Economía

La primera prueba del T-MEC: así llega México a la ronda preliminar de negociaciones

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El T-MEC.Aunque México, Estados Unidos y Canadá comenzarán oficialmente la revisión del Tratado el 1 de julio, este 25 de mayo arrancan las conversaciones entre los dos primeros países
(Especial Nación321)

La revisión conjunta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) comenzará formalmente el 1 de julio de 2026, aunque desde marzo los tres gobiernos iniciaron conversaciones técnicas, políticas y extraoficiales, para preparar el terreno de negociación.

Sin embargo, la primera ronda oficial bilateral entre México y Estados Unidos fue acordada para arrancar hoy, 25 de mayo, después de encuentros entre la presidenta Claudia Sheinbaum, el secretario de Economía Marcelo Ebrard y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer.

El proceso ocurre en un contexto marcado por tensiones comerciales, aranceles impulsados por Donald Trump, debates sobre seguridad, reglas de origen, cadenas de suministro y la presión política derivada de las elecciones estadounidenses.


Las discusiones también se desarrollan bajo la incertidumbre de si el acuerdo será extendido por 16 años adicionales o si entrará en un esquema de revisiones anuales hasta 2036.

En este contexto en Nación321, te contamos por qué se renovará el acuerdo y en qué posición se encuentra México frente al T-MEC. En ese contexto consultamos al abogado constitucionalista y analista político, Andrés García Repper.

¿POR QUÉ REALIZARÁ LA REVISIÓN DEL T-MEC?

El T-MEC se somete a una revisión cada seis años. Debido a que el tratado tiene una vigencia original de 16 años (2020-2036), los países acordaron realizar este proceso para evaluar su funcionamiento y decidir si se extiende su periodo de validez.

La revisión actual del T-MEC responde a la necesidad de redefinir aspectos estratégicos del comercio regional. Estados Unidos dejó claro que no pretende abandonar el acuerdo, sino renegociarlo de manera “rigurosa”.

Durante la Conferencia Anual del Consejo de las Américas en Washington, funcionarios de la Representación Comercial de Estados Unidos señalaron que el objetivo será endurecer las reglas de origen, elevar el contenido norteamericano en las manufacturas y limitar la “triangulación” de insumos asiáticos a través de México y Canadá.

Jeffrey Goettman, subrepresentante comercial de la Casa Blanca, sostuvo que Washington considera que los fabricantes asiáticos utilizan a México y Canadá como una “puerta trasera” para introducir productos al mercado estadounidense, evitando aranceles y reduciendo artificialmente los precios.

A partir de ello, la administración estadounidense también busca reforzar la trazabilidad del acero y aluminio, así como incrementar el contenido regional en sectores estratégicos, especialmente el automotriz.

También se incluyeron temas como el combate al ‘dumping manufacturero’, que es cuando las empresas extranjeras exportan productos manufacturados a un precio artificialmente bajo, inferior a su costo de producción o a su valor en el país de origen.

Sin embargo, la revisión también responde a tensiones acumuladas en materia de seguridad, migración y competencia industrial. Estados Unidos ha incorporado temas ajenos al comercio tradicional dentro de la discusión del tratado, particularmente narcotráfico y migración, lo que ha ampliado la dimensión política de las negociaciones.

¿MÉXICO LLEGA CON VENTAJA A LA REVISIÓN DEL T-MEC?

Para el abogado constitucionalista y analista político Andrés García Repper, México llega en una posición “más favorable” a las conversaciones relacionadas con el T-MEC en comparación con el inicio del sexenio estadounidense actual, debido al debilitamiento político y diplomático de la presidencia de Estados Unidos.

Entre las fortalezas, explicó que la presidenta Claudia Sheinbaum ha reforzado el equipo negociador conformado por especialistas agrícolas, financieros e industriales y anunció incentivos para fomentar la inversión privada, con el objetivo de fortalecer la posición productiva del país y preparar mejor la discusión técnica.

Durante la entrevista, García Repper señaló que al comienzo del sexenio existía un discurso más agresivo de EU hacia México, marcado por amenazas arancelarias y presiones comerciales. Sin embargo, afirmó que “todo se ha venido acomodando de una manera más conveniente para México” y menos favorable para quienes buscan imponer condiciones desventajosas al país.

La presidenta, Claudia Sheinbaum ha insistido públicamente en que “no hay prisa” para cerrar la renegociación y ha planteado la necesidad de evitar que las presiones electorales en Estados Unidos y posteriormente en México contaminen el proceso.

El analista explicó que la cercanía de las elecciones estadounidenses ha debilitado la capacidad de negociación de su presidencia, ya que, según dijo, el mandatario “se está jugando no sólo su permanencia en el poder, sino su propia libertad”.

En el plano económico, México continúa siendo una plataforma manufacturera estratégica para América del Norte y conserva atractivo para inversiones asociadas al ‘nearshoring’.

Sin embargo, continúan abiertos conflictos relacionados con la política energética, el maíz transgénico y los aranceles al acero, aluminio y jitomate impuestos por Trump. A ello se suman preocupaciones sobre inseguridad física y certidumbre jurídica.

El abogado también señaló que Estados Unidos estaría utilizando temas de justicia y seguridad como mecanismo de presión en la agenda comercial, estrategia que calificó como “inteligente”. Sin embargo, opinó que México podría responder de manera similar al exigir mayor cooperación mutua si ambas naciones buscan preservar el funcionamiento del T-MEC.

TENSIONES POLÍTICAS Y COMERCIALES MARCAN LA ANTESALA DE LA REVISIÓN DEL T-MEC

Estados Unidos atraviesa una etapa de creciente proteccionismo comercial bajo el liderazgo de Donald Trump. La administración estadounidense ha impuesto aranceles a sus socios canadienses, mantiene tensiones con China y ha incorporado asuntos de seguridad, migración y crimen organizado dentro de la agenda comercial.

Especialistas describen un ambiente político tenso en Washington, marcado por las elecciones intermedias y por una narrativa de seguridad regional que endurece la relación con México, así como las tensiones ideológicas con gobiernos latinoamericanos como Cuba o Venezuela también alimentan el distanciamiento bilateral.

García Repper también criticó distintos episodios de la política exterior estadounidense. Mencionó la incursión en Irán, el papel de Washington como mediador en Ucrania, el respaldo a Israel en Gaza y las tensiones con líderes europeos.

Asimismo, calificó como un “fracaso” la reciente visita a China, al asegurar que Estados Unidos “no obtuvo nada” y que únicamente se realizaron reuniones protocolarias.

Recordemos que la acusación formal del Departamento de Justicia de EU contra el exgobernador Rubén Rocha Moya por sus presuntos nexos con el narcotráfico tensó severamente la relación bilateral de cara a la revisión del T-MEC, ya que expertos concluyen que Washington utilizó el caso como “presión política”, condicionando el comercio a la cooperación en seguridad.

En ese contexto, el analista García Repper consideró que la administración estadounidense ha buscado nuevas líneas de presión hacia México. No obstante, sostuvo que la respuesta mexicana ha sido institucional y basada en el marco constitucional y bilateral.

Según explicó, México ha mantenido una postura “respetuosa de la relación bilateral y de la práctica bilateral en materia de extradición”, lo que, a su juicio, fortalece la posición del país frente a las negociaciones.

Canadá, por su parte, busca coordinar posiciones con México para preservar la continuidad del tratado. Claudia Sheinbaum y Mark Carney sostuvieron conversaciones para fortalecer la cooperación bilateral en sectores como minerales críticos, tecnologías limpias, energía y manufactura avanzada.

Ambos gobiernos consideran fundamental asegurar la vigencia del acuerdo ante el endurecimiento de Washington.

Finalmente, García Repper afirmó que una eventual ruptura del tratado comercial afectaría gravemente a ambos países, especialmente a Estados Unidos.

Argumentó que la economía estadounidense atraviesa una “crisis severa” y aseguró que Washington “no podría darse el lujo” de perder los beneficios económicos derivados del acuerdo comercial con México.

LA HISTORIA DEL T-MEC Y EL CONTEXTO EN EL QUE SE ACORDÓ

El T-MEC surgió como sustituto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y entró en vigor el 1 de julio de 2020. El acuerdo fue resultado de un proceso de renegociación impulsado por Donald Trump durante su primer mandato presidencial, bajo el argumento de que el TLCAN había perjudicado a trabajadores y empresas estadounidenses.

El nuevo tratado mantuvo la integración económica regional, pero incorporó modificaciones importantes en materia laboral, reglas de origen, comercio digital, propiedad intelectual y mecanismos regulatorios.

Entre los elementos centrales destacaron los nuevos compromisos laborales y ambientales obligatorios, así como reglas más estrictas para sectores industriales como el automotriz.

En México, la negociación estuvo acompañada por reformas laborales, incluida la entrada en vigor de una nueva legislación en 2019 que impulsó cambios en justicia laboral, democracia sindical y negociación colectiva.

El acuerdo también nació en un momento de incertidumbre económica internacional. Según un comunicado lanzado por el Gobierno de México en abril de 2020, su entrada en vigor coincidió con la crisis sanitaria provocada por el COVID-19 y fue presentado como un instrumento para impulsar la recuperación económica de América del Norte y brindar certeza jurídica a la región.

Desde entonces, el T-MEC se convirtió en uno de los bloques económicos más grandes del mundo, concentrando cerca del 29% del PIB global.

Para México representa más del 80% de sus exportaciones, mientras que para Estados Unidos y Canadá constituye una plataforma fundamental para sus cadenas regionales de suministro.

La revisión de 2026 representa así la primera gran prueba política y económica del acuerdo desde su entrada en vigor, en un contexto mucho más polarizado, proteccionista e incierto que el existente cuando fue firmado.

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