Nuevas Ideas | Priscila Vera

La Ciudad de México se está hundiendo. Y no, no es una exageración

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La Ciudad se hunde.Estamos sacando mucha más agua del subsuelo de la que la naturaleza puede recuperar
(Especial Nación321)

Mientras abrimos la llave y esperamos que salga agua, debajo de nuestros pies la ciudad se hunde varios centímetros cada año. La razón es sencilla: estamos sacando mucha más agua del subsuelo de la que la naturaleza puede recuperar.

Lo más increíble es que el problema no es que falte lluvia. Cada año caen sobre la Ciudad de México alrededor de 1,400 millones de metros cúbicos de agua de lluvia, más de lo que consumimos en un año. El verdadero problema es que dejamos que esa agua se vaya por el drenaje en lugar de aprovecharla.

Durante décadas preferimos construir más concreto que espacios para infiltrar el agua. Cubrimos ríos, pavimentamos áreas verdes y permitimos que creciera la ciudad sin pensar de dónde saldría el agua para millones de personas. En vez de recargar los acuíferos, los seguimos vaciando.


El resultado ya lo vivimos todos: colonias donde el agua llega por tandeo, familias que dependen de pipas, fugas que desperdician millones de litros y una ciudad que literalmente se está hundiendo.

Lo más preocupante es que sabemos cómo enfrentar esta crisis. Captar agua de lluvia, reparar fugas, tratar y reutilizar el agua, proteger el suelo de conservación y recuperar las zonas de infiltración no son ideas nuevas; son soluciones que llevan años sobre la mesa. Lo que ha faltado es convertirlas en la prioridad número uno de la ciudad.

Y es precisamente ahí donde el Plan General de Desarrollo queda a deber. En lugar de colocar la seguridad hídrica como el eje que debe orientar el crecimiento de la Ciudad de México, el documento no ofrece una estrategia clara para detener la pérdida del suelo de conservación, recuperar las áreas de infiltración ni garantizar que el desarrollo urbano sea compatible con la disponibilidad de agua. En otras palabras, sigue pensando en cómo expandir la ciudad sin resolver primero de dónde saldrá el agua para sostenerla.


No podemos olvidar que el suelo de conservación es la mayor fábrica de agua de la ciudad. Ahí se infiltra gran parte de la lluvia que recarga los acuíferos de los que dependen millones de personas. Sin embargo, seguimos perdiendo miles de hectáreas por el crecimiento irregular y la falta de protección efectiva. Cada hectárea que desaparece significa menos agua para el futuro y una ciudad más vulnerable.

Por eso, lo que ocurra en los próximos meses en el Congreso de la Ciudad de México no es un asunto reservado para especialistas o políticos. Las y los diputados decidirán si aprueban un Plan General de Desarrollo que realmente enfrente la crisis hídrica o si avalan un documento que mantiene las mismas inercias que nos llevaron hasta aquí.

La discusión no es técnica; es una decisión sobre el futuro de la ciudad. De lo que apruebe el Congreso dependerá, en buena medida, si seguimos construyendo una ciudad que consume sus propios recursos hasta agotarlos o una que protege el agua, el suelo de conservación y su viabilidad para las próximas generaciones.

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