Los nombres de los Huracanes ‘Polo’, ‘Rachel’, ‘Simon’ e ‘Isaías’ han aparecido en los reportes meteorológicos recientes por los efectos que estos Ciclones han generado o podrían generar en distintas regiones del país.
En septiembre, ‘Rachel’ provocó lluvias torrenciales, fuertes vientos y oleaje de hasta seis metros en costas de Colima, Michoacán y Guerrero; mientras que, ‘Simon’ ocasionó lluvias torrenciales y oleaje de entre tres y cuatro metros en zonas del Pacífico mexicano.
Estos fenómenos, que durante la temporada de ciclones se vuelven parte de las noticias, también despiertan una pregunta: ¿por qué se llaman ‘Polo’, ‘Rachel’ o ‘Simon’?, ¿quién elige sus nombres y cómo se decide cuál le corresponde a cada tormenta?
Aunque podría parecer una elección al azar, los nombres forman parte de listas oficiales elaboradas con años de anticipación.
Su asignación sigue un orden establecido y depende de la región del océano donde se desarrolla cada sistema. Además, cuando un ciclón provoca una tragedia de grandes dimensiones, su nombre puede retirarse para evitar que vuelva a utilizarse.
¿EN QUÉ MOMENTO SE BAUTIZA A UN HURACÁN?
Los Ciclones Tropicales se desarrollan sobre aguas cálidas cuando coinciden condiciones atmosféricas favorables que permiten organizar las tormentas alrededor de un centro de baja presión.
Primero pueden convertirse en una Depresión Tropical y, cuando sus vientos sostenidos alcanzan los 63 kilómetros por hora, pasan a ser una Tormenta Tropical.
Es en esta etapa cuando reciben un nombre oficial. Si sus vientos sostenidos llegan a los 119 kilómetros por hora, el sistema adquiere la categoría de huracán y conserva el mismo nombre.
Por ello, no es necesario que un Ciclón se convierta en Huracán para ser bautizado.
¿QUIÉN PONE LOS NOMBRES A LOS HURACANES Y POR QUÉ?
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) coordina el sistema internacional de nombres mediante comités regionales integrados por representantes de los países involucrados.
Para el Atlántico y el Pacífico oriental, las listas se mantienen con participación de la OMM, mientras que el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC), organismo de la NOAA, asigna los nombres conforme al orden establecido para cada cuenca.
El objetivo no es ponerle un nombre especial a cada Huracán por su intensidad o por el lugar donde se forma. Se utiliza una lista previamente aprobada y se avanza en el orden correspondiente a la temporada.
Así, los nombres permiten comunicar alertas con mayor claridad, distinguir sistemas que ocurren al mismo tiempo y evitar confusiones entre autoridades y población.
¿CÓMO SE ELIGEN LOS NOMBRES?
Las listas se elaboran con anticipación y reúnen nombres cortos, fáciles de pronunciar y reconocer en los idiomas de los países de la región.
En el Atlántico y el Pacífico oriental se alternan nombres femeninos y masculinos, aunque no se utilizan todas las letras del alfabeto, por ejemplo, se excluyen Q, U, X, Y y Z en la lista atlántica por la escasez de nombres adecuados.
Cada cuenca tiene su propia lista. En el Atlántico se emplean 21 nombres por temporada, mientras que en el Pacífico oriental se contemplan 24.
Las listas se reutilizan en ciclos de seis años: la de 2026, por ejemplo, está programada para volver a utilizarse en 2032, siempre que los nombres no sean retirados.
Si una temporada de Huracanes supera el número de nombres disponibles, se recurre a una lista suplementaria aprobada por la OMM.
Desde 2021, este mecanismo sustituyó el uso del alfabeto griego que se empleaba anteriormente en temporadas con una cantidad extraordinaria de ciclones.
HAY NOMBRES QUE SE QUITAN DE LAS LISTAS
Cuando un Ciclón provoca una cantidad excepcional de muertes o daños materiales, su nombre puede retirarse para evitar que vuelva a utilizarse en otra tormenta. La decisión se toma mediante el procedimiento de la OMM, a partir de solicitudes y deliberaciones de los comités regionales.
Entre los nombres retirados del Atlántico se encuentran Katrina (2005), Sandy (2012), Harvey, Irma y María (2017), así como Ian (2022).
En el Pacífico oriental también se han retirado nombres como Patricia (2015), por el impacto extraordinario que causó, y Otis (2023), tras su devastador impacto en Acapulco, Guerrero.
La retirada no significa que el nombre desaparezca de todos los registros históricos, se conserva para documentar el fenómeno y sus consecuencias, pero deja de asignarse a nuevos ciclones de esa cuenca.
En su lugar, el comité correspondiente selecciona un nombre sustituto para las futuras listas.




