 de abril, cada día 4 de mes podrás leer a Olimpia Coral Melo en Nación321.com con su columna ‘Lo virtual es real’.

contenido relacionado