Las elecciones de Israel terminaron este martes sin un ganador claro, según sondeos a boca de urna, lo que probablemente dará paso a semanas de maniobras antes de que se declare a un primer ministro o se programe otra ronda de elecciones.
Un resultado inconcluso dejaría a Israel en un limbo político tras las primeras elecciones del país desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. La votación sirvió como un referendo sobre el liderazgo de guerra del primer ministro Benjamin Netanyahu.
Los sondeos difundidos por las principales cadenas de televisión israelíes sugieren que ni el bloque político de Netanyahu ni el de su principal rival, el exjefe militar Gadi Eisenkot, aseguraron los 61 escaños necesarios para una mayoría parlamentaria.
Esos sondeos indicaron que el bloque de Netanyahu ganó 50 escaños, la oposición ganó 52-53 y los partidos árabes ganaron 17-18. La fuerte actuación de los partidos liderados por árabes podría permitirles decidir al próximo primer ministro, pero ambos bloques hasta ahora se han negado a asociarse con ellos.
Como todas las encuestas, los sondeos a boca de urna están sujetos a posibles errores. Se esperan resultados preliminares en las próximas horas y finales en los próximos días y podrían variar respecto de los sondeos a boca de urna.
Elecciones en medio de guerras sin resolver
La elección crucial llega mientras Israel lidia con guerras sin resolver, un duelo persistente y la ira por el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, y profundas divisiones sobre su líder con más tiempo en el cargo.
Netanyahu, que votó poco después del mediodía, enfrenta a una serie de partidos que buscan sacarlo del poder, encabezados por Eisenkot.
Más del 74% de los votantes elegibles habían emitido su voto para las 8 p.m., la participación más alta a esa hora en décadas, y 8 puntos porcentuales más alta que en las últimas elecciones en 2022, según el Comité Central de Elecciones.
La contienda es vista como un referendo sobre los casi ininterrumpidos 17 años de gobierno de Netanyahu, que ya ha dejado a los israelíes amargamente divididos en diversos temas incluso antes del ataque más mortífero de su historia.
Las guerras resultantes en Gaza, Líbano e Irán, junto con la violencia de colonos israelíes en Cisjordania, han avivado la indignación mundial, tensando los lazos con los aliados de Israel y alimentando un aumento del antisemitismo.
Entre los israelíes, las elecciones son vistas como una lucha por el carácter del Estado, enfrentando a Netanyahu y sus aliados ultranacionalistas y religiosos contra quienes buscan preservar sus cimientos liberales y seculares.
Más de 7 millones de personas podían votar, y según reportes, decenas de miles han llegado desde el extranjero.



