A poco más de un año de las elecciones intermedias de 2027, el escenario político en México ya muestra una reconfiguración marcada por rupturas, negativas a alianzas y estrategias anticipadas para posicionar candidaturas.
Con 17 gubernaturas, la Cámara de Diputados y miles de cargos locales en juego, los partidos han comenzado a mover sus fichas en un proceso que, en los hechos, ya está en marcha.

Desde el oficialismo hasta la oposición, la constante es clara: todos buscan mantener o ampliar su poder, pero no necesariamente de la mano de otros.
OFICIALISMO: TENSIONES INTERNAS Y DEFINICIÓN DE ALIANZAS
En el bloque gobernante, encabezado por Morena, las alianzas que fueron clave en procesos anteriores comienzan a mostrar fisuras. La presidenta Claudia Sheinbaum dejó claro que será el propio partido quien defina si mantiene acuerdos con el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), tras diferencias recientes en el Congreso de la Unión, sin embargo, ella niega ruptura.
Estas tensiones no son menores. En entidades como Oaxaca, los desacuerdos entre Morena y el PT han escalado al terreno político y mediático, evidenciando una relación cada vez más frágil. A nivel nacional, la llamada “operación cicatriz” intenta contener los daños, pero el desgaste es evidente.
El caso más ilustrativo es San Luis Potosí, donde el PVEM decidió, aparentemente, romper con Morena y competir en solitario. La dirigencia del partido anunció que buscará la gubernatura sin coaliciones, con la senadora Ruth González Silva, esposa del actual gobernador Ricardo Gallardo, como principal perfil.
La ruptura responde, en parte, a las reglas internas de Morena que prohíben candidaturas de familiares de gobernantes en funciones, lo que choca con la intención del grupo político del actual mandatario estatal de mantener el control.
No obstante, a mediados de marzo PVEM, PT y Morena, se reunieron para refrendar la alianza que los llevó al poder e, incluso, se comprometieron a apoyar en el Senado el ‘Plan B’ de la Reforma Electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, cosa que se hizo realidad.

OPOSICIÓN: RECHAZO A ALIANZAS Y ESTRATEGIAS DIVERGENTES
En la oposición, lejos de consolidarse un frente común, predominan las posturas individuales. El Partido Acción Nacional (PAN) ha sido enfático en su negativa a construir alianzas rumbo a 2027.
Su dirigente nacional, Jorge Romero, descartó acuerdos con otros partidos, incluido el PRI, y apostó por competir con candidaturas abiertas a la ciudadanía. Bajo este modelo, el PAN busca que sean los propios votantes quienes definan a sus aspirantes mediante encuestas o procesos internos, con miles de personas ya inscritas.
A nivel estatal, la postura se replica. En Querétaro y San Luis Potosí, liderazgos panistas han reiterado que el partido cuenta con estructura suficiente para competir solo, rechazando incluso acercamientos de Movimiento Ciudadano.
Este último también ha marcado distancia. Aunque el PRI ha insistido en construir una alianza opositora, Movimiento Ciudadano ha rechazado cualquier acercamiento.
Dirigentes del partido han calificado estos llamados como actos de “desesperación” y han reiterado que su única alianza será “con la ciudadanía”.
El contraste lo pone el PRI. Su dirigente nacional, Alejandro Moreno, ha impulsado abiertamente la conformación de un bloque opositor junto con PAN y MC.
En su llamado, advirtió que competir por separado favorecería a Morena y planteó que “las alianzas no son una debilidad”, sino una herramienta para equilibrar el poder.
Sin embargo, hasta ahora, su propuesta no ha tenido eco.
2027: CAMPAÑAS ANTICIPADAS Y REGLAS EN DISPUTA
El proceso rumbo a 2027 también está marcado por la anticipación. Aunque formalmente no son campañas, los partidos han activado mecanismos como la figura de “coordinadores” o procesos internos que, en la práctica, funcionan como plataformas de promoción.
Morena, por ejemplo, ha retomado el modelo que utilizó en 2024, adelantando la definición de perfiles mediante encuestas. Esta dinámica ha sido replicada, en mayor o menor medida, por otras fuerzas políticas.
Ante este escenario, la presidenta Sheinbaum ha insistido en que los funcionarios que busquen un cargo deben separarse de sus puestos. “No se puede ser servidor público y al mismo tiempo candidato”, advirtió, en un intento por marcar límites en una práctica recurrente en la política mexicana.
Aun así, los casos de promoción anticipada, uso de imagen pública y presencia territorial continúan, evidenciando la delgada línea entre función pública y aspiración electoral.
UN TABLERO FRAGMENTADO
El panorama rumbo a 2027 se perfila, por ahora, como un tablero fragmentado. Las alianzas que definieron elecciones anteriores están en revisión o, en algunos casos, en ruptura.
Mientras el oficialismo enfrenta tensiones internas, la oposición no logra consolidar un bloque común.
En este contexto, la contienda se encamina hacia un escenario más competido, pero también más disperso, donde cada partido apuesta por su propia estrategia: algunos por la estructura, otros por la ciudadanía y otros más por mantener el control territorial.
Lo que está en juego no es menor. Y aunque la elección aún parece lejana en el calendario, en la práctica, la disputa por el poder ya comenzó.




