Eran las 9 de la mañana de ayer, tiempo de México, cuando comenzó la primera reunión trilateral de la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Los tres jefes de la negociación, Jamieson Greer, de Estados Unidos; Dominic LeBlanc, de Canadá, y Marcelo Ebrard, de México, habían acordado previamente el formato.
En una primera ronda, cada uno presentó la tesis de su país durante un minuto. Siguió una ronda de argumentación de cinco minutos por participante, otra de réplicas por el mismo lapso y un cierre de conclusiones de unos tres minutos.
Y eso fue todo.
En realidad, nadie que estuviera informado de la dinámica de las negociaciones esperaba algo más. Pero lo que ocurrió ayer indica lo que va a seguir: revisiones anuales, casi seguramente durante toda la permanencia de Trump en la Casa Blanca.
Poco después de terminar el encuentro empezaron a circular los comunicados. El más relevante, por lo que significa, es el de Estados Unidos.
El texto es una muestra nítida de cómo se está fraguando la revisión. Los negociadores norteamericanos deben satisfacer las exigencias de la Casa Blanca y, al mismo tiempo, calmar a los amplios sectores del empresariado estadounidense preocupados por el futuro del Tratado.
Hay una frase que claramente es para el consumo de Trump: “Estados Unidos no aceptó renovar el T-MEC en su forma actual. Como resultado, el T-MEC no se renueva”.
Listo: quedaron definidas las frases que usarán los republicanos en las campañas rumbo a las elecciones intermedias de noviembre.
Lo que sigue en el mismo comunicado ya no es para el consumo político, sino para los empresarios y los mercados: “Estados Unidos continuará colaborando con México y Canadá para abordar las deficiencias del Tratado y nuestros déficits comerciales con estos países. Sin embargo, el Tratado permanece en vigor en espera de la resolución de estos asuntos o hasta su terminación”, que conforme al artículo 34.7 ocurriría en 2036.
Es decir, el texto le da justificación al discurso de Trump, pero manda la señal de que se seguirá negociando y de que, por lo pronto, el T-MEC sigue sin cambios.
Ebrard lo confirmó: se toma la ruta de las revisiones anuales y el Tratado continúa vigente, en principio, hasta 2036. Ningún país ha notificado su intención de retirarse, algo que exigiría un preaviso de seis meses.
La estrategia mexicana ha sido conseguir que el trato arancelario para México sea el mejor entre todos los posibles y, sobre todo, que esa condición se prolongue hacia el futuro.
Pero, cuidado, eso no significa que tengamos certezas para los próximos meses o años. Al revés. El gobierno de Trump le ha inyectado un ingrediente de incertidumbre permanente a toda la región, y un alto funcionario de la Casa Blanca recordó ayer que el presidente “se reserva el derecho” de retirarse del acuerdo.
Hay, sin embargo, algo que quizá no se ha subrayado lo suficiente: México tiene un atenuante de primer orden.
El crecimiento reciente de la economía norteamericana descansa, en buena medida, en los ecosistemas empresariales de la inteligencia artificial. Y, en ese terreno, los dos principales proveedores externos de Estados Unidos son Taiwán y México.
En 2025, México exportó servidores o componentes de ellos por cerca de 80 mil millones de dólares, apenas por debajo de los 86 mil millones de Taiwán, según estimaciones del CSIS.
El equipo de cómputo desplazó a los vehículos como principal producto de exportación mexicano, con 85.4 mil millones de dólares, un salto de 145 por ciento en un solo año.
El gobierno norteamericano podría mantener aranceles en el ámbito automotriz o siderúrgico, por la ideología de Trump, que quiere recuperar plantas y empleos. Pero no puede bloquear la exportación de equipo electrónico desde México, que está sustituyendo al que provenía de China.
No es casual que, al ajustar en abril el alcance de la sección 232, Washington excluyera explícitamente las tarjetas con GPU y los racks de servidores.
Trump tiene las manos atadas para imponer sanciones o restricciones en sectores que son estratégicos para su propia economía.
Sobre esa base hay que evaluar el esquema de revisiones anuales. Es claro que va a aportar una dosis recurrente de incertidumbre.
Pero, fuera de los sectores golpeados por la sección 232 y los aranceles derivados de ella, es probable que tengamos una circunstancia que permita el crecimiento sistemático de las exportaciones mexicanas.