La feria

UNAM: cómo no reprobar en la crisis

El caso amenaza con volverse una crisis en la que la UNAM, y el país, no pueden reprobar. Cómo lograrlo.

Los aspirantes aceptados en licenciaturas en la Universidad Nacional Autónoma de México hoy lunes tendrían que comenzar sus trámites de inscripción. Tal proceso quedó suspendido ante la avalancha de indicios de trampa y fraude en exámenes de admisión aplicados desde mayo. El caso amenaza con volverse una crisis en la que la UNAM, y el país, no pueden reprobar. Cómo lograrlo.

Antes de que las autoridades universitarias suspendieran la inscripción, especialistas detectaron un patrón anómalo en resultados de excelencia que pasaron, según una nota del martes, de 9% en 2025 a 30% en 2026. Pero aún hay una relatoría caótica de lo que ha ocurrido. La UNAM anunció una investigación (comité mediante, obvio) mientras prensa y redes hacen lo suyo: publicar versiones.

Una nota de La Jornada del 24 de julio aportaba datos sugerentes: “Días previos al examen de admisión en línea para la licenciatura de la UNAM, diferentes jóvenes en TikTok difundieron supuestas formas para hacer trampa sin ser captados por la inteligencia artificial (IA)”.


En esa información se detalla que en mayo circulaban propuestas desde contar con “un segundo celular en un punto ciego de la cámara de la computadora” o “compartir pantalla en una aplicación llamada Discord para que otra persona le diga el inciso correcto”.

Especialistas como Eduardo Backhoff, extitular del Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (INEE), han señalado la posibilidad tanto de que algunas personas se hayan inscrito al examen solo para acceder a las preguntas y poder difundir respuestas en un esquema de venta pactada, como de que sujetos hayan logrado penetrar el sistema informático de la UNAM.

En lo que se determina qué ocurrió y cómo reponer el proceso de manera efectiva y justa –para que los tramposos no logren su cometido y los desplazados indebidamente no sean víctimas ni un solo ciclo escolar–, la UNAM está metida en un brete, donde lo crucial es que las explicaciones simplistas no primen, y el caso no se convierta en un botín de uno y otro lado del enconado espectro político.

Buscar la solución atravesará preguntas incómodas.

Por ejemplo, si fuera cierto que este examen se hizo en línea para minimizar la desventaja de quienes tendrían dificultades para desplazarse a sedes en la modalidad presencial, ¿no salió más caro el caldo que las albóndigas? El método in situ quizá cuesta traslado y viáticos, pero la opción en línea requiere equipo y abre otras desventajas, como –ahora se ve– hacer más fácil el copiar.

El tema revolverá otras discusiones. Se querrá ver como una muestra más de “la decadencia de valores” en un entorno donde, para unos, el gobierno de Claudia Sheinbaum cobijó las elecciones judiciales que se hicieron, para hablar de fraudes clásicos, con acordeón. Mientras el obradorismo culpará a ese pasado donde se premió el afán individualista al grito calderonista de “haiga sido como haiga sido”.

Ojalá se hable más de si la UNAM tiene el presupuesto suficiente para hacer que sus sistemas estén a la orden del día en un mundo donde los hackers son una amenaza de seguridad nacional e internacional.

La UNAM está entrando en un torbellino que irá más allá de cumplirle a los alumnos que sí merecen un lugar. La generación que encabezó el CEU de los ochenta (justo se van a cumplir cuarenta años) en contra del aumento de cuotas y la modificación del pase automático, ahora abre preparatorias como si fueran enchiladas y promete lugares en planteles de educación superior a los que egresen de las mismas.

Tecnologías que cambian vertiginosamente son aprovechadas por gente sin escrúpulos para vender ilegalmente lugares en la UNAM, todo en un contexto de escasez de oportunidades que contrasta con el discurso obradorista que denuesta el mérito al tiempo que asfixia presupuestalmente a las instituciones, más a las que no se le someten acríticamente.

Así que si vamos a hablar de la UNAM y los que hicieron trampa, tendríamos que hablar de mucho más que “unos malosos”.

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