Ariadna Montiel llegó a la presidencia nacional de Morena el 3 de mayo de 2026, con una encomienda que poco tiene que ver con la administración de programas sociales que durante años encabezó desde la Secretaría de Bienestar: mantener cohesionada a la principal fuerza política del país mientras se acerca una de las elecciones más importantes para el movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador.
El calendario no da tregua. El 10 de septiembre comenzará formalmente el proceso electoral federal 2026-2027 y el 6 de junio de 2027 se renovarán las 500 diputaciones federales.
De manera concurrente, estarán en juego 19 mil 609 cargos locales, entre ellos 17 gubernaturas, mil 98 diputaciones y 18 mil 57 cargos en ayuntamientos, además de otros puestos municipales.
Para Montiel, el desafío no consiste únicamente en ganar elecciones. Debe administrar las disputas entre aspirantes, contener polémicas protagonizadas por militantes, responder a los ataques de la oposición y, al mismo tiempo, sostener el discurso de integridad con el que asumió la dirigencia.
Morena ya tiene 277 aspirantes registrados para las gubernaturas y enfrenta la necesidad de evitar fracturas en estados donde la competencia interna comienza a subir de tono.
Y es que apenas tres meses al frente del partido, la dirigente ya ha tenido que entrar en varios de esos “incendios”.
EL CHOQUE ENTRE ARIADNA MONTIEL Y ‘ALITO’ MORENO
El episodio más reciente ocurrió el 11 de agosto, cuando Montiel y Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, protagonizaron un nuevo enfrentamiento público. La disputa comenzó después de que ‘Alito’ presentó ante el Departamento de Estado de Estados Unidos una denuncia contra tres consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE): Arturo Castillo Loza, Rita Bell López Vences y Frida Denisse Gómez Puga.
La acción del priista se produjo después de que el INE le prohibiera utilizar el término “narcopartido” para referirse a Morena. El líder priista sostuvo que buscaba que autoridades estadounidenses supervisaran las actuaciones de los consejeros y eventualmente aplicaran medidas ante presuntas violaciones a derechos humanos o actos de corrupción.
Montiel respondió desde Morena que la estrategia representaba “entreguismo” y cuestionó que un dirigente político recurriera a un gobierno extranjero para resolver una disputa relacionada con instituciones mexicanas.
La confrontación subió de tono ese mismo día. Morena recordó a Moreno el proceso de desafuero que enfrenta y sostuvo que el fuero protege una función, no a una persona. El priista respondió acusando a Montiel de amenazarlo con investigaciones para retirarle el fuero y la llamó “líder del Cártel de Morena”. También aseguró que continuará llevando sus denuncias al extranjero porque, desde su perspectiva, en México las investigaciones no avanzan.
No es, además, el primer encontronazo entre ambos. Apenas cuatro días después de asumir la dirigencia, Montiel ya había respondido a Moreno cuando éste pidió a Estados Unidos considerar a Morena como una organización terrorista. La morenista calificó entonces la solicitud como una acción disfrazada de intervención extranjera.
EL CASO DEL ‘R1: ¿DESLINDAR A MORENA DE UNA RELACIÓN INCÓMODA?
Otro de los ‘fuegos’ que tocaron a la dirigencia de Montiel fue abierto por la detención de Ramón Ángel Álvarez Ayala, alias ‘R1’, señalado como presunto autor intelectual del homicidio de Carlos Manzo, exalcalde de Uruapan. El caso generó presión sobre Morena debido a que el detenido tiene un hermano, Roldán Álvarez Ayala, que sí había pertenecido al partido.
La respuesta del partido fue deslindarse de ‘R1’ y precisar que nunca fue militante ni ocupó un cargo dentro de Morena. Respecto de su hermano, Roldán Álvarez Ayala, el partido informó que había sido expulsado desde noviembre de 2025, meses antes de que la detención de su hermano colocara nuevamente el vínculo familiar en el centro de la discusión pública.
La dirigencia aprovechó el episodio para fijar una postura frente a cualquier posible relación entre Morena y el crimen organizado: el partido aseguró que no encubre a nadie, no solapa complicidades y no tolera vínculos con grupos criminales.
Para Montiel, el problema fue doble: responder a las preguntas sobre la militancia del hermano de ‘R1’ y, al mismo tiempo, evitar que el caso se convirtiera en otro argumento de la oposición para cuestionar los filtros de Morena.
¿CONTRA SALVATORI O A FAVOR DE LOS ADULTOS MAYORES?
A principios de agosto, Montiel tuvo que intervenir en otra controversia, esta vez provocada desde las propias filas del partido. Las diputadas locales de Puebla, Nayeli Salvatori y Graciela Palomares fueron señaladas por comentarios sobre adultos mayores realizados en el podcast Descasadas. Entre las expresiones difundidas estuvo la referencia a que los adultos mayores “huelen a baúl de recuerdo”.
La polémica adquirió una dimensión particular porque los adultos mayores representan uno de los sectores centrales de la política social de Morena. Montiel, quien durante años estuvo al frente de la Secretaría de Bienestar, reaccionó anunciando que se había solicitado a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia abrir un procedimiento contra ambas legisladoras.
La dirigente incluso expresó que, desde su perspectiva, deberían suspenderse sus derechos partidarios, aunque aclaró que la decisión correspondía al órgano interno.
El episodio obligó a Montiel a marcar distancia entre las expresiones de las legisladoras y la identidad política del movimiento. La dirigente llamó a los militantes a conducirse con respeto hacia las personas adultas mayores y sostuvo que lo ocurrido no podía considerarse un asunto menor. La Comisión de Honestidad y Justicia quedó encargada de determinar las posibles sanciones, mientras Salvatori y Palomares ofrecieron posteriormente una disculpa pública por los comentarios.
EN DEFENSA DE ANDY LÓPEZ... EL HIJO DEL FUNDADOR
Otro ‘fuego’ apareció en Tabasco, pero esta vez involucró a una de las figuras más sensibles para Morena: Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente López Obrador. Sus recorridos por el estado fueron señalados por opositores como posibles actos anticipados de campaña rumbo a 2027, una acusación especialmente delicada en un momento en que Morena ya comenzó a ordenar la actividad de sus aspirantes rumbo al 2027.
Montiel salió en defensa de López Beltrán y rechazó que sus actividades constituyeran una campaña anticipada. La dirigente argumentó que sus recorridos forman parte de las tareas de organización que Morena está pidiendo a su militancia: visitar territorio, distribuir el periódico Regeneración, combatir la desinformación y participar en actividades relacionadas con la defensa de la soberanía.
El problema para la presidenta de Morena es que la defensa de ‘Andy’ López ocurre justo cuando el partido intenta imponer reglas para evitar que sus aspirantes se adelanten a los tiempos electorales.
La tensión sería que: Montiel necesita mantener cohesionada a una militancia que ya se encuentra movilizada rumbo a 2027, pero también debe evitar que esa movilización termine generando sanciones electorales o acusaciones de favoritismo.
LA PRUEBA DE FUEGO APENAS COMIENZA
Los episodios de los últimos meses muestran que el principal reto de Montiel no está solamente fuera de Morena. También está dentro. La dirigente llegó al partido con la ventaja de conocer la estructura territorial y los programas sociales desde su paso por Bienestar, pero ahora debe transformar esa experiencia en capacidad para administrar candidaturas, conflictos y ambiciones políticas.
El momento tampoco es menor. Morena y sus aliados deberán definir candidaturas para 17 gubernaturas en un escenario donde ya existen decenas de aspirantes compitiendo por cada espacio.
El partido ha optado por encuestas y por la figura de las “coordinaciones de defensa de la transformación” para ordenar la competencia antes del inicio formal de las precampañas, pero la saturación de aspirantes y las diferencias con PT y PVEM ya generan tensiones.
Por eso, cada ‘incendio’ que enfrenta Montiel tiene una lectura electoral. Una pelea con ‘Alito’ puede convertirse en parte de la disputa nacional con la oposición; un caso como el del hermano de ‘R1’ toca directamente el discurso de integridad del partido; una polémica como la de Salvatori obliga a defender la identidad social de Morena; y el caso de Andy López Beltrán pone a prueba la consistencia de las reglas internas.
A casi un año de las elecciones de 2027, la presidenta de Morena ya está jugando una partida que no admite demasiados errores.




