Coordenadas

La obra pública encendió motores… y cambió de vehículo

El IMSS casi quintuplicó su inversión en hospitales y equipamiento, y el ISSSTE la multiplicó por más de seis.

Entre los datos del reporte de finanzas públicas a julio que Hacienda publicó el viernes pasado, hay uno que merece atención: la inversión física del sector público creció 62.6 por ciento real anual en el mes.

No es un accidente estadístico. En junio ya había aumentado 56.2 por ciento. Dos meses consecutivos con alzas superiores a 55 por ciento real contrastan con la sequía con la que arrancó el año.

Las cifras acumuladas cuentan mejor la historia. A abril, la inversión física caía 18.4 por ciento real y a mayo, 17.3 por ciento. Pero sólo en junio y julio se ejercieron 154 mil millones de pesos, la tercera parte de todo lo invertido en el año, y la caída acumulada se redujo a apenas 1.2 por ciento.


En un bimestre prácticamente se revirtió medio año de sequía.

Pero lo más interesante no es solamente cuánto se está invirtiendo, sino quién ejerce los recursos y en qué.

La inversión de Pemex cae 21.3 por ciento en el año; la ejecutada directamente por el gobierno federal, 42.4 por ciento, y la de comunicaciones y transportes acumulaba al semestre un retroceso de 42.5 por ciento.

En contraste, la inversión indirecta, es decir, la que la Federación transfiere a estados, organismos y fideicomisos para que otros la ejerzan, creció 21.4 por ciento y ya representa 55 de cada 100 pesos invertidos, contra 45 hace un año.

No sólo despertó la inversión pública. También está cambiando quién ejerce el dinero y hacia dónde se dirige.

El IMSS casi quintuplicó su inversión en hospitales y equipamiento, y el ISSSTE la multiplicó por más de seis. En julio, el ramo de infraestructura y transportes creció 247.7 por ciento, mientras el gasto en vivienda pasó de 335 millones a 5 mil 487 millones de pesos.

Los datos sugieren así una recomposición: menor peso de la inversión directa, particularmente la de Pemex, y mayor presencia de infraestructura social y recursos ejercidos indirectamente.

Vivienda, hospitales y otra infraestructura social tienen, además, efectos relativamente rápidos sobre el empleo y la actividad económica local.

La pregunta es si estamos ante el comienzo de un nuevo impulso o simplemente ante la puesta al corriente del gasto que no se ejerció oportunamente.

Hacienda reconoció en su informe del segundo trimestre un “rezago en la ejecución presupuestaria” que comenzó a revertirse en junio.

Y la aritmética sigue siendo exigente. El presupuesto aprobó para 2026 una inversión física de 961 mil millones de pesos, un estimado de 10 por ciento más en términos reales que lo ejercido en 2025. Cumplir esa meta implicaría gastar de agosto a diciembre 12 por ciento más que durante los primeros siete meses juntos.

O el ritmo observado en junio y julio tiene continuidad o la inversión física del sector público no podrá alcanzar la meta fijada para este año.

El Paquete Económico 2027, que se entrega el 8 de septiembre, dará las primeras pistas.

No es un asunto menor. La inversión fija bruta acumulaba a mayo una caída de 0.5 por ciento y la privada apenas crecía 0.2 por ciento anual. Con varias fuentes de crecimiento todavía débiles, la obra pública se ha convertido en una de las pocas palancas internas que están encendidas.

Utilidades flacas, consumo firme

El mismo reporte de Hacienda ofrece otra radiografía interesante de la economía, esta vez desde el espejo tributario.

El ISR cae 6 por ciento real en el año. Una explicación relevante está en los menores coeficientes de utilidad de las personas morales: los pagos provisionales de 2026 se calculan con base en la proporción de utilidad del ejercicio anterior y 2025 fue un año de márgenes comprimidos. Las retenciones por sueldos y salarios, en cambio, siguen creciendo.

El contraste lo ofrece el IVA, que aumenta 9.9 por ciento real, su mejor enero-julio desde 2021. Allí se combinan un consumo que resiste, una fiscalización más intensa y el dinamismo de las importaciones.

Los datos de la Agencia Nacional de Aduanas muestran que en julio la recaudación aduanera creció 5.4 por ciento real anual, hasta 131 mil 616 millones de pesos.

Las dos señales fiscales cuentan una historia consistente: empresas que todavía enfrentan márgenes estrechos, pero una demanda que no termina de ceder.

Por eso importa tanto saber si el despertar de la inversión pública llegó para quedarse.

Junio y julio demostraron que el gobierno puede acelerar el gasto. El Paquete Económico 2027 empezará a decirnos si encendió un nuevo motor o simplemente gastó parte de lo que había dejado pendiente.

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