Coordenadas

Una pausa que suena a alza

El mercado no descuenta tanto un alza inminente como el temor de que la Fed se esté quedando atrás frente a la inflación. Los futuros, en todo caso, ya no anticipan ningún recorte en lo que resta de 2026.

La Reserva Federal no movió ayer su tasa de interés y, sin embargo… todo lo demás se movió.

El Comité de Mercado Abierto mantuvo la tasa de referencia en el rango de 3.50 a 3.75 por ciento por quinta reunión consecutiva. Pero la votación, de 9 contra 3, contó otra historia: Beth Hammack (Cleveland), Neel Kashkari (Minneapolis) y Lorie Logan (Dallas) votaron por subir un cuarto de punto. No se veían tantos disensos en favor de un alza desde septiembre de 2016, hace una década.

El mercado entendió el mensaje y lo amplificó al cierre. El Dow perdió 1,153 puntos, 2.2 por ciento, su peor jornada desde abril de 2025; el S&P 500 cayó 1.5 por ciento y el Nasdaq, 1.7, ya en corrección técnica.

Pero la señal más inquietante vino de los bonos: el rendimiento de los Bonos del Tesoro a 10 años subió a 4.67 por ciento y el de 30 años rebasó 5.2 por ciento, su nivel más alto desde 2007.

El de 2 años, el más sensible a la Fed, incluso bajó. Traducción: el mercado no descuenta tanto un alza inminente como el temor de que la Fed se esté quedando atrás frente a la inflación. Los futuros, en todo caso, ya no anticipan ningún recorte en lo que resta de 2026.

Las razones están a la vista: una inflación que acumula más de cinco años por encima de la meta de 2 por ciento —pese a la sorpresa a la baja de junio, con 3.5 por ciento anual— y un petróleo desbocado por el conflicto con Irán: el WTI saltó ayer casi 7 por ciento, a cerca de 90 dólares por barril, luego de que Trump advirtió que golpearía “duro” a Teherán tras los ataques con misiles contra fuerzas estadounidenses.

En su conferencia de prensa, Kevin Warsh, presidente de la Fed, confirmó que no habrá pistas sobre el rumbo de las tasas, pero advirtió que la Fed hará lo necesario para llevar la inflación a la meta de 2 por ciento.

Y dejó la frase del día: celebró que los rendimientos hayan subido pese a la pausa porque, dijo, los mercados “están aprendiendo a jugar la pelota y no al árbitro”. Es decir, a reaccionar a los datos y no a las señales del banco central.

Warsh contó que la discusión del Comité giró en torno a cuatro preguntas. La primera, la más compleja: tras cinco años de inflación elevada, “¿el pasado realmente ya pasó?”. Las otras aludían a los choques acumulados: cadenas de suministro tensionadas, conflictos militares, disrupciones energéticas y “aumentos sustanciales” de aranceles. Es decir, la Fed ya no discute un fenómeno transitorio, sino un entorno estructuralmente más inflacionario.

Es toda una declaración de régimen. Warsh quiere una Fed menos protagónica, sin “forward guidance”, que devuelva al mercado la tarea de fijar precios. Sus críticos advierten que ese hermetismo deliberado tendrá un costo inevitable: más volatilidad. La jornada de ayer fue una probadita.

No deja de ser irónico. Donald Trump nombró a Warsh, tras años de atacar a Jerome Powell por no recortar lo suficiente. Hoy, su halcón preside una Fed cuyo debate interno no es cuándo bajar, sino si hay que subir.

Para México, el mensaje puede generar ruido. Aunque el peso resistió bien la primera reacción: el dólar spot, que rondaba 17.51 pesos en la previa, bajó a alrededor de 17.45 tras el anuncio. El riesgo está adelante: el diferencial de tasas con Banxico —hoy cercano a 275 puntos base, con la tasa mexicana en 6.50 por ciento— se comprimiría si la Fed sube antes de fin de año, restando atractivo al carry en pesos.

El problema de fondo es la asimetría: la economía mexicana, que arrastra debilidad y una renegociación del T-MEC sin cierre a la vista, pediría tasas más bajas. Pero el entorno externo castiga a quien recorte. Banxico queda atrapado entre una economía que se enfría y una Fed que amaga con calentar.

La conclusión es una sola: el ciclo global del dinero barato se acabó. Y en un mundo con guerra, aranceles y petróleo caro, la pausa de ayer puede ser apenas el preludio de un apretón.

Ya lo veremos.

Herencias en Banamex (y BBVA)

Ignacio Deschamps anunció ayer que deja la presidencia del consejo de Banamex. Toma ese cargo el principal accionista individual de la institución: Fernando Chico Pardo.

En una detallada carta enviada a los Consejeros y a los ejecutivos de Banamex, Deschamps hace un preciso recuento del periodo que le tocó, y en el que dejó una profunda transformación en el banco, que hoy tiene nuevamente identidad propia y proyecto definido.

Además de agradecer a los que le acompañaron, detalla el futuro que visualiza para Banamex bajo Chico Pardo en la presidencia y Edgardo del Rincón en la dirección general.

Esa carta será un documento para la historia del propio banco.

De manera coincidente, y entiendo que circunstancial, BBVA dio a conocer también el relevo de Jaime Serra en la presidencia del consejo, dejando a Eduardo Osuna a la cabeza, de modo natural.

Serra es un personaje de la vida pública del país, además de haber sido prominente banquero. Hizo historia.

La coincidencia de los cambios marca una etapa de la banca mexicana, en la que habrá nuevos personajes que emergerán a la escena. Los iremos conociendo.

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