Ayer, el Inegi publicó las cifras oportunas de comercio exterior de agosto y se confirmó el patrón que hemos venido describiendo en este espacio: las exportaciones crecieron 40.4 por ciento anual, empujadas por las manufacturas no automotrices, que avanzaron 63.2 por ciento, con el equipo eléctrico y electrónico a la cabeza, con un alza de 122 por ciento.
El volumen de las exportaciones manufactureras no automotrices alcanzó 380 mil 299 millones de dólares al cierre de agosto.
En espejo, las importaciones de bienes intermedios subieron 41.9 por ciento y sumaron 433 mil 935 millones de dólares en el año.
En esas cifras, más que un problema, hay una oportunidad que México todavía no aprovecha, que como verá en seguida más bien son cuatro.
La cuenta es simple. Entre enero y agosto, las exportaciones totales aumentaron unos 124 mil 500 millones de dólares respecto al mismo lapso de 2025, mientras que las compras de insumos intermedios crecieron cerca de 107 mil millones.
En números redondos, de cada dólar adicional exportado, 86 centavos se fueron en componentes comprados fuera. No hay nada anómalo en ello: así opera la manufactura globalizada.
Pero ahí está también el tamaño del potencial: cada punto porcentual de esos insumos que se sustituya con proveeduría local equivale a más de mil millones de dólares anuales de producción nueva en el país.
Los ensambladores de los nuevos productos estrella de la exportación ya están aquí.
Por ejemplo, Foxconn produce en Guadalajara los servidores de inteligencia artificial más avanzados de Nvidia, e Inventec, Pegatron y Wiwynn ampliaron plantas en Ciudad Juárez.
Pero llegaron con su cadena de proveedores puesta: la propia Foxconn presume fabricar entre 80 y 90 por ciento de los componentes clave de sus servidores.
Por eso la inversión extranjera registrada desde Taiwán apenas sumó 40 millones de dólares en 2025, de acuerdo con la Secretaría de Economía, mientras el déficit comercial con esa isla rondó los 45 mil millones. La tarea, entonces, no es atraer el ancla sino desarrollar proveedores a su alrededor.
Hay cuando menos cuatro terrenos potenciales donde México ya cuenta con fábricas, materia prima y oficio.
El primero es el enfriamiento. Los servidores de inteligencia artificial generan tanto calor que ya no se enfrían con ventiladores, sino con sistemas líquidos cuyas piezas son, en su mayoría, de cobre, y cuya oferta mundial está rebasada por la demanda. México es potencia minera en cobre y potencia manufacturera en refrigeración y aire acondicionado, con el clúster de Nuevo León a la cabeza; Vertiv, uno de los líderes mundiales de estos equipos, abrió ya una planta en Monterrey.
Encadenar el cobre nacional con esa industria hacia los sistemas térmicos de los centros de datos es una vocación que no se ha puesto sobre la mesa.
El segundo es el paquete eléctrico. El principal freno de los centros de datos en Estados Unidos no son los chips, es la electricidad: hay esperas de más de dos años por transformadores y estimaciones privadas de que hasta la mitad de la capacidad prevista para 2026 podría retrasarse por falta de equipo. México exportó más de 7 mil 400 millones de dólares en transformadores en 2024 y alberga en Monterrey a Prolec, el mayor productor de Norteamérica, un activo tan estratégico que GE Vernova pagó este año 5 mil 275 millones de dólares por la mitad que no controlaba. El servidor se ensambla en Jalisco, pero todo lo que lo enciende puede fabricarse en Nuevo León.
El tercero es el cableado. México es el mayor exportador mundial de arneses automotrices, justo el sector que hoy se contrae: las ventas externas de la industria automotriz cayeron 2.2 por ciento en agosto. Un gabinete de servidores lleva kilómetros de cable de cobre y miles de conectores, y la capacidad instalada y la mano de obra calificada que va liberando el arnés automotriz son exactamente las que esta nueva industria demanda. Se trata de una reconversión, no de una reinvención.
El cuarto son los circuitos impresos, las tarjetas sobre las que se montan los chips y que México casi no fabrica. Tailandia decidió capturar ese eslabón y atrajo cerca de 10 mil millones de dólares en proyectos en tres años mediante incentivos focalizados, incluidos proveedores directos de Nvidia.
México tiene un argumento adicional: una tarjeta hecha en la región refuerza la regla de origen del servidor, justo cuando en la revisión del T-MEC se discute la dependencia de insumos provenientes de fuera de Norteamérica.
El Plan México ya se propone elevar el contenido nacional de las exportaciones. Lo que piden las cifras que ayer se dieron a conocer es definición: enfriamiento, equipo eléctrico, cableado y tarjetas electrónicas, para empezar.
Son cuatro apuestas quirúrgicas en lugar de metas agregadas.
Tailandia eligió un eslabón y lo ganó. México puede elegir cuatro en los que ya tiene con qué.
El auge de la inteligencia artificial nos está prestando la ventana. Las cadenas de proveeduría, una vez que se instalan en alguna parte, rara vez se mudan.
Hay que aprovecharlas.