Ayer se publicaron las cifras de comercio exterior de Estados Unidos correspondientes a agosto y el dato ya no sorprende: el déficit de bienes y servicios creció 13.7 por ciento respecto a julio, hasta 105 mil 600 millones de dólares, su nivel más alto desde marzo de 2025.
El déficit de bienes llegó a 136 mil 600 millones, apenas moderado por un superávit de servicios de 31 mil millones.
Las importaciones aumentaron 4.3 por ciento en el mes, a 420 mil 800 millones de dólares, mientras que las exportaciones apenas avanzaron 1.4 por ciento, para llegar a 315 mil 200 millones.
Conviene recordar el diagnóstico original del gobierno de Trump. La política arancelaria se presentó con un doble propósito: reducir el déficit comercial, visto como símbolo del debilitamiento manufacturero de Estados Unidos, y generar ingresos que ayudaran a contener el desequilibrio fiscal.
A estas alturas de 2026, ninguno de los dos objetivos parece estarse cumpliendo.
Veamos primero el frente comercial. El principal motor del salto importador no es el consumo sino la inversión: la construcción de centros de datos para la inteligencia artificial. Las compras externas de bienes de capital han marcado récords en los meses recientes, impulsadas por computadoras, accesorios de cómputo y semiconductores.
Hay un factor que explica por qué esa ola fluye sin obstáculos: la electrónica quedó, en los hechos, fuera del alcance arancelario.
Desde abril de 2025, computadoras, teléfonos y semiconductores fueron eximidos de los aranceles “recíprocos”, y el gravamen de 25 por ciento a los chips que entró en vigor en enero pasado, al amparo de la Sección 232, es tan acotado que deja exentos los destinados a centros de datos en territorio estadounidense. El insumo estrella del boom de la IA circula, en la práctica, por un carril libre de impuestos.
Dimensionemos el fenómeno. Los cinco grandes proveedores de nube —Amazon, Microsoft, Google, Meta y Oracle— invertirán este año más de 600 mil millones de dólares, una cifra cercana a 2 por ciento del PIB de Estados Unidos, y buena parte de ese gasto se traduce en servidores, chips y equipo que hoy no fabrican en Estados Unidos. Como proporción del PIB, ese gasto se ha más que duplicado desde 2023.
El resultado es que la geografía del déficit se reacomodó a lo largo de la cadena de suministro de la inteligencia artificial. En julio, el saldo negativo con Taiwán alcanzó un máximo histórico de 20 mil 700 millones de dólares, y también hubo déficits récord con Vietnam, Corea del Sur, Malasia y Tailandia, pese a los aranceles.
Ahora vamos al frente fiscal.
La apuesta recaudatoria se vino abajo cuando la Suprema Corte invalidó los aranceles impuestos al amparo de la ley IEEPA. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) estima que los ingresos por aranceles y derechos aduaneros quedarán unos 250 mil millones de dólares por debajo de lo proyectado, en buena medida por los reembolsos a los importadores, que al cierre de julio ya rondaban los 100 mil millones y llegaron a volver negativa la recaudación neta de las aduanas en ese mes.
Con ello, el CBO elevó a 2.1 billones de dólares su estimación del déficit del año fiscal que terminó el 30 de septiembre, 200 mil millones más que lo previsto en febrero y equivalente a casi el 7 por ciento del PIB, sin que la economía atraviese una recesión.
Hay matices que hay que mencionar. En el acumulado de enero a agosto, el déficit comercial es casi 20 por ciento menor que en el mismo lapso de 2025, debido a que ese año fue distorsionado por las compras anticipadas previas a los aranceles. Pero, la tendencia reciente apunta otra vez al alza y el saldo del comercio exterior ya restó crecimiento al PIB estadounidense durante tres trimestres consecutivos.
La paradoja es clara. El instrumento que iba a cerrar dos brechas a la vez convive hoy con un déficit comercial en máximos de 17 meses y un déficit fiscal en expansión.
La aritmética de fondo es bien conocida. Un país que invierte mucho más de lo que ahorra financia la diferencia con recursos del exterior. Los aranceles pueden redistribuir el déficit entre países, pero difícilmente eliminarlo.
Queda un elemento por vigilar: la Casa Blanca ha dejado abierta la puerta a ampliar los aranceles a una gama más amplia de chips y de productos que los contienen. Si lo hiciera, encarecería justamente la inversión que hoy sostiene una parte importante del crecimiento estadounidense.
Un dato final que interesa de este lado de la frontera: en agosto, el déficit de Estados Unidos con México fue el mayor de todos, con 27 mil 700 millones de dólares, cifra superior a los 24 mil millones de Vietnam y a los 18 mil 300 millones de Taiwán.
El liderazgo en la proveeduría mexicana en elementos para los centros de datos nos está ‘costando’ encabezar esa lista y así seguirá ocurriendo mientras las tendencias no cambien.