Ayer, el INEGI dio a conocer el Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo correspondiente a abril y la noticia es que la inversión, por fin, despertó.
Con cifras desestacionalizadas, creció 4.0 por ciento respecto a marzo y 5.1 por ciento a tasa anual. Con las cifras originales, el avance anual fue de 5.9 por ciento.
Para dimensionar la sorpresa, hay que recordar de dónde venimos: hasta marzo, la inversión acumulaba 19 meses consecutivos de caídas a tasa anual, una racha que ya superaba en duración a las contracciones de las crisis de 1995 y 2009.
Por eso el dato de abril importa. Pero, antes de celebrar, conviene ver los niveles absolutos de inversión que tenemos y no solamente las tasas de crecimiento.
El índice de inversión se ubicó en abril en 107.4 puntos, con base 2018=100. Es decir, tras el brinco, el país invierte apenas 7.4 por ciento más que el promedio de hace ocho años. Y el nivel todavía se encuentra por debajo del máximo alcanzado en julio de 2024.
Además, el acumulado enero-abril sigue en terreno negativo: -1.0 por ciento frente al mismo lapso de 2025. Y la inversión privada, que representa cerca de 90 por ciento del total, arrastra una caída de 2.2 por ciento en lo que va del año.
Un mes extraordinario, por sí solo, no borra casi dos años de deterioro.
Pero lo positivo es que parece haber un cambio de tendencia.
Tres motores explican el dato de abril.
El primero es la construcción, que subió 6.5 por ciento mensual y 8.8 por ciento anual. En su interior, la vivienda voló: la construcción residencial creció 12.4 por ciento en el mes y 16.7 por ciento a tasa anual, empujada por los programas públicos de vivienda y la reactivación de la edificación.
El segundo es la obra pública. La inversión de origen público creció 7.5 por ciento anual en abril y acumula un alza de 7.0 por ciento en el año. No es casualidad: el Presupuesto 2026 contempla inversión física por 3.2 por ciento del PIB, un aumento real de 21 por ciento respecto a 2025, de acuerdo con cálculos del CIEP, con las obras asociadas al Mundial, los trenes de pasajeros y el programa carretero en plena ejecución.
Un lector acucioso objetará que Hacienda reporta una caída de 18.4 por ciento anual en la inversión física presupuestaria a abril. No hay contradicción: son mediciones distintas. El informe de Hacienda registra los desembolsos de caja del sector público federal, con su calendario de pagos, mientras que el INEGI mide el volumen físico de la obra ejecutada por todos los órdenes de gobierno, valuado en términos reales. Los pagos suelen rezagarse respecto al avance de la obra.
El tercero es la maquinaria y equipo de origen importado, que avanzó 8.8 por ciento anual, favorecido por la fortaleza del peso.
El contraste está en la maquinaria y equipo de origen nacional: cayó 10.6 por ciento a tasa anual y acumula un descenso de 11.0 por ciento en el año. Es decir, la demanda por los bienes de capital producidos en México sigue a la baja.
Otro foco amarillo: la construcción no residencial —naves industriales, oficinas, comercios— apenas creció 0.1 por ciento mensual y 1.1 por ciento anual, señal de que la edificación empresarial sigue prácticamente plana.
Dicho de otro modo: el repunte tiene sello público y residencial. La inversión productiva privada, la que amplía plantas, compra maquinaria y genera empleos de calidad, sigue en la sala de espera, con la excepción de la importación de maquinaria.
¿Y qué espera? Fundamentalmente, certidumbre. La que debe venir de señales asociadas con las rondas negociadoras del T-MEC, así como la que proviene de los aún inciertos efectos de las reformas internas.
¿Es sustentable el comportamiento de la inversión?
Puede serlo, pero la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC), por su parte, ha señalado que el principal reto será ejecutar la inversión de manera eficiente y oportuna. Presupuestar no es lo mismo que ejercer, y la historia reciente está llena de subejercicios.
También son un reto los nuevos esquemas de inversión mixta, sobre todo en el sector energético. Hay buenas señales en el sector eléctrico, pero aún tienen que probarse en su ejecución.
Si el gasto público en infraestructura se realiza conforme al calendario y logramos señales de que EU no amenace con más aranceles, la inversión podría hilar varios meses en terreno positivo y dejar de restarle al crecimiento, que el consenso de los analistas ubica en apenas 1.2 por ciento para 2026.
El dato de abril es, probablemente, una de las mejores noticias económicas en meses. Pero una golondrina no hace verano: para que la recuperación sea durable, se requiere que el sector privado regrese a invertir.
Por ahora, celebremos con mesura: la inversión dejó de caer. Veremos si el repunte que se ha dibujado es sólido o efímero.