La feria

Sheinbaum contra Estados Unidos

El discurso por el segundo aniversario de su triunfo electoral tuvo cuatro partes: una relatoría de resultados; una alerta sobre campañas de desinformación; el ultimátum a Washington, y, finalmente, como divertimento, burlas a la derecha mexicana.

Claudia Sheinbaum lanzó un ultimátum a Estados Unidos. No ha de constituirse, a través del Departamento de Justicia, dijo, en “el gran elector” de los comicios mexicanos. La parte central de su arenga de ayer tuvo un destinatario: Donald Trump, al que no nombró.

El discurso por el segundo aniversario de su triunfo electoral tuvo cuatro partes: una relatoría de resultados; una alerta sobre campañas de desinformación; el ultimátum a Washington, y, finalmente, como divertimento, burlas a la derecha mexicana.

Morena llevó ayer, en el Monumento de la Revolución, a un nuevo nivel su pretensión de sintetizarse con la identidad mexicana, intento que al mismo tiempo niega patriotismo a otros partidos y hasta a ciudadanos.

Para la presidenta, ella y el régimen son hoy víctimas de un complot internacional que vive de, y explota la desinformación. En sus palabras: “desde hace algunos meses hemos sido objeto de una ofensiva mediática y de campañas millonarias en redes sociales”.

Sheinbaum acusó que detrás de esas campañas están sectores conservadores nacionales y extranjeros. Y sostuvo que el clímax de la supuesta embestida se dio a partir de la muerte, a mediados de abril, de dos agentes de la CIA en Chihuahua y, días después, de la solicitud de Estados Unidos para detener y extraditar a los 10 de Sinaloa.

Claudia, según sus palabras, ve una “desestabilización” orquestada para cambiar “la percepción de la realidad”. A partir del énfasis que dio en su mensaje, lo prioritario no es combatir a los narcopolíticos, sino lanzar a su gobierno a informar al pueblo de la injerencia.

Se suele decir que los gobiernos de ayer recurrían al expediente del patriotismo en la plaza pública tanto como puertas adentro cedían soberanía. López Obrador y Sheinbaum andaban en las mismas. El mensaje de ayer, sin embargo, podría hacerle aún más difícil la relación bilateral.

La presidenta tiene la obligación de defender la patria de agresiones. El mensaje dominical cumple parte de ese propósito. Ahora cabe esperar consecuencias. Y afrontarlas. Trump y su gabinete se darán por aludidos, incluyendo la sección en que Sheinbaum dijo que toca a Estados Unidos atender su problema de adicción.

Dos cuestiones reclamó textualmente la presidenta. Que se quiera usar a México de piñata en el marco de la elección legislativa estadounidense de fin de año, y que en el tema de seguridad se pretenda disfrazar como cooperación lo que es injerencia.

“No estás sola, no estás sola”, coreó la masa reunida al escuchar a la presidenta quejarse de la presunta campaña en su contra. Ella cerraría su celebración con un desafío que le fue respondido por los que se congregaron en la plaza de la República:

“–Por eso les pregunto, ¿quién decide en México, las agencias extranjeras o el pueblo…?

– ¡El pueblo!

– Quién decide en México, los grandes intereses económicos o el pueblo…

– ¡El pueblo!”.

La presidenta cumple dos años de haber sido electa en medio de alarmantes signos de debilidad económica y, a pesar del triunfalismo de sus cifras a la baja en homicidios, sin que se resuelvan o siquiera mejoren sustancialmente delitos como la desaparición o la extorsión.

Porque es incuestionable la tentación injerencista de Trump y su equipo, las palabras de ayer de Sheinbaum enardecerán sentimientos patrióticos. Pero son solo palabras; faltan los hechos para defender a la sociedad mexicana de políticos de su partido, y otros, que violan la ley o son socios de narcos.

El más duro de los discursos de Sheinbaum hasta la fecha cruzó ayer la frontera norte. Falta que la presidenta sea consecuente con esa defensa de la soberanía al sur del Bravo.

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