Dice un adagio muy sabio que una golondrina no hace verano. Pero cuando ya hay varias, es indicio de que la estación cambió.
El domingo pasado comenzó el verano en el hemisferio norte y, con él, parece que han empezado a llegar algunas “golondrinas económicas”.
Antes de seguir con estos temas astronómicos, permítame una digresión.
¿Por qué acudieron 400 mil personas al Ángel de la Independencia cuando México le ganó a Corea?
Porque estamos necesitados de buenas noticias y, cuando las detectamos, nos gusta celebrarlas. Si las tuviéramos a diario, dejarían de llamarnos la atención y no serían motivo de fiesta.
Y luego está el tema de la escala. Seguramente en Alemania no celebraron el esforzado 2-1 que sacaron frente a Costa de Marfil. Aquí, en cambio, el 1-0 a Corea supo a goleada.
En la economía estamos en una circunstancia parecida. Sé que no se puede convocar a una fiesta por un indicador, pero conviene no pasarlo por alto, porque hoy los buenos datos también son goles.
Ayer surgieron varios que no podemos ignorar, todos referidos a abril.
El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) creció 2.2 por ciento anual, su mejor lectura del año. Y, a tasa mensual y con cifras desestacionalizadas, avanzó 1.2 por ciento, el mayor repunte en poco más de cinco años, desde marzo de 2021. Es, además, el tercer mes consecutivo de crecimiento tras la contracción de enero.
Quisiéramos tasas de 4 o 5 por ciento. Pero cuando el primer trimestre cerró prácticamente estancado —con una contracción de 0.6 por ciento respecto al periodo previo—, la cifra de abril no se ve nada mal.
Y detrás del dato hay sustancia, porque el avance fue extendido. En su comparación anual, las actividades primarias crecieron 4.7 por ciento; las secundarias, 1.8, y las terciarias —que aportan dos terceras partes del producto— 2.4 por ciento. La construcción, por sí sola, tuvo su mejor abril en más de cinco años. No fue, pues, el rebote de un único sector.
El matiz importa. Durante meses, la conversación giró en torno al riesgo de recesión y al estancamiento con el que arrancó 2026. Un solo mes no cancela ese diagnóstico, pero sí lo matiza: la economía conserva pulso. No hablamos de un viraje, sino de una señal de que el motor no se ha apagado.
Mejor aún si se suma el comportamiento del comercio, que también se dio a conocer. El consumo, que durante meses lució titubeante, parece recuperar algo de brío.
Los ingresos del comercio al mayoreo subieron 9.4 por ciento anual, la tasa más alta desde julio de 2022. Y el mayoreo suele anticipar lo que después ocurre en el menudeo.
El comercio minorista también tuvo un desempeño notable: creció 4.5 por ciento anual, frente a un promedio de 3.5 por ciento en el primer trimestre. El contraste no es enorme, pero apunta en la dirección correcta. Y conviene subrayar que se trata de aumentos reales, ya descontada la inflación.
Como el consumo privado ha sido el principal sostén de la economía en los últimos trimestres, que el comercio repunte no es un detalle menor: es, quizá, ‘la golondrina’ más significativa del grupo.
Para quien de inmediato piense que estas cifras pueden estar infladas por las compras del 10 de mayo, vale recordar que la comparación es anual, lo que neutraliza ese efecto; y que, al tratarse de cifras desestacionalizadas, también se descuenta cualquier distorsión vinculada con la Semana Santa.
Habrá quien recuerde que también ha habido noticias económicas tibias, o de plano malas. Por supuesto. Y precisamente por eso destacan las buenas.
No se trata de ser ingenuos y suponer que, de aquí en adelante, todos los datos serán favorables. Tan no es así que el propio indicador oportuno del sector de las manufacturas anticipa un virtual estancamiento para mayo, y que la debilidad de la inversión, la cautela de la demanda interna y la incertidumbre por la revisión del T-MEC siguen pesando sobre las perspectivas.
Algunos analistas privados estiman que, con estos números, el Producto Interno Bruto podría crecer alrededor de 1.7 por ciento en el segundo trimestre, tras un crecimiento de 0.4% en el primer trimestre del año. Sería un alivio aunque no dé para un festejo.
Así como no debemos ser ingenuos, tampoco conviene caer en el sesgo contrario. En México tenemos propensión a ambos extremos: cuando los resultados son malos, los convertimos en catástrofe, y vemos todo negro. Pero, cuando son buenos, ya nos sentimos del primer mundo.
El punto justo está en el equilibrio: evitar los sesgos, leer cada dato en su dimensión y reconocer, sin estridencias, que abril trajo algunos tantos a favor.
Veremos si el futbol acompaña hoy a este mejor desempeño económico. Ojalá.