Han pasado seis años desde que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) sustituyó oficialmente al TLCAN y redefinió las reglas del comercio en América del Norte.
Ahora, el acuerdo enfrenta su primera gran prueba: una revisión conjunta prevista desde su creación y que podría determinar el rumbo económico de la región durante las próximas décadas.
La reunión que inicia este 1 de julio no significa que el tratado expire ni que deba renegociarse por completo. Sin embargo, sí abre un proceso político y técnico en el que los tres gobiernos evaluarán si el acuerdo continúa respondiendo a sus intereses económicos y estratégicos o si requiere ajustes antes de extender su vigencia.
El contexto, sin embargo, ha cambiado de forma significativa desde la primera vez que el T-MEC fue firmado, el 30 de noviembre de 2018 durante la Cumbre del G20 en Buenos Aires.
Hoy en día, la administración del presidente estadounidense Donald Trump ha endurecido su política comercial con la imposición de aranceles y ha colocado temas como la migración, la seguridad y el combate al narcotráfico dentro de la discusión comercial.
Mientras tanto, México y Canadá han reiterado públicamente que consideran al tratado uno de los pilares de la competitividad de Norteamérica y han manifestado su intención de extenderlo por otros 16 años.
En este contexto, en Nación321, te contamos por qué se realiza esta evaluación, qué tan importante es el tratado para las tres economías, así como qué tan reales son las amenazas de Donald Trump de ponerle fin.
NO ES UNA RENOVACIÓN; ASÍ FUNCIONA LA PRIMERA REVISIÓN DEL T-MEC
Aunque en los últimos días se ha hablado de una “renovación” del T-MEC, legalmente el proceso que inicia este 1 de julio corresponde a la primera revisión conjunta contemplada en el Artículo 34.7 del propio tratado.
La cláusula establece que el acuerdo tendrá una vigencia inicial de 16 años, pero obliga a los tres gobiernos a reunirse cada seis años para evaluar su funcionamiento y definir si desean extenderlo automáticamente por otro periodo de 16 años.
Es decir, el tratado no termina este año ni necesita volver a negociarse desde cero, sino que entra en un mecanismo de evaluación previamente pactado por México, Estados Unidos y Canadá.
Durante esta revisión, cada país debe comunicar formalmente, a través de su jefe de Gobierno, si desea continuar con el tratado. Si los tres expresan su respaldo, la vigencia se ampliará automáticamente hasta 2042 y la siguiente revisión se realizará en 2032.
En cambio, si alguno de los socios decide no respaldar esa extensión, el tratado no desaparece de inmediato. Lo que ocurre es que se activa un periodo de revisiones obligatorias cada año hasta 2035.
En cualquiera de esas reuniones posteriores los tres países pueden alcanzar un acuerdo para extender nuevamente el tratado por otros 16 años. Si nunca existe consenso, entonces el T-MEC concluiría el 1 de julio de 2036.
MÉXICO, ESTADOS UNIDOS Y CANADÁ LLEGAN CON POSTURAS DISTINTAS
Aunque los tres gobiernos coinciden en que el T-MEC seguirá siendo el eje de la integración económica de Norteamérica, cada uno llega a la revisión con prioridades muy diferentes.
México apuesta por extender el tratado
El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido que la prioridad es mantener vigente el acuerdo comercial y dar certidumbre a las inversiones instaladas en la región.
Tan sólo este martes 30 de junio, la mandataria confirmó que México ya firmó la carta mediante la cual expresa formalmente su intención de extender el T-MEC por otros 16 años.
“Yo firmé cuál es la posición de México: que se amplía otros 16 años”, explicó durante su conferencia matutina.
La presidenta también aclaró que, si no existe consenso entre los tres países, comenzará un proceso formal de revisión y no una renegociación inmediata.
“Si no deciden ampliar por 16 años, entonces viene un proceso de revisión formal y en ese proceso ya se ve si hay algunas adecuaciones que deben hacerse al actual tratado”, señaló.
Por su parte, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, también ha reiterado que la posición mexicana consiste en preservar el libre comercio regional, eliminar los aranceles impuestos recientemente por Washington y extender la vigencia del tratado, al considerar que ha generado estabilidad para la inversión y el crecimiento económico.
Estados Unidos quiere un acuerdo más estricto
Aunque Donald Trump fue quien impulsó y firmó el T-MEC durante su primer mandato, en los últimos meses ha cuestionado públicamente la conveniencia de mantener el acuerdo bajo sus reglas actuales.
El pasado 10 de junio afirmó que su administración no buscaba simplemente renovar el tratado.
“No sé si lo voy a renovar porque, para ser sincero con ustedes, a Estados Unidos le va mucho mejor. No necesitamos nada de lo que tiene Canadá, no necesitamos nada de lo que tiene México”, declaró.
Más recientemente, durante un recorrido por una planta de Ford en Michigan, volvió a sostener que el T-MEC es “irrelevante” para la economía estadounidense y defendió una política comercial basada en mayores aranceles y en el regreso de la manufactura al territorio estadounidense.
Sin embargo, funcionarios de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), encabezada por Jamieson Greer, han dejado claro que Washington no pretende abandonar el acuerdo, sino endurecerlo.
Entre los principales objetivos estadounidenses destacan aumentar el contenido regional obligatorio para la industria automotriz, exigir una mayor proporción de componentes fabricados específicamente en Estados Unidos, reforzar la trazabilidad del acero y el aluminio y limitar que productos asiáticos, especialmente chinos, ingresen al mercado estadounidense utilizando a México como plataforma de exportación.
Washington también ha incorporado a la discusión temas relacionados con seguridad, migración y combate al narcotráfico, ampliando el alcance político de la revisión más allá del comercio tradicional.
Canadá busca preservar el acuerdo
Por su parte, el primer ministro de Canadá, Mark Carney ha insistido en que el tratado sigue siendo fundamental para la economía norteamericana, aunque reconoce que existen diferencias importantes con Estados Unidos por los aranceles al acero, aluminio, madera y automóviles.
En ese contexto, el ministro canadiense de Comercio, Dominic LeBlanc, envió una carta a Washington y a la Ciudad de México solicitando formalmente extender el T-MEC por otros 16 años.
“El acuerdo es sumamente beneficioso para cada uno de nuestros países y para la economía norteamericana integrada”, escribió el funcionario.
LeBlanc reconoció que tanto México como Estados Unidos pueden proponer cambios durante la revisión, pero sostuvo que la prioridad debe ser mantener vigente un acuerdo que regula intercambios comerciales por alrededor de 1.3 billones de dólares anuales entre los tres países.
Carney también ha dejado claro que Canadá insistirá en eliminar los aranceles impuestos por Washington como parte de cualquier negociación futura.
¿CÓMO EL T-MEC MUEVE LA ECONOMÍA DE NORTEAMÉRICA?
Desde que entró en vigor el 1 de julio de 2020, el tratado ha fortalecido la integración productiva de Norteamérica y ha permitido que cientos de industrias funcionen como una sola cadena de suministro.
En lugar de producir completamente un automóvil, un electrodoméstico o un dispositivo médico en un sólo país, las empresas fabrican componentes en México, Estados Unidos y Canadá antes de ensamblar el producto final.
Esa integración ha convertido al T-MEC en uno de los acuerdos comerciales más importantes del mundo.
Tan sólo durante 2025, el comercio entre México y Estados Unidos alcanzó 872 mil 834 millones de dólares, una cifra récord que consolidó a México como el principal socio comercial de Estados Unidos, por encima de China y Canadá.
En ese mismo periodo, México exportó bienes por 534 mil 874 millones de dólares, mientras que las importaciones provenientes de Estados Unidos sumaron 337 mil 960 millones de dólares, dejando un superávit comercial cercano a los 197 mil millones de dólares.
A nivel regional, el intercambio comercial entre los tres países alcanzó aproximadamente 1.1 billones de dólares al cumplirse cinco años de la entrada en vigor del tratado, un crecimiento cercano al 48% respecto al inicio del acuerdo.
En cuanto a la industria automotriz, por ejemplo, un vehículo ensamblado en México puede cruzar varias veces la frontera durante su proceso de fabricación, incorporando acero estadounidense, componentes electrónicos canadienses y autopartes producidas en distintas regiones del continente antes de llegar al consumidor final.
Lo mismo ocurre con industrias como la aeroespacial, dispositivos médicos, electrónica, maquinaria, alimentos, agroindustria, farmacéutica y manufactura avanzada, que dependen de cadenas de suministro regionales para mantener bajos costos y tiempos de producción.
Sin embargo, la administración de Donald Trump sostiene que algunas empresas asiáticas (principalmente chinas) han aprovechado a México como plataforma para ingresar al mercado estadounidense con menores costos y sin pagar determinados aranceles, lo que se conoce como ‘dumping manufacturero’.
¿DONALD TRUMP PUEDE CANCELAR EL T-MEC? ESTO DICE EL TRATADO
Las declaraciones de Donald Trump sobre una posible cancelación del T-MEC han generado incertidumbre, pero jurídicamente el proceso es mucho más complejo que una decisión unilateral del presidente estadounidense.
El tratado establece en su Artículo 34.7 que la reunión de este 1 de julio corresponde únicamente a una revisión conjunta del funcionamiento del acuerdo y no representa una votación para decidir si continúa o desaparece.
Si alguno de los tres países decide no respaldar una extensión inmediata del tratado, el acuerdo no deja de existir. En ese escenario se activa automáticamente un mecanismo de revisiones anuales que se extendería hasta 2035.
Durante cualquiera de esas reuniones, México, Estados Unidos y Canadá pueden alcanzar un consenso para ampliar nuevamente la vigencia del tratado por otros 16 años. Solamente si durante ese periodo nunca existe un acuerdo entre los tres gobiernos, el T-MEC concluiría el 1 de julio de 2036.
Además, el propio acuerdo contempla mecanismos para modificar su contenido sin esperar la revisión sexenal.
El Artículo 34.3 establece que el tratado puede modificarse mediante enmiendas acordadas por las tres partes, siempre por escrito y siguiendo los procedimientos legales internos de cada país.
Asimismo, el Capítulo 31 permite que cualquiera de los tres países solicite consultas cuando considere que alguna medida viola los compromisos comerciales. Si esas consultas fracasan, puede instalarse un panel internacional que emita una resolución vinculante y, en caso de incumplimiento, autorice represalias comerciales.
Este mecanismo ya ha sido utilizado en disputas relacionadas con energía, maíz transgénico, reglas de origen automotrices y temas laborales.
En Estados Unidos incluso existe un procedimiento interno previo a la revisión, la Oficina del Representante Comercial (USTR), que está obligada, por ley a realizar consultas públicas, presentar un informe al Congreso estadounidense y definir una postura oficial antes de la reunión, lo que explica por qué desde finales de 2025 comenzaron audiencias y negociaciones técnicas entre los tres gobiernos.
Eso significa que las amenazas políticas de Trump no bastan, por sí solas, para poner fin al tratado.
Lo que sí puede hacer Washington es utilizar la revisión como un instrumento de presión para renegociar temas considerados prioritarios, como las reglas de origen automotrices, el contenido regional de las manufacturas, la competencia frente a China, el acero y aluminio, así como otros asuntos vinculados con seguridad, migración o combate al narcotráfico.
De hecho, Reuters informó que la administración estadounidense podría optar por no expresar su respaldo inmediato a la extensión del tratado para mantener abiertas las negociaciones y aumentar su margen de presión durante los próximos años, sin que ello implique la desaparición automática del T-MEC.
UN PROCESO QUE DEFINIRÁ EL FUTURO DE NORTEAMÉRICA
La revisión que comienza este 1 de julio, difícilmente concluirá en un sólo encuentro, mientras México y Canadá buscan preservar el acuerdo, bajo su estructura actual, Estados Unidos pretende aprovechar la revisión para fortalecer su industria manufacturera, reducir la dependencia de insumos provenientes de Asia y endurecer las reglas del comercio regional.
El reto para los tres gobiernos será encontrar un equilibrio entre esas posiciones, de lograrlo, el T-MEC podría extender su vigencia hasta 2042 y brindar nuevamente certidumbre a inversionistas y empresas.
Si no existe consenso, el tratado seguirá vigente, pero entrará en un periodo de revisiones anuales que mantendrá la incertidumbre sobre el futuro económico de América del Norte durante la próxima década.




