Coordenadas

Mejora el ingreso de los trabajadores, falta la inversión

La respuesta no está en frenar los salarios ni en restaurar los viejos márgenes empresariales. Está en hacer rentable invertir: certidumbre jurídica, electricidad suficiente, infraestructura, financiamiento y una relación comercial estable con Estados Unidos.

Desde el 2018, los trabajadores mexicanos están recibiendo una porción mayor del pastel que representa al PIB. El problema es que el país está destinando una porción menor a hacer crecer el pastel de mañana, es decir, a la inversión.

Esa es quizá la lectura más relevante del reporte del PIB por el método del ingreso y del gasto que el INEGI publicó el viernes.

Vistas en conjunto, las cifras presentadas cuentan una historia en dos actos: cómo se reparte lo que produce México y qué hacemos con esos recursos.

Vamos al primer acto, el ingreso.

En el primer trimestre, la remuneración de los asalariados representó 30.8 por ciento del PIB, frente a 29.1 por ciento del mismo periodo del año anterior. En contraste, el excedente bruto de operación, la aproximación de las cuentas nacionales al ingreso generado por el capital y las empresas, bajó de 41.0 a 39.4 por ciento.

La diferencia es todavía más clara en pesos corrientes. La masa salarial aumentó 9.4 por ciento nominal mientras el excedente cayó 0.9 por ciento, en una economía cuyo PIB nominal creció 3.4 por ciento.

Lo ocurrido en los últimos 12 meses no es un fenómeno nuevo.

Desde un nivel de 26.7 por ciento del PIB al cierre de 2018, uno de los más bajos de la OCDE, la participación de los asalariados ha ganado alrededor de cuatro puntos. El salario mínimo acumuló un incremento nominal de 215 por ciento entre 2018 y 2025 y aumentó otro 13 por ciento este año. También influyeron la desaparición del outsourcing y un mercado laboral que durante varios años permaneció apretado.

El excedente empresarial hizo el recorrido inverso. Rondaba 44 por ciento del PIB en 2018 y hoy está por debajo de 40 por ciento.

Hasta allí, una historia distributiva que tiene razones para celebrarse.

Pero falta el segundo acto: la inversión.

En el primer trimestre de este año, el consumo final, sostenido entre otros factores por el crecimiento de la masa salarial, representó 81.5 por ciento del PIB. En contraste, la formación bruta de capital fijo cayó 3.3 por ciento nominal y su participación descendió de 22.7 a 21.2 por ciento del producto en apenas un año.

No puede afirmarse que la reducción del excedente empresarial haya provocado por sí misma la caída de la inversión. Las empresas deciden invertir considerando también las expectativas de crecimiento, el costo del financiamiento, la disponibilidad de energía, la seguridad y la certidumbre jurídica.

Pero tampoco puede ignorarse que las utilidades constituyen una fuente relevante para financiar la expansión de las empresas. Y el crédito no llena fácilmente el hueco. En el segundo trimestre de este año, 60.9 por ciento de las empresas consultadas por Banxico utilizó financiamiento de proveedores y sólo 24.5 por ciento crédito de la banca comercial.

La inversión extranjera ofrece otra pista. En 2025 México recibió una cifra récord de 40 mil 871 millones de dólares, pero 67.7 por ciento provino de reinversión de utilidades de empresas que ya estaban aquí. En el primer semestre de este año esa proporción llegó a cerca de 89 por ciento.

Es decir, incluso una parte considerable de la inversión extranjera depende de las ganancias generadas previamente en México.

Dicho en corto: estamos fortaleciendo la economía del presente sin haber fortalecido todavía la economía del futuro.

Y aquí aparece la pieza que conecta ambas: la productividad.

La recuperación salarial era indispensable después de décadas de rezago y probablemente sea uno de los legados económicos más importantes de la 4T.

El problema no es que los salarios hayan ganado participación en el ingreso.

El problema es que la inversión y la productividad no han crecido al mismo ritmo.

Sin inversión no aumenta suficientemente la capacidad productiva; sin productividad, los salarios difícilmente pueden seguir creciendo durante muchos años por encima de lo que produce cada trabajador.

A eso hay que agregar la incertidumbre por la revisión del T-MEC y las dudas sobre el estado de derecho, que explican que numerosos proyectos permanezcan en espera.

Si el gobierno quiere hacer sostenible la redistribución, la respuesta no está en frenar los salarios ni en restaurar los viejos márgenes empresariales. Está en hacer rentable invertir: certidumbre jurídica, electricidad suficiente, infraestructura, financiamiento y una relación comercial estable con Estados Unidos.

México ya avanzó en repartir mejor el pastel.

Ahora necesita urgentemente volver a hacerlo crecer.

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