El triunfo de Abelardo de la Espriella en el preconteo de las elecciones presidenciales de Colombia marca el posible fin del primer gobierno de izquierda en la historia de ese país y ocurre en un contexto de reacomodo ideológico en América Latina.
Con el 99.9% de las mesas contabilizadas en el preconteo, Abelardo de la Espriella obtuvo 49.66% de los votos, equivalente a 12.9 millones de sufragios, frente al 48.70% alcanzado por Iván Cepeda, candidato identificado con la continuidad del proyecto político impulsado por el presidente Gustavo Petro.
La diferencia fue de apenas 0.96 puntos porcentuales, alrededor de 250 mil votos, en una de las elecciones más cerradas de la historia reciente de Colombia.
Aunque el resultado favoreció al candidato de derecha, el proceso entró en una etapa de revisión debido a las impugnaciones presentadas por la campaña de Cepeda y a la espera del escrutinio oficial.
Pero, ¿qué representa una victoria de la ultraderecha en el país cafetero? En Nación321 se lo preguntamos al politólogo y consultor, Javier Rosiles, así como a Fernando Dworak, analista y consultor político.
EL NUEVO ESCENARIO POLÍTICO EN COLOMBIA
La llegada de Gustavo Petro al poder en 2022 fue vista como parte de una etapa de fortalecimiento de gobiernos progresistas en América Latina; sin embargo, los recientes procesos electorales del domingo 21 de junio han modificado el mapa político regional, que se suma a un “giro pendular” entre gobiernos de izquierda y de derecha en latinoamericana.
Asimismo, el triunfo de Abelardo de la Espriella en el preconteo ocurre en un momento en que varios países de la región han experimentado cambios hacia opciones conservadoras y de derecha.
Para Javier Rosiles, politólogo y consultor, el resultado colombiano representa una “mala noticia para la izquierda latinoamericana” y particularmente para el bloque de gobiernos bajo esta ideología, que habían conformado México, Brasil y Colombia.
“Con la derrota de la izquierda encabezada por Petro se rompe un bloque importante que trataba de equilibrar a estas fuerzas de derecha y ultraderecha que han estado ganando recientemente en América Latina. En los hechos, México y Brasil son los países que están marcando el contrapeso en ese sentido ideológico”, explicó.
En una línea similar, Fernando Dworak, analista y consultor político, consideró que el resultado se enmarca en una ola de gobiernos de derecha impulsada por un contexto geopolítico y por el desgaste de administraciones de izquierda.
“No podemos explicar este auge de las derechas sin hablar también del fracaso de un modelo de izquierda que no logró mejorar problemas como la desigualdad, la seguridad o la corrupción”, señaló.
Las elecciones en Colombia se desarrollaron en medio de una fuerte polarización entre quienes respaldaban la continuidad de las políticas económicas y sociales impulsadas por el gobierno de Petro y quienes demandaban un cambio en temas como seguridad, crecimiento económico y relación con el sector privado.
¿POR QUÉ GANÓ LA ULTRADERECHA EN COLOMBIA?
Durante la campaña, De la Espriella centró buena parte de su discurso en temas relacionados con la seguridad, el combate al crimen organizado y la reducción del tamaño del Estado. Por su parte, Cepeda defendió la continuidad de los programas impulsados durante la administración de Petro.
La elección dejó en evidencia las distintas prioridades que conviven dentro del electorado colombiano y el debate sobre las respuestas que demandan los ciudadanos frente a desafíos como la inseguridad, la economía y la desigualdad.
Ambos especialistas coinciden en que el voto colombiano no puede entenderse únicamente desde una lógica ideológica. Rosiles sostuvo que buena parte del apoyo a De la Espriella estuvo relacionado con el castigo hacia el oficialismo y con la preocupación por la seguridad.
“Hay que preguntarse en qué medida el electorado está votando por la derecha por convicción ideológica o más bien está castigando a los oficialismos que no han podido enfrentar de manera contundente temas como la inseguridad”, afirmó.
Por su parte, Dworak agregó que el hartazgo con la clase política favorece la aparición de figuras que se presentan como ajenas al sistema.
“El electorado no es que de pronto se convierta a la derecha, sino que, por cansancio, termina apoyando a candidatos que se perciben como ‘outsiders’ y que prometen cambios radicales”, comentó.
EL IMPACTO DE LA ULTRADERECHA COLOMBIANA EN AMÉRICA LATINA
Más allá de Colombia, la elección ha generado cuestionamientos sobre las posibles implicaciones para América Latina y sobre el momento político que atraviesan distintos países de la región.
Las elecciones ocurren en medio de varias naciones que se prepararon para nuevos procesos electorales y en un escenario marcado por cuestionamientos sobre el futuro de los gobiernos progresistas.
Como contexto, en Honduras, las elecciones ocurrieron en noviembre de 2025 y dieron con el triunfo electoral del derechista y conservador, Nasry Asfura, quien asumió la presidencia el 27 de enero de 2026, lo que marcó el final de 4 años de izquierda bajo Xiomara Castro.
Recordemos que Castro, además, había ganado las elecciones presidenciales en 2021, marcando un hecho histórico al convertirse en la primera mujer en asumir la presidencia de Honduras y el regreso al poder de la izquierda tras 12 años de administraciones conservadoras.
Respecto a si América Latina atraviesa un cambio de ciclo político, Rosiles afirmó que más que una disputa entre derecha e izquierda, lo que predomina es una polarización emocional.
“Las campañas ya no se centran tanto en una narrativa ideológica, sino en símbolos y emociones. Lo que buscan es convencer a la gente de que los otros no resolvieron los problemas y, con esa base, construir mayorías”, apuntó.
Para Dworak, la región enfrenta una dinámica pendular derivada del desgaste de las élites políticas. “Estamos dando golpes de péndulo entre gobiernos que utilizan la confrontación y la polarización como forma de legitimarse. No estamos hablando de una normalidad democrática, sino de la incapacidad de las élites para generar nuevos acuerdos”, explicó.
Sobre el impacto en la región, Rosiles señaló que el resultado colombiano deja a México y Brasil como los principales referentes de los gobiernos progresistas en la región.
“La unión entre Brasil y México luce endeble frente a esta oleada de ultraderecha (en Colombia) que cuenta con el apoyo del presidente Donald Trump”, dijo.
Por su parte, Dworak consideró que el escenario apunta hacia una mayor polarización entre bloques ideológicos.
“Esta derecha está haciendo lo mismo que antes hizo la izquierda populista: construir un discurso de identidad entre gobiernos afines. Eso puede generar un endurecimiento o enfriamiento de las relaciones con aquellos gobiernos que no sean ideológicamente cercanos”, indicó.
¿LA ULTRADERECHA EN COLOMBIA ES UN AUGURIO PARA MÉXICO?
En México, el próximo año se celebrarán las elecciones intermedias. Ambos especialistas consideran que los acontecimientos en América Latina son una señal que “merece atención”, aunque no necesariamente una amenaza inmediata para Morena, el principal partido de izquierda mexicana y quien hoy gobierna el país.
Rosiles aseguró que la oposición mexicana continúa debilitada, pero advirtió sobre el desgaste natural que genera el ejercicio del poder.
“Ya no cabe decir que los gobiernos anteriores tenían la culpa. Morena lleva varios años gobernando y habrá que ver en qué medida la ciudadanía empieza a cobrar la falta de resultados, si es que así lo considera”, señaló.
Dworak coincidió en que no existe una derecha competitiva en el corto plazo, pero advirtió que la ausencia de una renovación en la oposición podría abrir espacio para la aparición de figuras ajenas a los partidos tradicionales.
“El riesgo no es 2027, sino que más adelante pueda surgir un ‘outsider’ competitivo”, concluyó.
¿QUIÉNES QUEDAN? LA IZQUIERDA PIERDE TERRENO EN AMÉRICA LATINA
Tras los cambios políticos registrados en varios países, como Honduras, Perú y Colombia, actualmente muy pocas naciones mantienen administraciones identificadas con gobiernos progresistas o de izquierda.
Comenzando con Brasil, con Luiz Inácio Lula da Silva, quien regresó al poder en 2022 y busca la reelección, en las elecciones de octubre de este año, frente a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien fue designado como candidato de la oposición.
En Uruguay gobierna Yamandú Orsi, quien ganó las elecciones de 2024 y representa un giro político hacia la socialdemocracia moderada dentro de la coalición de izquierda uruguaya, el Frente Amplio.
También se encuentran Guatemala, con Bernardo Arévalo, electo en 2023, quien marca una agenda progresista y anticorrupción.
En el Caribe y Centroamérica permanecen algunos de los gobiernos más antiguos de la región. Cuba continúa bajo el Partido Comunista con Miguel Díaz-Canel, quien lleva 8 años en el poder.
Mientras que en Nicaragua, el gobierno sigue siendo encabezado por Daniel Ortega, quien acumula ya 19 años consecutivos, desde enero de 2007 y a quienes analistas lo han considerado como líder de una dictadura.
Por su parte, Venezuela mantiene la continuidad del chavismo, actualmente con un gobierno encabezado por Delcy Rodríguez tras la detención de Nicolás Maduro, conservando la misma orientación política.
El mapa político latinoamericano ha cambiado de manera significativa respecto a los años recientes. Las victorias de la derecha en países como Argentina, Chile, Bolivia y en Honduras.
En Perú, donde se mantiene la incertidumbre del empate técnico entre el izquierdista, Roberto Sánchez y la principal figura del conservadurismo, Keiko Fujimori.
Resalta Colombia, con el ultraderechista, Abelardo de la Espriella, quien ganó el preconteo de las elecciones presidenciales frente al candidato de izquierda Iván Cepeda.
Así, aquella llamada ‘marea rosa’ u ola de gobiernos progresistas que llegó a tener mayoría en Sudamérica ahora se concentra principalmente en México, Brasil y algunos países de Centroamérica y el Caribe, mientras el péndulo político regional vuelve a inclinarse hacia opciones conservadoras.




