Coordenadas

Metas fiscales: alcanzables, pero con condiciones

Entre enero y agosto, el déficit específicamente presupuestario sumó 739 mmdp, prácticamente sin cambio real frente a 2025.

El miércoles pasado, la Secretaría de Hacienda publicó su informe de finanzas públicas a agosto.

Una revisión de la evolución del balance público deja dos observaciones que pudieran parecer contradictorias. La primera es que el déficit va 276 mil millones de pesos (mmdp) por debajo del previsto en el calendario, pero la segunda es que resulta 157 mmdp mayor que el de hace un año.

Ambas comparaciones son correctas. La primera es señalada por el gobierno como prueba de disciplina.


La segunda es vista por algunos analistas como señal de deterioro.

Para efectos del cierre del año, la pregunta relevante es: ¿se cumplirá la meta anual de un déficit amplio —los Requerimientos Financieros del Sector Público— de 4.1 por ciento del PIB?

Me parece que la meta sí es alcanzable, pero bajo tres condiciones.

Primero, veamos algunas cifras. Entre enero y agosto, el déficit específicamente presupuestario sumó 739 mmdp, prácticamente sin cambio real frente a 2025.

El superávit primario se redujo 66 por ciento, a 83.5 mmdp. Los ingresos quedaron 201 mmdp abajo del programa, con un ISR que cayó 5.6 por ciento real —su peor registro para un lapso igual desde 2009— y quedó 124 mmdp debajo de lo previsto.

Lo compensaron parcialmente un IVA que creció 11.4 por ciento real, su mejor avance desde 2021, y los impuestos a la importación, con 9.2 por ciento. El gasto, por su parte, se ejerció 477 mmdp por debajo del calendario.

La primera condición está en los ingresos. Vale precisar que la vara ya viene recortada: en los Criterios 2027, Hacienda bajó su previsión de ingresos tributarios de 2026, de los 5 billones 839 mmdp aprobados en la Ley de Ingresos a 5 billones 731 mmdp.

Aun con esa meta revisada, el último cuatrimestre debe recaudar en impuestos 13 por ciento nominal más que el mismo lapso de 2025, unos 9 puntos reales, cuando en los primeros ocho meses el avance fue de 0.6 por ciento real.

La apuesta está en las aduanas y en el consumo: el IVA creció 23 por ciento real tan solo en agosto. El ISR, atado a las utilidades empresariales de 2025, difícilmente ayudará este año.

La segunda condición está en el gasto. Para cumplir la estimación revisada, el gasto neto de septiembre a diciembre tendría que caer 4 por ciento nominal, alrededor de 8 por ciento real, frente al cierre de 2025.

El subejercicio acumulado indica que el freno ya opera, pero se requiere un apretón más fuerte el resto del año.

La tercera condición es la menos comentada en las discusiones: el denominador del parámetro.

El 4.1 por ciento de déficit es una fracción decimal, y en el denominador está el PIB nominal.

En los Criterios 2027, Hacienda supone que éste crecerá en 2026 en 5.3 por ciento en 2026, a unos 37.3 billones de pesos, con un crecimiento real puntual de 1.5 por ciento. Como argumenté en este espacio la semana pasada, la aritmética del IGAE a julio apunta más arriba: aun con un último trimestre sin crecimiento mensual, el año se encamina a un rango de 1.8 a 2 por ciento, por arriba de las expectativas del consenso.

Si ese escenario se confirma, el PIB nominal rondaría 37.5 billones. La diferencia parece menor, pero juega dos veces a favor de la meta: por el denominador, los mismos pesos de déficit pesan menos, los RFSP se acercarían a 4.0 por ciento; y por el numerador, pues más actividad significa más IVA hoy y mejores pagos provisionales de ISR mañana.

El ajuste no cambia la dirección de la deuda, que subiría de cualquier forma desde el 52.6 por ciento de 2025, a 53.5 por ciento del PIB, pero sí reduce el tamaño del escalón.

No se requiere una hazaña; se requiere que las dos primeras condiciones se sostengan.

Quedan los matices. Cumplir por la vía del freno del gasto tiene implicaciones: facturas pospuestas, inversión contenida y una recaudación que depende cada vez más del consumo y del comercio exterior que de las utilidades.

Y el cierre ocurre en la antesala de un 2027 electoral, con metas más exigentes, RFSP de 3.9 por ciento, un ISR al que se le pide crecer 7.2 por ciento real y las calificadoras atentas a la consistencia entre un ejercicio y el siguiente.

La conclusión es que la meta de 4.1 por ciento para este año sí está al alcance, y que esta vez el crecimiento económico, que durante años fue el flanco débil de las cuentas públicas, juega del lado de Hacienda.

La pregunta que está sobre la mesa es si está tendencia puede permitir que en 2027 se logre el ajuste del déficit a un 3.9 por ciento del PIB.

En una próxima entrega analizaremos las condiciones para que esto suceda.

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