El narcotraficante mexicano Ismael ‘El Mayo’ Zambada admitió que no saldrá de prisión, por lo que pidió pasar el resto de sus días en un centro penitenciario médico, justificando problemas de salud.
La defensa del exlíder del Cártel de Sinaloa solicitó al juez Brian Cogan que su cliente no pise la cárcel de máxima seguridad ADX Florence en Colorado, donde actualmente está recluido Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán.
Lo anterior está expuesto en un memorándum en el que con frecuencia los sentenciados piden al juez valorar alguna particularidad para dar una pena condenatoria.
En el escrito fechado el 6 de julio, la defensa de ‘El Mayo’ subraya que el narcotraficante es consciente que, tras aceptar los cargos, se enfrenta a una cadena perpetua, pero solicita una recomendación para determinar la cárcel en la que permanecerá hasta la muerte.
Buscado por las autoridades estadounidenses durante más de dos décadas, Zambada fue arrestado en Texas, hacia el final del gobierno del expresidente Joe Biden, cuando llegó en un avión privado a un aeropuerto de Texas junto a uno de los Chapitos, Joaquín Guzmán López. Zambada ha dicho que fue secuestrado en México y llevado contra su voluntad a Estados Unidos.
Terry Cole, director de la Administración de Control de Drogas (DEA por sus iniciales en inglés), dijo que durante sus décadas como agente los investigadores que perseguían a Zambada y otros capos del narcotráfico por momentos eran advertidos de que “perseguían sombras” que se creían intocables.
Su arresto, junto con el de Guzmán López, desató sangrientos enfrentamientos en el estado de Sinaloa entre sus fuerzas y los partidarios de los hijos de Guzmán, apodados los Chapitos.
Un destacado negociador, Zambada era considerado el estratega del cártel, y se creía que estaba más involucrado en las operaciones diarias en comparación con Guzmán. No obstante, los fiscales han dicho que Zambada también estaba involucrado en la violencia del grupo, e incluso llegó a ordenar el asesinato de su propio sobrino.
En la capital de Sinaloa, Culiacán, los cadáveres yacen en las calles o aparecen colgados de los pasos elevados. Los negocios cierran temprano porque la población casi no sale al caer la noche. Las escuelas se paralizan durante los enfrentamientos y varios grupos de la sociedad, desde influencers hasta cuidadores de animales, se han visto afectados por el derramamiento de sangre.



