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El golpe al peso: ¿episodio o tendencia?

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El peso todavía acumula una apreciación cercana a 3 por ciento en el año y superior a 5 por ciento en doce meses.
(Fotoarte: Alan Unterberger/Shutterstock)

Ayer, el dólar llegó a cotizarse hasta en 17.60 pesos, su nivel más alto desde finales de julio, con una depreciación cercana a 1.2 por ciento respecto al cierre previo.

Visto de manera aislada, un movimiento de esa magnitud no debería llamar demasiado la atención. Pero no es un episodio aislado. Apenas el 4 de septiembre, el tipo de cambio había cerrado en 16.88 pesos, su mejor nivel desde mayo de 2024. En menos de tres semanas, el peso perdió alrededor de 3.5 por ciento.

¿Qué cambió? En apenas diez días se desmontó buena parte del andamiaje que sostuvo al llamado superpeso.

El 16 de septiembre, la Reserva Federal subió su tasa en un cuarto de punto, a un rango de 3.75 a 4.00 por ciento. Fue el primer incremento desde julio de 2023 y se aprobó por unanimidad, con el aval de su nuevo presidente, Kevin Warsh, a quien Trump nombró con la expectativa de que recortara. Además, 16 de los 18 miembros del Comité anticipan al menos un alza adicional este año.

Dos días después, el Banco de Japón elevó su tasa a 1.25 por ciento, la más alta en 31 años.

Y el martes 22, ante la ONU, Trump calificó a México como “el epicentro de la violencia de los cárteles”, y la Casa Blanca advirtió que, si nuestro país no actúa, Estados Unidos se verá obligado a hacerlo.

Tres golpes en diez días. Los dos primeros pegan en el corazón del atractivo financiero del peso: el diferencial de tasas. Con Banxico en 6.50 por ciento y la Fed en 4.00, la ventaja de invertir en pesos se redujo a entre 250 y 275 puntos base, la menor en más de una década. Y, como el fondeo barato en yenes también se encarece, la operación de carry trade que alimentó la apreciación del peso pierde combustible por ambos extremos. El tercer golpe reintroduce una prima de riesgo propia: la seguridad y el estado de la relación bilateral.

A ese cuadro se sumó un ingrediente energético. Con los precios del diésel en máximos históricos por los conflictos en Irán y Ucrania, Trump se pronunció por prohibir las exportaciones estadounidenses de ese combustible, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó que se evalúa una restricción total o parcial. México sería el país más afectado: importa alrededor de una tercera parte del diésel que consume y Estados Unidos es su principal proveedor. Una medida así perjudicaría al transporte, el campo y la industria, y complicaría a las finanzas públicas al demandar más subsidios.

¿Estamos entonces ante un ajuste pasajero o ante un cambio de tendencia?

Hay argumentos para la calma. El peso todavía acumula una apreciación cercana a 3 por ciento en el año y superior a 5 por ciento en doce meses. La caída de ayer, además, fue compartida por otras divisas emergentes, como los pesos colombiano y chileno, señal de que el origen inmediato está más en la fortaleza del dólar que en México.

El diferencial de tasas, aunque comprimido, sigue siendo de los más amplios entre las economías emergentes, y la tasa de interés real, medida contra una inflación de 3.26 por ciento, ronda los 3 puntos. Además, el nivel de 17.50 que ayer estuvo a la vista es, justamente, el cierre de año que proyecta el consenso de analistas en la encuesta Citi. El mercado no rebasó las expectativas; sólo llegó a ellas con tres meses de anticipación.

Pero también hay señales de que el entorno ya es otro. El motor estructural de la fortaleza del peso se está apagando de manera simultánea en Washington y en Tokio, y si la Fed vuelve a subir en octubre o en diciembre, como lo descuenta el mercado, el diferencial se acercaría a 225 puntos base.

En términos técnicos, ayer el tipo de cambio rompió su promedio móvil de 100 días, una referencia que suele marcar cambios de régimen.

Mi impresión es que no estamos, por ahora, ante el inicio de una espiral de depreciación, pero sí, muy probablemente, ante el fin de la tendencia de apreciación. El rango de operación del tipo de cambio se recorrió hacia arriba.

En ese contexto llega la decisión de Banxico de hoy. El consenso es casi unánime: la tasa se quedará en 6.50 por ciento. En la encuesta Citi, 25 de 36 analistas no anticipan cambios en lo que resta de 2026 ni en 2027. Por la mañana, además, se publica la inflación de la primera quincena de septiembre, que podría confirmar la moderación reciente.

Por eso, lo relevante no será la decisión sino el tono. Habrá que ver si el comunicado reconoce el nuevo ciclo de la Fed y la compresión del diferencial, si el tipo de cambio reaparece como riesgo para la inflación y si se mantiene la unanimidad de las dos reuniones previas.

Porque la verdadera noticia es que la Fed le acaba de cerrar a Banxico la puerta de los recortes.

La pausa, que parecía un descanso, empieza a parecer un piso. Y ya hay analistas que piensan que el siguiente movimiento, cuando llegue, será hacia arriba.

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