Coordenadas

Estimado embajador Greer:

El origen del desequilibrio no está en México, embajador; está en la economía de Estados Unidos.

Leí con atención el comunicado que emitió usted el pasado 1 de julio, tras la reunión virtual de la Comisión de Libre Comercio del T-MEC. En él afirma que Estados Unidos no aceptó extender el Tratado en su forma actual hasta 2042, y que seguirá dialogando con México y Canadá para atender “las deficiencias del acuerdo y nuestros déficits comerciales con estos países”.

Como el déficit es el corazón de su argumento —un alto funcionario de su gobierno que habló con la prensa ese día dijo que el T-MEC “no operó para controlar el déficit como el presidente pretendía”—, permítame compartirle algunos números que quizá sus asesores no le han subrayado. Todos provienen de la Oficina del Censo y del Bureau of Economic Analysis (BEA). Es decir, de su propio gobierno.

Las medidas de la administración del presidente Trump sí han tenido efecto. Las exportaciones mexicanas de vehículos a Estados Unidos, castigadas con un arancel de 25 por ciento bajo la Sección 232, acumularon una caída de 22.3 por ciento anual en el primer trimestre de 2026, según cifras del Departamento de Comercio.

El acero y el aluminio, con tarifas de 50 por ciento, registran contracciones todavía más severas, al grado de que la industria siderúrgica mexicana trabaja hoy a cerca de la mitad de su capacidad.

Es decir, los sectores que su gobierno quiso frenar, se frenaron. Y son, por cierto, los que más contenido regional y más empleo integran en América del Norte.

Y sin embargo, los datos publicados el martes por el Censo y el BEA indican que el déficit comercial de Estados Unidos con México fue de 20 mil 100 millones de dólares en mayo, 5 mil 300 millones más que en abril: las importaciones desde México subieron mientras las exportaciones hacia México cayeron. En 2025, el desequilibrio cerró en cerca de 197 mil millones, un máximo histórico.

¿Cómo se explica este comportamiento? Por el equipo de cómputo.

Las exportaciones mexicanas de la partida 8471 —máquinas de procesamiento de datos, servidores— crecieron 61 por ciento anual en el primer trimestre. El capítulo 84 ya desplazó al automotriz como el principal rubro de compras de su país en México, con cerca de 30 por ciento del total.

Y como 97 por ciento de esos envíos cumple las reglas de origen del T-MEC, paga un arancel efectivo de prácticamente cero. México, le recuerdo, se mantiene como el principal proveedor de Estados Unidos, con una cuota superior a 16 por ciento de sus importaciones.

El origen del desequilibrio no está en México, embajador; está en la economía de Estados Unidos.

El propio reporte del martes muestra que las importaciones estadounidenses de bienes de capital alcanzaron un récord de 128 mil millones de dólares en mayo, empujadas por el auge de inversión en inteligencia artificial y en centros de datos. Ese boom se construye con hardware importado... o no se construye.

Por eso los mayores déficits bilaterales de mayo fueron con Vietnam (20 mil 600 millones de dólares), México (20 mil 100 millones) y Taiwán (19 mil 400 millones): precisamente los tres grandes proveedores de los equipos que demanda la expansión de la IA. El déficit con México no mide nuestras supuestas trampas; mide el apetito de cómputo de la economía estadounidense.

Y un dato incómodo: ni Taiwán ni Vietnam tienen tratado de libre comercio con su país, y sus déficits igualan o superan al mexicano. Si el T-MEC fuera la causa del desequilibrio, ¿cómo explica usted los otros dos?

En el primer trimestre del año, el déficit con México sumó 44 mil 761 millones de dólares, alrededor de 21 por ciento del total estadounidense, y aun así quedó en tercer lugar, detrás de los de Taiwán y Vietnam. ¿Ha logrado su país reducir esos dos déficits a punta de aranceles? No. Tampoco lo logrará con México.

Mientras las empresas estadounidenses sigan construyendo centros de datos al ritmo actual, el déficit con México no va a bajar. Podrá usted castigar autos, acero y aluminio —destruyendo empleos en ambos lados de la frontera— y el saldo seguirá creciendo, porque responde a la demanda de su propia economía.

En la tercera ronda de negociaciones bilaterales, prevista para la semana del 20 de julio, valdría la pena que el déficit dejara de ser el termómetro del éxito del Tratado.

Es un indicador que usted no controla y que, paradójicamente, refleja la fortaleza de la inversión de su país. Medir el T-MEC con la vara del déficit es condenarse a declararlo fracasado incluso cuando funciona muy bien... y a prolongar, con revisiones anuales hasta 2036, una incertidumbre que tampoco le conviene a la economía estadounidense.

Los datos que le comparto, embajador, son de su propio gobierno. Solo falta que las conclusiones también lo sean.

Atentamente...

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