Coordenadas

El mapa de la Fed viene sin recortes

La mediana del Comité ubica la tasa en 4.1 por ciento al cierre de este año, es decir, otra alza en diciembre; 16 de 18 participantes la ven ahí o más arriba.

Lo menos sorprendente de la decisión de la Fed fue el alza de un cuarto de punto.

Descontada por los mercados, el alza de 25 puntos base que llevó la tasa al rango de 3.75 a 4.00 por ciento era casi un trámite. Es la primera desde julio de 2023, deshace uno de los tres recortes de 2025 y fue unánime: hasta Jerome Powell, que se quedó como gobernador, votó por revertir un recorte que él mismo encabezó. La noticia está, sobre todo, en el mapa que la acompaña.

La mediana del Comité ubica la tasa en 4.1 por ciento al cierre de este año, es decir, otra alza en diciembre; 16 de 18 participantes la ven ahí o más arriba.

Para 2027 la mediana se queda en 4.1 por ciento: catorce de 18 no ven un solo recorte el año próximo y apenas cuatro contemplan bajar.

El primer recorte previsto aparece hasta 2028, y en 2029 la tasa proyectada, 3.6 por ciento, sigue por encima de la que la propia Fed considera neutral, 3.2 por ciento, una décima más que en junio.

Van cuatro años en terreno restrictivo. En junio todavía había recortes en el horizonte; ese horizonte se cerró.

La razón está en el diagnóstico. El comunicado, breve y sin guía futura al estilo de Kevin Warsh, describe una economía que crece a paso sólido, con productividad fuerte, inversión robusta y desempleo estable. Las cifras: crecimiento del PIB de 2.3 por ciento este año y 2.4 el próximo, desempleo de 4.1 en toda la trayectoria e inflación PCE de 3.7 por ciento en 2026.

La Fed sube tasas no porque la economía se enfríe, sino porque no se enfría. Warsh lo dijo sin rodeos: la inflación “es demasiado alta y lo ha sido por demasiado tiempo”.

Hay una tensión en el propio documento. La mediana supone que la inflación baja de 3.7 a 2.3 por ciento en un año sin que suba el desempleo y con la economía creciendo arriba de su potencial.

Eso ocurriría únicamente si el choque petrolero de la guerra con Irán, con el crudo arriba de 100 dólares, se disipa por sí solo. Y 17 de 18 participantes juzgan que los riesgos para la inflación están cargados al alza.

Los bancos leen esa tensión de maneras distintas. Goldman Sachs sostiene que no hay un caso económico sólido para subir, que la economía no está sobrecalentada y que alzas limitadas poco pueden contra un choque de oferta; mantiene dos recortes para 2027. JPMorgan y Morgan Stanley esperan otra alza en diciembre por los efectos de segunda ronda de la energía, y Bank of America llega a tres alzas este año. El mapa del Fed quedó más cerca de estos últimos.

El mercado lo leyó igual. Las bolsas subían hasta que Warsh dio a entender que ésta no sería la última alza: el Dow perdió 1.2 por ciento, el S&P 500 sumó su séptima baja en ocho sesiones y el dólar tuvo su mayor avance en tres meses. Los bonos del Tesoro a diez años cerraron en 5.01 por ciento, máximo desde 2007; los de dos años, en su nivel más alto en 24 meses, mientras el de 30 años bajó: el mercado toma en serio el compromiso.

No es un caso aislado: el BCE subió la semana pasada y el Banco de Japón lo haría mañana.

Trump exigió en redes tasas de “1 por ciento o menos” y, ante reporteros, dijo que sigue confiando en Warsh pero que la Junta “es muy hostil”; incluso le sugirió votar con ella porque “no iba a importar”. Warsh dijo no tener nada que informar sobre sus conversaciones con el presidente.

Para México, el efecto más inmediato es el diferencial. Con la tasa de Banxico en 6.50 por ciento, la brecha frente al Fed se estrecha a entre 250 y 275 puntos base, según se mida; es su nivel más bajo desde diciembre de 2015.

El peso, que hace una semana cotizaba debajo de 17, cerró ayer en 17.24 con el mercado local cerrado por la fiesta nacional; la reacción completa llega hoy.

Pero el diferencial nominal es una parte de la historia. México tiene hoy menos inflación que Estados Unidos: 3.26 por ciento en agosto, con una subyacente de 3.88 que lleva siete meses a la baja, frente a 3.4 del índice al consumidor estadounidense y 3.7 del PCE.

En términos reales, la tasa de Banxico ronda los 3.2 puntos; la del Fed, apenas medio punto. El banco central mexicano ya hizo el trabajo que los demás apenas empiezan.

Eso enmarca la decisión de Banxico del próximo 24 de septiembre.

La Junta de Gobierno dejó la tasa en 6.50 por ciento en agosto, anticipó que la pausa continuará y aplazó la convergencia a la meta de 3 por ciento al cuarto trimestre de 2027. Banamex y Banorte no ven movimientos hasta finales del año próximo, y Bank of America estima que Banxico preferirá dejar que el peso se ajuste antes que mover la tasa, dado el bajo traspaso a precios.

La pregunta no es si Banxico sigue a la Fed; los números dicen que no tiene que hacerlo.

La fortaleza del peso, construida sobre el carry trade, pese a un ajuste menor, sobrevive a un mundo en el que el dinero se encareció en todas partes menos aquí.

El mapa de la Fed no tiene recortes hasta 2028. Veremos cómo evoluciona el tipo de cambio, sobre todo después de un ajuste del Banco de Japón mañana.

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