Coordenadas

El rebote desigual de la inversión

El rebote existe, pero descansa todavía en una base estrecha. La inversión pública representa alrededor de una sexta parte del total: puede mover el indicador durante algunos meses, pero difícilmente determinará por sí sola su trayectoria.

El dato que publicó este miércoles el INEGI parece tranquilizador: en mayo, la inversión fija bruta creció 2.4 por ciento anual con cifras desestacionalizadas, pese a su retroceso de 0.4 por ciento respecto a abril.

Para entender bien lo que está sucediendo, sin embargo, hay que revisar sus componentes. Hay algunos que ya crecen con fuerza, mientras otros siguen detenidos o a la baja.

Hay tres cortes del indicador que permiten medir qué tan concentrado está el repunte.

El primero aparece en la construcción. Con cifras originales, la inversión no residencial creció 12.4 por ciento anual en mayo, mientras la residencial cayó 4.7 por ciento. El deterioro de la vivienda es todavía más visible en la serie desestacionalizada: retrocedió 7.9 por ciento tan solo frente a abril.

El crédito ayuda a explicar una parte. Desde el segundo semestre de 2025, la banca ha perdido dinamismo en el otorgamiento de nuevas hipotecas y las tasas siguen siendo elevadas para el bolsillo de las familias.

Los programas de vivienda social podrían compensar gradualmente esa debilidad, pero muchas de las unidades anunciadas apenas están en construcción. Todavía no alcanzan para revertir la caída del resto de los segmentos.

El contraste no describe, por tanto, un auge general de la construcción, sino un cambio en su composición. Crece el capital destinado a infraestructura y otros activos no residenciales, mientras pierde terreno el componente ligado directamente al patrimonio de las familias.

La segunda brecha está en la maquinaria y el equipo. El componente importado creció 5.6 por ciento anual en mayo, mientras el de origen nacional cayó 9.8 por ciento y acumula un descenso de 10.7 por ciento entre enero y mayo. Incluso dentro del equipo de transporte, el importado avanzó 5.1 por ciento y el fabricado en México retrocedió 8.5 por ciento.

El patrón es compatible con una modernización que depende crecientemente de tecnología adquirida en el exterior: cómputo, automatización y maquinaria especializada. Las preferencias arancelarias del T-MEC facilitan esas compras cuando los bienes cumplen las reglas de origen.

El equipo importado sí aumenta la capacidad productiva del país, pero genera menos demanda directa para los fabricantes nacionales de bienes de capital y sus proveedores.

La tercera brecha es la más importante. La inversión pública creció 19.7 por ciento anual en mayo y la construcción pública se disparó 30.5 por ciento. La inversión privada, en cambio, cayó 1.3 por ciento anual en el mes y 1.9 por ciento en el acumulado enero-mayo. En mayo retrocedieron tanto su componente de construcción como el de maquinaria y equipo; en el acumulado, la construcción privada todavía creció 1.1 por ciento, pero la maquinaria y equipo cayó 5.1 por ciento.

Este último corte ayuda a ordenar los anteriores. El vigor se concentra donde el presupuesto público o la importación de tecnología ofrecen soporte, mientras las decisiones privadas de largo plazo — construir vivienda, ampliar plantas o comprar equipo nacional— siguen dominadas por la cautela.

El impulso público debe reconocerse. Se compara con una base deprimida en 2025, cuando el gasto se contrajo después de concluir los megaproyectos del sexenio anterior. Hacienda ofrece una señal adicional, aunque no directamente comparable con el indicador del INEGI: en junio, la inversión física del sector público presupuestario aumentó 56.2 por ciento real anual. El salto revela una aceleración de la ejecución durante el mes, pero aún no elimina el rezago, pues en el acumulado enero-junio todavía registra una caída de 7.9 por ciento.

Sin embargo, confirma lo anuanciado por el secretario de Hacienda, Edgar Amador, que aquí le reportamos, en el sentido de que la inversión pública habría de acelerarse en el segunda parte del año.

En el agregado, se tiene que moderar el entusiasmo. Entre enero y mayo, la inversión total aún cayó en 0.5 por ciento anual. En el primer trimestre representó alrededor de 21 por ciento del PIB, lejos de la meta del Plan México de mantenerla por encima de 25 por ciento.

El rebote existe, pero descansa todavía en una base estrecha. La inversión pública representa alrededor de una sexta parte del total: puede mover el indicador durante algunos meses, pero difícilmente determinará por sí sola su trayectoria. Menos aún con el margen fiscal disponible.

La recuperación necesita que se sume la inversión privada. Reducir la incertidumbre en torno a la revisión del T-MEC, ofrecer reglas estables y diseñar contratos mixtos de infraestructura suficientemente atractivos son tres palancas inmediatas para destrabar proyectos.

También se requiere que la certidumbre se traduzca ya en las decisiones de los consejos de administración y no solamente en unos pocos anuncios de inversión que llegan a la mañanera.

En resumen, la buena noticia es que la inversión ya camina.

La mala es que, mientras la iniciativa privada no se sume con fuerza, seguirá necesitando muletas

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