La feria

El cuatrienio

Qué debemos pensar si por boca de la presidenta sabemos que ella decidió que era una buena idea poner a un director, sin un día de experiencia en Pemex.

El 14 de mayo la presidenta Claudia Sheinbaum anunció cambios en la dirección de Pemex. La salida de Víctor Rodríguez era esperada e incluso cabría consignar que deseada. Si su llegada fue una rareza que nunca maduró para bien, su despido no necesariamente produjo alivio, y no me refiero a su relevo, sino a algo que comentó la mandataria al informar de su decisión.

En ese día, Sheinbaum reveló que desde el principio el acuerdo era que Víctor Rodríguez solo se quedara año y medio. No hay por qué dudar de la palabra de la presidenta, y por lo mismo, da pie a cuestionar su manera de decidir.

Que el martes Carlos Slim, por décadas el empresario más importante del país, haya dicho que el principal problema de México es Pemex puede ser todo menos una sorpresa para alguien medianamente informado, ya no digamos para quien fue candidata presidencial.

Qué debemos pensar si por boca de la presidenta sabemos que ella decidió que era una buena idea poner a un director, sin un día de experiencia en Pemex, en la empresa que es el principal reto (pongámonos optimistas) del país, que solo podía estar año y medio.

Rodríguez se sacó la lotería. Su CV creció exponencialmente. Hoy puede decir que estuvo adentro de la ballena y contar a sus nietos y a quien quiera oírle que es exdirector de Pemex. Será una verdad muy a medias, mas el verdadero problema está en otro lado: la presidenta tomó una decisión a todas luces fallida que le robó oportunidades a su gobierno, que le quitó, para empezar, mucho tiempo.

Sheinbaum apura preparativos para celebrar el segundo aniversario de su triunfo electoral y acelera, como se ha dicho en varios espacios incluido este, la reconformación de su equipo, proceso que podríamos decir que arrancó, más que con la salida de Ramírez de la O de Hacienda, al quitarle la UIF a Pablo Gómez.

Es como si estuviera decidida a iniciar por fin su gobierno, uno, empero, de cuatro años.

Ya se fueron De la Fuente y el embajador entenado en DC que a nadie importaba (justo en estos turbulentos tiempos trumpistas), Gertz y su agenda personalísima, y dicen que en semanas por fin cambian al del SAT; bueno, hasta Andy se acordó de que era tabasqueño y ya declara en la radio de Villahermosa que no prodigó antes su talento para no hacerle sombra a su apá. Ajá.

Cualquier presidente –salvo AMLO– pierde poder y control a partir del destape, que ocurriría a finales de 2029. Ya no vale mucho la pena andarse lamentando de que la presidenta no haya usado la transición para pensar en mejores perfiles, por ejemplo, para Pemex. Lo que sí es importante es que en el cuatrienio rabón que le queda no nos sorprenda con otro Víctormedijoquemeayudabasolo18meses.

Celebrará el domingo su segundo aniversario electoral, y en 90 días dará el informe de gobierno. Es decir, el tiempo para probar gente y ajustar, de corregir y relanzar el equipo, se agota. Y el equivocarse al mantener a alguien o traer a quien no debe, saldrá cada día más caro.

Se dice que en la política hay días que pasan como años y años que se van como si fueran días. Al convocar en la mañanera que iba a festejar el domingo su triunfo electoral, Sheinbaum subrayó: “Ya dos años, imagínense”. Sí, como si hubiera sido ayer, salvo por las oportunidades perdidas llamadas Víctor, Juan Ramón, Esteban, Estela, Ernestina… porque cómo es un gobierno que lleva tres consejeras jurídicas en 20 meses. Raro, para empezar, es raro.

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