Coordenadas

El crecimiento que viene del comercio mayorista

La nueva cadena tecnológica abre una oportunidad enorme para México. Pero el desafío no consiste simplemente en exportar cada vez más servidores. Eso ya está sucediendo.

El dato sorprendió. La economía mexicana creció 1.4 por ciento en el segundo trimestre respecto al primero, el mayor avance desde inicios de 2022, luego de la caída de 0.3 por ciento con la que arrancó el año.

A tasa anual, con cifras originales, el crecimiento fue de 2.1 por ciento. Pero, detrás de ese resultado aparece una historia bastante menos vigorosa de lo que sugiere el dato agregado.

Casi la mitad del crecimiento anual provino de un solo sector: el comercio al por mayor.

De acuerdo con los datos del INEGI, esta actividad creció 11.3 por ciento y aportó prácticamente un punto porcentual de los 2.1 puntos que avanzó el PIB. Aunque representa menos de la décima parte de la economía, sin su contribución el crecimiento habría sido de alrededor de 1.2 por ciento.

Si al comercio mayorista se agregan construcción, agro, minería y actividades gubernamentales, estos cinco sectores explican cerca de 84 por ciento del crecimiento anual.

La construcción avanzó 4.8 por ciento y la minería 4.9 por ciento, aunque esta última sigue casi 4 por ciento debajo de su nivel de hace dos años.

¿Qué explica entonces el extraordinario desempeño del comercio al mayoreo?

Hay, de entrada, un efecto estadístico. Hace un año el sector cayó 8.3 por ciento. Pese al salto reciente, frente a hace dos años apenas está alrededor de 2 por ciento arriba.

También ayudó el campo, que al crecer 4.8 por ciento generó más movimiento en la distribución de materias primas.

Pero hay un tercer elemento más revelador: el torrente de mercancías electrónicas que atraviesa México.

En el primer semestre, México exportó 82 mil 900 millones de dólares de equipo de cómputo y esos envíos crecen a un ritmo anual de 172 por ciento. Los servidores vinculados con la inteligencia artificial superaron por primera vez a los autos y autopartes como principal producto de exportación, como ya le hemos comentado.

Al mismo tiempo, las importaciones procedentes de Taiwán de este tipo de equipos alcanzaron 28 mil 400 millones de dólares, más que en todo 2025.

Y aquí aparece una paradoja.

Mientras el valor de esos flujos comerciales casi se triplicó, el PIB de la fabricación de equipo de cómputo creció apenas 2.2 por ciento.

No podemos atribuir todo el auge mayorista a los servidores. Pero la brecha entre sus exportaciones y el valor agregado de la industria que los fabrica es una señal poderosa.

México está participando intensamente en la fiebre de la inteligencia artificial, pero el valor de las mercancías que mueve está creciendo muchísimo más rápido que el valor que agrega su industria.

Buena parte de los equipos y componentes entra al país, se integra o redistribuye, y sale sobre todo hacia Estados Unidos. Lo que las cuentas nacionales capturan de ese tránsito es, en buena medida, el margen de comercialización: por eso el rastro del auge aparece en el mayoreo y no en la fábrica.

En contraste, las manufacturas cayeron 0.4 por ciento en el segundo trimestre y fueron uno de los principales lastres de la actividad. Dieciséis de sus 21 subsectores registraron números rojos. El equipo de transporte cayó 1.8 por ciento y los aparatos eléctricos, 6.3 por ciento.

En el conjunto del primer semestre, la industria prácticamente no creció y las manufacturas acumularon una caída de 1.1 por ciento.

El PIB está creciendo, pero las fábricas no.

El consumidor tampoco participó demasiado de la mejoría. El comercio al por menor avanzó apenas 0.9 por ciento y los hoteles y restaurantes cayeron 2.6 por ciento, en el trimestre en que comenzó el Mundial.

Por eso conviene no extrapolar mecánicamente el 1.4 por ciento trimestral.

Los datos de junio ya mostraban cierta pérdida de velocidad. El IGAE cayó 0.1 por ciento mensual, su segundo retroceso consecutivo, mientras los ingresos reales de los mayoristas disminuyeron 1.2 por ciento en el mes.

La cifra sí movió las expectativas. Banco Base, por ejemplo, elevó su pronóstico de crecimiento para 2026 de 1.0 a 1.4 por ciento y seguramente otras instituciones también revisarán al alza.

El crecimiento del segundo trimestre es real y es una buena noticia. El problema está en su composición: estuvo inusualmente concentrado y no estuvo acompañado por una recuperación generalizada de la industria ni del consumo.

La nueva cadena tecnológica abre una oportunidad enorme para México. Pero el desafío no consiste simplemente en exportar cada vez más servidores. Eso ya está sucediendo.

La verdadera oportunidad es lograr que una proporción creciente del valor de esos equipos se genere aquí: en componentes, proveedores, ingeniería, integración y procesos de mayor contenido tecnológico.

Si eso ocurre, la fiebre de la inteligencia artificial podrá convertirse en un nuevo motor industrial. Si no, podremos seguir batiendo récords de exportación mientras las fábricas mexicanas apenas se mueven.

El próximo dato del PIB nos permitirá saber cuál de esas dos historias está empezando a escribirse.

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