Coordenadas

El 2.7% de julio: la mejor cifra del año

Lo que importa ahora es si habrá combustible —inversión, certidumbre comercial, crédito— para que este ritmo dure más allá del efecto de rebote de julio

Ayer, el INEGI dio a conocer el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE), que anticipa para julio un crecimiento anual de 2.7 por ciento del IGAE, el termómetro mensual más amplio de la economía mexicana.

Se trata de la tasa anual más alta en lo que va de 2026 y confirma algo que hemos venido señalando en este espacio: la economía mexicana, que arrancó el año prácticamente detenida, tomó velocidad a partir del segundo trimestre y no la ha soltado.

Veamos la trayectoria. En enero, el IGAE se desplomó 0.9 por ciento mensual y, en el conjunto del primer trimestre, el PIB apenas creció 0.4 por ciento anual, con una contracción respecto al trimestre previo. El panorama era sombrío.


El punto de inflexión llegó en abril, cuando la actividad económica saltó 1.2 por ciento mensual, el mayor avance desde marzo de 2021. Mayo y junio consolidaron la mejoría, con tasas anuales de 2.0 y 1.7 por ciento, y la estimación oportuna del PIB del segundo trimestre arrojó una expansión de 1.5 por ciento trimestral.

Con el 2.7 por ciento de julio, el tercer trimestre arranca con un impulso que pocos anticipaban.

¿Cómo se explica este resultado? A mi juicio, se combinaron tres factores.

El primero es real: el dinamismo de los servicios. Las actividades terciarias, que representan dos terceras partes de la economía, han sido el motor de todo el año, apoyadas en el comercio, en un consumo que resiste y en la derrama que dejó el Mundial, cuya fase final se jugó en las primeras semanas de julio y prolongó el impulso en turismo, alojamiento y esparcimiento. En julio, este sector creció 2.8 por ciento anual.

El segundo es estadístico: la base de comparación. Julio de 2025 fue un mes particularmente malo, con una caída anual de 1.2 por ciento del IGAE. Cuando se compara contra un piso tan bajo, la tasa anual se infla. Una parte del 2.7 por ciento es, simplemente, el espejo de la debilidad de hace un año.

El tercero es el cambio en el entorno de incertidumbre. La definición alcanzada el 1 de julio en torno al T-MEC, con el acuerdo de revisiones anuales hasta 2036, y la expiración de los aranceles globales de la Sección 122 despejaron parte de las dudas. Persiste el riesgo asociado a cada revisión, pero se eliminó el de un abandono prematuro del tratado por parte de Estados Unidos. La construcción, además, ha venido dando soporte a un sector industrial que sigue siendo el eslabón débil.

Hay que advertir que el IOAE es una primera aproximación, no un dato definitivo. La cifra firme del IGAE de julio se conocerá hasta finales de septiembre y puede diferir. Pero la dirección del movimiento es inequívoca: la economía acelera.

¿Qué esperar hacia adelante? El consenso de los analistas consultados por Banxico en julio ubica el crecimiento de 2026 en 1.2 por ciento, después de haberlo elevado desde 1.1, con un estimado para el tercer trimestre de apenas 0.29 por ciento trimestral. Si el dato de julio se confirma, ese pronóstico se quedará corto y veremos una nueva ronda de revisiones al alza en las próximas semanas.

Hay que recordar que el PIB en la primera mitad del año habría crecido alrededor de 1.2 por ciento anual. Para que 2026 cierre claramente por encima del consenso, la segunda mitad tendría que promediar tasas cercanas al 2 por ciento. Los datos de julio sugieren que no es un escenario descabellado.

No todo es terreno despejado. Las manufacturas siguen rezagadas en la comparación anual, la inversión fija no termina de despegar y las investigaciones comerciales abiertas en Estados Unidos mantienen un elemento de riesgo permanente sobre el sector exportador.

Tampoco hay que perder de vista el efecto estadístico en sentido inverso: los últimos meses de 2025 fueron mejores, de modo que las tasas anuales del cierre de 2026 tenderán a moderarse aunque la economía mantenga su ritmo.

La economía mexicana, como ya lo habíamos comentado, metió el acelerador en el segundo trimestre y, con el dato de ayer, todo indica que acentuó la tendencia al arrancar la segunda mitad del año.

La pregunta relevante ya no es si crecemos, pues ya lo estamos haciendo.

Lo que importa ahora es si habrá combustible —inversión, certidumbre comercial, crédito— para que este ritmo dure más allá del efecto de rebote de julio.

De eso dependerá que 2026 termine siendo el año en que la economía sorprendió al alza, y no apenas un buen verano.

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