Nuevas Ideas | Priscila Vera

OPINIÓN | EUA y México: dos discursos distintos, la misma dependencia al petróleo

alt default
México y Estados Unidos.Parecen tener formas muy distintas de hablar de energía, pero siguen seguir dependiendo del petróleo y el gas como base de su economía
(Especial Nación321)

Estados Unidos y México parecen tener formas muy distintas de hablar de energía. Uno se presenta como líder mundial, el otro como un país que busca soberanía. Pero en el fondo, los dos están haciendo algo muy parecido: seguir dependiendo del petróleo y el gas como base de su economía.

La diferencia está más en el discurso que en la realidad.

En Estados Unidos, aunque se habla de combatir el cambio climático, la producción de petróleo y gas sigue creciendo. Además, durante el gobierno de Donald Trump, el país decidió salir del Acuerdo de París, dejando claro que en ese momento se priorizó la competitividad económica y la seguridad energética por encima de los compromisos ambientales globales.


En México, el enfoque ha sido fortalecer la refinación de petróleo y darle más peso a PEMEX como eje del sistema energético. El problema es que esta estrategia, aunque se presenta como un camino hacia la soberanía, en la práctica ha implicado altos costos fiscales. La refinación no siempre ha sido rentable y ha requerido recursos públicos que podrían destinarse a otras prioridades como salud, infraestructura o educación. En otras palabras: el dinero de nuestros impuestos termina absorbiendo las pérdidas de la corrupción e ineficiencias de PEMEX.

Claudia Sheinbaum a pesar de su formación medio ambiental impulsa una política energética centrada en combustibles fósiles. La pregunta clave es si el cambio climático es un problema reconocido científicamente, ¿por qué las decisiones energéticas siguen profundizando un modelo que lo agrava?

Tanto Estados Unidos como México ya se han calentado alrededor de 1°C a 1.4°C en las últimas décadas. Esto ya no es un escenario del futuro. Es una realidad cotidiana: más calor extremo, menos agua disponible, incendios más frecuentes e inundaciones más intensas.

El problema es que, mientras el clima cambia con rapidez, las decisiones energéticas avanzan con lentitud.

En Estados Unidos ocurre algo similar: se habla de transición energética, pero sin romper realmente con el peso del petróleo y el gas, que siguen siendo fundamentales para su economía.

Al final, la idea central es simple: ambos países están apostando por los combustibles fósiles en nombre de la soberanía, como si las energías limpias fueran una amenaza y no una necesidad. El resultado es una visión de corto plazo que ignora algo fundamental: el cambio climático no es una advertencia futura, es una factura presente que ya están pagando las ciudades, las familias y los gobiernos.

La verdadera paradoja es esta: mientras los gobiernos discuten soberanía energética, el planeta ya cambió las reglas del juego.

contenido relacionado