La feria

Felicidades a Clara Brugada

Tiene un programa de centros comunitarios a los que llama Utopías... Y es incansable al organizar conciertos en el Zócalo.

Qué puede ser más importante para quien dedica cuerpo y alma a la política que convertirse en alfa y omega, en el yin y el yang, en el lucero de la mañana y la constelación estelar que guía la noche de una comunidad entera. Nada. Y eso lo ha logrado Clara Brugada.

La jefa de gobierno de la capital ha encontrado su sitio en la conversación nacional. Brugada no deja a nadie indiferente. La defienden unos, o la critican otros. Por buenas razones, juran ambos bandos. Y la verdad es que logró eso con muy poco, con tan poco.

Es lo peor que le ha pasado a la CDMX, se atreven a decir algunos. La verdad es que en el concurso chilango de “lo peor”, Mancera se esforzó harto por hacerse del primer lugar, y aun así habría que ir más atrás para ver si de verdad era menos peor, digamos, Ramón Aguirre.

Así que comencemos por bajarle dos rayitas.

Falta bastante para saber si realmente Clara es lo peor de la memoria reciente, eso sin contar que a Marcelo y Claudia se les cayó la línea 12, y a todos, desde Espinosa Villarreal hasta hoy, cualquiera les bloquea las calles y el ciudadano común y corriente que se joda (perdón por el francés).

Pero en honor a la verdad, el deterioro de la capital ni empezó en octubre de 2024 ni se ha detenido desde entonces, ni, en última instancia, es solo responsabilidad de la exalcaldesa de Iztapalapa.

Para no ir más lejos: en estos días que no sabemos quién anda queriendo enfermar cotidianamente al senador Adán Augusto López Hernández, sus cercanos lo han rescatado de los rumores hospitalarios poniendo videos suyos dizque haciendo ejercicio. Habría que pedirle a tan ilustre político tabasqueño que busque otra manera de desmentir a sus malquerientes, porque al menos en un video que circulaba ayer, la acera en que fatigaba su humanidad tiene tantos baches y desperfectos que el real peligro a la integridad (es un decir) de AA era ni más ni menos tropezar en esa banqueta: el estado del exDF es calamitoso incluso en los barrios de postín que luego se supone transitan personajes de la importancia del otrora primer hermano político de la nación.

Sí, porque nadie en el próximo mitin por el segundo aniversario del triunfo de Brugada en la ciudad va a portar pancartas de agradecimiento por un exitoso programa para baches en calles y recuperación de banquetas; en tan rumboso acto habrá que echar de menos igualmente las porras por un ambicioso programa de desazolve del drenaje o la sustancial renovación del sistema de abasto de agua; menos por cambios en la movilidad o una mejora del transporte público. Nadie le pidió una nueva línea del Metro así que no la hará.

Ella vendió otra cosa y en esa otra cosa está. Tiene un programa de centros comunitarios a los que llama Utopías y ya empezó a inaugurar algunos de los 100 que prometió. Y es incansable al organizar conciertos en el Zócalo o al inundar con dibujos de ajolotes.

Y con tan poco, es decir, con chorros de pintura y algunas tocadas, ya se hizo de algo fundamental para quien busca seguir creciendo en su carrera política.

Que si el Metro tiene luminarias de candiles dorados, que si con machuelos moraditos nos rescata del monstruoso gris… Es ya ineludible asociar a la capital con ella: todo es Clara en esta veleidosa urbe donde nada es peor que la intrascendencia, y donde solo El Peje nos polarizaba así. ¿Ring the bell?

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