La feria

AMLO & Andy, apuntes para una selfie nada casual

Sin haber señales de ruptura con la presidenta Claudia Sheinbaum, AMLO mueve ficha para una nueva partida. Sonrían, el futuro empieza otra vez en el Edén; dónde más podría reescribirse esta historia. Parece prematuro, quizá no tanto.

Las selfies tienen vida. Y la de Andrés Manuel López Obrador con Andy prueba que están pasando cosas. El ex que juró que iba a retirarse, justo ahora se hace retratar con su vástago; todo un mensaje a Palacio Nacional y a la militancia de Morena.

El ex tiene proyecto. Sin haber señales de ruptura con la presidenta Claudia Sheinbaum, AMLO mueve ficha para una nueva partida. Sonrían, el futuro empieza otra vez en el Edén; dónde más podría reescribirse esta historia. Parece prematuro, quizá no tanto.

Entre Andrés Manuel y Claudia no está escrita una distancia. Él es inspiración para ella, ella demuestra compromiso. Y creen en el mismo nacionalismo, en la misma patria estatista, en la nostalgia de Cuba, etc., donde Fidel es el bueno siempre, y los cubanos de Miami, gusanos.

Qué más compañerismo que abrevar de las mismas nostalgias. Los une esa identificación por la causa popular y, de parte de ella, la intransitable resolución de que hará todo para demostrar, ex post, que él fue lo mejor que pudo pasarle al país. Nadie se lo ordena; le nace.

Así estábamos hasta el martes. ¿Así estamos después de la selfie? Si antes el ex decidió que seguía ella, con Andrés Manuel, con quien nunca nada es casual, ¿se puede dejar uno de preguntar si no está decidiendo ya mucho más que una diputación federal para su hijo?

Hace tres años Adan Augusto López tuvo un sueño, aunque no tuviera chance. Es cierto que, al más puro estilo de “perdimos, Pollo”, AMLO le hizo creer que igual y se le hacía; AA escuchó el canto de las sirenas y empeñó en esa aventura hasta la camiseta.

El destape probó que la presidencia nunca se le deja a un hermano. Decidido el relevo generacional, moldeó a su sucesora. Los moldes, recuérdese, fraguan lo que sobresale, pero también lo que limita. Es creador y criatura. Ahora el moldeador más colmilludo se ha metido de nuevo al taller.

Quien dijo que solamente volvería si la patria o la presidenta estaban en riesgo, hoy da un paso que no tiene lógica electoral inmediata. ¿Retratarse con Andy para sumarle votos? ¿No nos dijo acaso, otra vez Adan Augusto, que el junior caminando gana? ¿Entonces?

No es Andy el que necesita ser apadrinado. Es la grey la urgida, en medio de la narcoturbulencia, de una imagen que les diga que hay futuro. No se aflijan, la tormenta de hoy, e incluso la eventualidad del fracaso de 2027, ya tiene refacción.

En cosa de un año, la voz del hijo pródigo sonará en San Lázaro. En cosa de cuatro añitos, estará para cosas mayores. Para esos que buscan ser la ‘Cuarta Transformación’, qué tanto es reinvertir un poco de tiempo en un nuevo éxodo de Tabasco al Zócalo.

Pero en la política siempre pierde quien no sale en la foto; los retratos del poder nunca son inocuos: si retratar el futuro es lo que importa, el presente lo resiente; si en el nacimiento hay nuevo niño, qué pastores serán desplazados.

El expresidente le quita spot a la presidenta. Y mientras ella denuesta al nepotismo, en las redes morenistas ungen a este Simba tropical. Si en el antiguo rito, la “aguilita” palomeaba candidaturas, acá no solo se brincan las formas: el “EsAndy” incluye foto sonriente con Él.

No es cualquier expresidente, no es a cualquiera de sus vástagos al que le dio like, y no es cualquier movimiento éste, nacido del mito llamado Andrés Manuel, que rompió su “enclaustramiento” este martes retratándose con su homónimo hijo en una selfie nada casual.

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