La feria

Harfuch, la sucesión y los dos grupos de Claudia

Muchos le ven patas para gallo en la grande: lograría la candidatura que su padre no obtuvo

Pedro Miguel es una figura clave en la discusión sobre el rumbo y futuro de Morena. En el periódico El País lo entrevistaron para la edición del 19 de junio. La charla es extensa, pero quiero, mes y medio después, rescatar aquí un par de preguntas y respuestas.

La reportera Elena San José cuestiona al también periodista de La Jornada:

–Gran parte del poder actual del gobierno recae en un expolicía, Omar García Harfuch. Es un perfil inusual en la izquierda.

–Este proyecto– contesta Miguel –está concretado en un frente amplio que requiere incluir muchos perfiles, entre ellos, el del policía eficaz. En la izquierda no nos gusta la policía, como no nos gustan los militares, por tradición. Pero no se puede gobernar sin policía y sin militares. García Harfuch viene de esos ámbitos y creo que es un perfil muy profesional que hace un trabajo de una manera espléndida. Aunque el cargo le ha otorgado un perfil político, creo que básicamente él no tiene un perfil político. Es un gran técnico. La reportera repregunta.

–¿Lo vería dirigiendo el país?

–No, no. Lo vería dirigiendo la seguridad. Tal vez habría que cambiar la Constitución para declararlo secretario de Seguridad vitalicio.

No es necesario sobreinterpretar a Pedro Miguel.

Dice en pocas palabras que Omar García Harfuch, un perfil identificado cien por ciento con Claudia Sheinbaum aun antes de ser presidenta, tiene raíces policiacas y militares. Subraya eso, una de las profesiones de su padre, Javier García Paniagua, y la de su abuelo, el general Marcelino García Barragán (titular de Sedena con Díaz Ordaz), para al tiempo de ensalzarlo por su labor en seguridad, negarle “perfil político”.

García Paniagua fue policía, en efecto, tanto en la Ciudad de México como en el plano federal (en la temible DFS), pero también un político con cargos como una senaduría, y efímeros pasos por dos secretarías de Estado y la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional. Eso sin dejar de mencionar que en la carrera sucesoria rumbo a 1982 fue uno de los tapados de López Portillo.

Al menos en la entrevista mencionada, para Pedro Miguel esos antecedentes políticos no son relevantes. Tanto que además de ponderar que Harfuch es un “gran técnico”, declara que lo prefiere de encargado de la policía vitalicio antes que dirigiendo el país. Una descalificación contundente de una de las voces más representativas de eso que luego llaman el obradorismo puro.

Harfuch ya probó el rechazo de ese grupo. En 2023 no lo dejaron pasar en la candidatura de la Ciudad de México. Es senador con licencia y el más cercano secretario de Sheinbaum. Y muchos le ven patas para gallo en la grande: lograría la candidatura que su padre no obtuvo. Muchos, salvo Pedro Miguel y quién sabe cuántos más de los que tienen voz de peso dentro de Morena.

¿Falta mucho para la sucesión presidencial? Pues si releemos la descalificación de Miguel a Harfuch no necesariamente. Y tampoco parece tan lejano el tiempo de pensar en esos relevos si se repara en, por ejemplo, el par de giras de fin de semana que Luisa María Alcalde ha hecho con la jefa de gobierno Clara Brugada para inaugurar obras.

La presidenta Sheinbaum tiene dos equipos. Uno que le ayuda a sacar al país adelante (Harfuch, Roberto Velasco en SRE, Marcelo Ebrard en Economía y hasta Edgar Amador en Hacienda), y otro que parece darle chance –y uno que otro reconocimiento– a esos funcionarios “técnicos” mientras van labrando las opciones del “verdadero” obradorismo desde la Ciudad de México.

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