Todos son necesarios, nadie es indispensable, dice el dicho. Pero este 1 de septiembre, cuando Claudia Sheinbaum cumple dos años al frente del gobierno, ha quedado claro quiénes de sus secretarios de Estado han buscado no sólo ayudarla a que el país crezca o a resolver problemas, sino también a quienes sólo han visto pasar los meses detrás de un escritorio.

El gobierno, entrará ya al tercer año de gobierno y ya no alcanza con decir que un gabinete está “en proceso”, pues dos años son tiempo suficiente para saber quién pesa en las decisiones, quién carga con los problemas y quién simplemente ocupa una silla.
En la primera categoría hay dos nombres que destacan: Omar García Harfuch y Marcelo Ebrard. Seguridad y Economía son, además, los dos frentes más delicados de la relación con Estados Unidos.

A García Harfuch le ha funcionado el cambio de estrategia de seguridad. Dejó atrás el abrazos no balazos, y regresó a exhibir a los delincuentes detenidos y decomisos continuos. Eso ha hecho que reciba elogios del titular de la DEA, Terry Cole, algo que contrasta con la relación que existió con la administración anterior. El secretario tiene resultados que presumir, aunque también enemigos dentro de quienes consideran que su política rompe con el legado lopezobradorista, sin olvidar que es un secretario que ha trabajado ya en varios sexenios.
Ebrard enfrenta una tarea todavía más compleja: la revisión del T-MEC, los aranceles y el proteccionismo de Donald Trump. En diferentes escenarios ha sabido transitar, pese a que por momentos, parece que la relación con Palacio Nacional no es la ideal, ante el protagonismo que tiene dada la revisión del T-MEC que importa a empresarios de todo el país.
A diferencia de Harchuf, Ebrard no recibe demasiados aplausos desde Washington, pero sí muchas horas de negociación. Su famosa frase de que ya casi le asignan lugar de estacionamiento en la capital estadounidense tiene algo de broma y mucho de realidad: pasa más tiempo negociando con el vecino que muchos otros miembros del gabinete, y además está al frente de programas para seguir simplificando tareas a las Pymes.
Hay otros secretarios que, si bien públicamente no están en medios todos los días, el trabajo de oficina, los ajustes y el lápiz, sí se reflejan en la economía, como Edgar Amador en Hacienda.
Sin embargo, otros llegan al segundo año con un perfil tan bajo que la pregunta no es qué crisis han provocado, sino qué resultados concretos pueden presumir, y la lista puede ser larga, sólo hay que tratar de hacer memoria quienes otros trabajan con la presidenta y por qué obras se les recuerda en estos dos años de gobierno.
Parece que permanecer fuera del radar puede ser cómodo, pero también puede revelar falta de peso; aun y cuando tienen labores importantes, pocos proyectos han puesto en marcha en estos dos años. Está igual la SICT, que aún tiene que sufrir dando la cara con las “megaobras” de la pasada administración.
Rosa Icela Rodríguez, en Gobernación, ha mantenido un perfil mucho más discreto que el que tuvieron históricamente sus antecesores, pese a ocupar una posición que debería ser fundamental para la operación política, que no le ha resultado del todo; sólo hay que recordar las protestas de los maestros durante el Mundial.
Y hay secretarías donde el nombre del titular aparece menos que el de los subsecretarios, operadores o incluso funcionarios de otras dependencias. Ese tampoco es un buen síntoma.
El problema para algunos secretarios es que ya no pueden esconderse y hoy se marcan dos años de gobierno y el inicio de la segunda mitad del sexenio. A partir de ahora, la presidenta tendrá que decidir quién le sirve para llegar fuerte a 2027 y quién solamente le ocupa espacio en la fotografía oficial, los reacomodos, y el camino que sigue.
SEP: las cuentas que no cuadran al regreso a clases
Millones de estudiantes regresaron a las aulas para iniciar el ciclo escolar 2026-2027, y mientras la Secretaría de Educación Pública presume normalidad, las cifras presupuestales cuentan otra historia y el presupuesto de 2027, será clave.

Mario Delgado llega al nuevo ciclo con una tregua con la CNTE, pero también con un problema que no se resuelve con negociación política: el dinero no alcanza igual para todos los niveles educativos.
El presupuesto educativo de 2026 asciende a 1.254 billones de pesos, alrededor de 3 por ciento más en términos reales que el año pasado. Es decir, no hay un recorte generalizado, pero los números nunca mienten y el verdadero problema está en cómo se reparte la bolsa.
De acuerdo con el IMCO, educación básica tuvo un incremento real de 7.3 por ciento, mientras que media superior tuvo una reducción de 3 por ciento y educación superior de 4 por ciento, esta última con 181 mil millones de pesos, su nivel más bajo de financiamiento en lo que va del siglo y 40 por ciento menos, en términos reales, que en 2015.
Los números muestran una de las grandes contradicciones de la política educativa: se habla de ampliar la cobertura universitaria mientras se aprieta el gasto precisamente donde se necesita infraestructura, profesores, investigación y equipamiento.
El IPN es un buen ejemplo. Con planteles que llevan meses en conflicto, estudiantes y trabajadores reclaman presupuesto, docentes y mejores instalaciones. Y el presupuesto de 2026 incluyó para el Politécnico una reducción real de 2 por ciento.
A esto se suma la presión sindical. La tregua con la CNTE no significa que desaparecieron las demandas sobre pensiones, ISSSTE, Usicamm y condiciones laborales. En media superior, sindicatos amenazan con paro por 300 millones de pesos que hacen falta para atender el rezago salarial; el examen será evitar que cada conflicto educativo termine convirtiéndose en una factura presupuestal más, peor aún en paros y ciclos escolares incompletos.
La Secretaría de las Mujeres ya tiene cabeza; ¿habrá resultados?
Después de casi cinco meses, la Secretaría de las Mujeres finalmente tendrá titular este primero de septiembre. Si se toma en cuenta el tiempo que estuvo ácefala, se puede pensar claramente que no es una prioridad para el gobierno federal.

Laura Itzel Castillo será la segunda titular a cargo de esta secretaría, que dado el desempeño que tuvo antes, bien podía seguir funcionando indefinidamente en piloto automático.
Por lo pronto, tener secretaria al frente es apenas el primer paso; lo que sigue es demostrar que la nueva dependencia tiene capacidad política, presupuesto y estructura para cumplir con la enorme responsabilidad que le fue asignada y que nada más no se vio en su primera temporada.
Castillo llega con experiencia legislativa y política, pero también con una agenda que no admite discursos: violencia contra las mujeres, feminicidios, acceso a la justicia, prevención y el Sistema Nacional de Cuidados. Este último, además, exigirá algo más que buenas intenciones: coordinación entre dependencias y recursos suficientes, que es todo un reto, tomando en cuenta los amplios recortes presupuestales, por lo que el reto financiero será especialmente importante.
Desafortunadamente, el pretexto que es la curva de aprendizaje, hace pensar que serán todavía meses en los que se tenga un resultado visible, en una secretaría en la que se tenían altas expectatitvas y que poco a poco ha ido quedando desafortunadamente, como un adorno más, ojalá no sea así.
Mastercard de estreno
Y esta semana, Mastercard en México además de presentar los últimos datos en el mundo de medios de pago y tecnología, también tendrá la presentación oficial de su nuevo director en nuestro país, Sidney Massunaga, ex HSBC, quien vendrá a enfocarse en el negocio de tarjetas y buscar ganar terreno en el país.
Por lo pronto, la moneda está en el aire.