Coordenadas

La sorpresa que dio Banxico

Banxico recortó su tasa a 6.25%, pese a los pronósticos de los analistas, y el peso resistió el ajuste, aunque la próxima decisión de la Fed será clave.

El Banco de México recortó ayer su tasa de referencia en 25 puntos base para dejarla en 6.25 por ciento, su nivel más bajo en más de cuatro años. La decisión, tomada por tres votos contra dos, contradijo a la mayoría de los analistas. En la Encuesta de Expectativas de Citi publicada el miércoles, 20 de los 36 participantes no anticipaban movimiento alguno en esta reunión y solo seis estimaban una baja en noviembre. En el papel, el movimiento parece contraintuitivo.

El diferencial de tasas con la Reserva Federal se comprimió a 225 puntos base, un mínimo histórico, justo cuando varios funcionarios de la Fed defienden volver a subir su tasa para contener la inflación estadounidense. Recortar en ese contexto implica ceder una parte del colchón que ha sostenido al peso a través del llamado carry trade, en una semana que ya venía movida por el resultado de las elecciones intermedias en Estados Unidos.

La reacción de los mercados, sin embargo, contó una historia distinta a la de los pronósticos. El dólar, hace algunos días, llegó a tocar 18.96 pesos, su nivel más alto desde agosto de 2025, pero el movimiento se moderó en cuestión de horas y el peso cerró con una depreciación cercana a 0.8 por ciento. Para una decisión supuestamente inesperada, el castigo fue acotado. Janneth Quiroz, de Monex, lo sintetizó al señalar que la reacción “acotada y transitoria” del tipo de cambio sugiere que el recorte estaba parcialmente descontado por el mercado. Los datos previos a la decisión apuntaban en la misma dirección.

La curva de swaps de TIIE descontaba en la víspera 13 de los 25 puntos base del recorte para esta reunión y 22 puntos hacia diciembre. Una encuesta de Finamex entre inversionistas mostraba que 55 por ciento esperaba la baja. Pero, dentro de la propia encuesta de Citi hubo un grupo nada despreciable —Bankaool, Barclays, Bradesco BBI, Finamex, Itaú BBA y UBS— que pronosticó el recorte, apoyado en las señales de “ajustes finos” que habían dejado ver tres integrantes de la Junta de Gobierno. Dicho de otro modo, la sorpresa fue mayor entre los economistas que entre los operadores.

Banxico no se movió contra el mercado, se movió contra la mediana de los pronósticos. Y ayer, al menos, el banco central pareció calibrar mejor el pulso de los mercados que la mayoría de los analistas. El argumento oficial es conocido. La desinflación continúa, no se perciben presiones de demanda, la holgura de la economía limitaría el traspaso de los movimientos cambiarios a los precios y la restricción

monetaria sigue operando. La Junta elevó su pronóstico de inflación para el cierre de 2026, de 3.5 a 3.7 por ciento, pero mantuvo la convergencia a la meta de 3 por ciento en el último trimestre de 2027. La novedad relevante fue la guía. La tasa se quedará en 6.25 por ciento “por un tiempo prolongado”, lo que convierte este movimiento en un ajuste final con candado y no en el inicio de un nuevo ciclo. Las objeciones no son menores.

Por ejemplo, Banamex considera que no había condiciones suficientes y que los beneficios del recorte son marginales frente a los riesgos de volatilidad y de credibilidad. Gabriela Siller, de Banco Base, advierte que las posiciones de carry trade se deshacen de manera gradual y que, si la Fed sube su tasa en diciembre, el tipo de cambio podría superar los 19 pesos. Oxford Economics lee la decisión como la confirmación de que Banxico está dispuesto a desvincularse de la Fed aun a costa de presiones sobre el peso. Dentro de la propia Junta, Jonathan Heath y Galia Borja votaron por mantener la tasa en 6.50 por ciento. La significación de la respuesta cambiaria está justamente ahí.

El mercado no avaló la decisión con entusiasmo, pero tampoco la castigó con severidad. Le concedió a Banxico el beneficio de la duda, sustentado en que, según el propio banco, la restricción monetaria sigue operando y en que la promesa de estabilidad prolongada acota el riesgo de recortes adicionales. Ayer por la tarde nuestra moneda cotizaba en 18.74, apenas una depreciaciónde 0.6 por ciento respecto a la noche anterior.

El antecedente pesa, porque en septiembre el peso llegó a depreciarse hasta 6 por ciento en el mes, al calor de ese mismo diferencial. Sin embargo, ese crédito otorgado al Banxico tiene fecha de revisión. En diciembre, la Fed y Banxico tomarán sus últimas decisiones del año. Si la Reserva Federal sube mientras Banxico se queda quieto, el diferencial volverá a comprimirse y el peso eventualmente lo resentirá.

Las minutas, en dos semanas, y el próximo Informe Trimestral dirán qué tan sólido es el consenso interno detrás de la guía, sobre todo cuando bancos como Barclays todavía anticipan una baja adicional, hasta 6 por ciento, a inicios de 2027. Por lo pronto, la lección de ayer es que conviene distinguir entre lo que esperan los analistas y lo que descuentan los mercados. Banxico apostó por lo segundo y, en la primera jornada, la apuesta le salió razonablemente bien. Sostenerla cuando la Fed mueva ficha será la verdadera prueba.

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