En abril cayeron dos bombas de acción retardada. Una en Chihuahua, la otra, días después, en Sinaloa. El activador en ambas es Estados Unidos. Y sus graves efectos en dos partidos políticos no han terminado, como lo demuestra lo ocurrido el fin de semana, con la detención del exfiscal chihuahuense César Jáuregui por el gobierno federal.
Si política es optar entre inconvenientes, qué hizo el PAN en largos seis meses para amortiguar el escenario catastrófico de estos días. Nada sorpresivo, luego de que, en un percance en la sierra chihuahuense en ese abril, fallecieran agentes de la CIA. Era obvio que Morena se iba a ir con todo contra el gobierno panista de esa entidad.
Chihuahua es muy importante para Acción Nacional. Es una entidad emblemática de su larga historia. El PAN que llegó a la presidencia en el 2000 no se entiende sin el PAN del chihuahuense Luis H. Álvarez, candidato presidencial en 1958. Y don Luis fue figura clave, desde luego, en las batallas democráticas de los años 80 en tierra chihuahuense.
De las entidades que estarán en juego en la elección de 2027, la batalla por Chihuahua se antojaba, desde hace tiempo, de pronóstico reservado. Y cuando en abril se descubrió que personal de la CIA operaba ahí, la gobernadora Maru Campos quedó en el ojo de una tormenta, una que arreció a finales de ese mismo abril cuando –la otra bomba– desde Estados Unidos reclamaron al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha: pegarle políticamente a la mandataria chihuahuense servía para distraer el escándalo de que un morenista del nivel del sinaloense fuera requerido por la justicia estadounidense. Todo de manual.
Ahora Maru Campos ha procedido en contra de su fiscal de tiempos del polémico operativo, sumiendo a su partido en una crisis. El PAN está dividido entre quienes ven con recelo a la mandataria, por aquello de que habría pactado esa entrega, y quienes la defienden. Pero lo cierto es que al panismo chihuahuense y al nacional le quitaron una de sus piezas clave, a un militante añejo y popular como Jáuregui.
A reserva de lo que se le pruebe en tribunales, todo lo ocurrido desde que el sábado Campos ordenó la detención de su exsecretario de Gobierno es una pésima noticia para el panismo, que seis meses después ni siquiera pudo salir con un discurso único, con una línea de acción clara ni definida.
Hace semanas Morena se hizo bolas con su candidato chihuahuense y eso, aunado al engallamiento que inicialmente mostró Campos cuando desde la Federación la acusaron de permitir la operación de la CIA en territorio mexicano, pareció mejorar las perspectivas para una pelea pareja por la gubernatura de Chihuahua, el giro de la gobernadora contra uno de los suyos y el caos posterior del discurso panista enterró esa perspectiva.
En 1983 el PAN ganó en las municipales chihuahuenses los ayuntamientos de la capital, de Ciudad Juárez, Parral, Camargo, Ojinaga y Nuevo Casas Grandes, o sea más de 70 por ciento de la población. Don Luis lo cuenta así: “La noticia sacudió al país. El vespertino Últimas Noticias de Excélsior cabeceó: ‘Chihuahua, la tumba del PRI’. A partir de ese acontecimiento, mi estado se convirtió en la esperanza nacional, y creo que no los defraudó”*.
Luego, en 1986, Bartlett instrumentó el fraude patriótico en medio de la huelga de hambre de cuarenta días de don Luis. Hoy, 40 años después, Chihuahua va que vuela a convertirse en la tumba del PAN.
*Medio siglo. Andanzas de un político a favor de la democracia, Plaza y Janés, 2006.