La frase más incómoda de las Reuniones de Primavera del FMI y el Banco Mundial no apareció en el World Economic Outlook de abril, sino en la conferencia de prensa posterior.
Pierre-Olivier Gourinchas, economista en jefe del Fondo Monetario, admitió que la economía global está “drifting” (derivando) desde el escenario de referencia hacia el adverso. Dicho de otro modo: el pronóstico estelar que acaba de publicarse, con fecha de corte al 10 de marzo, ya nació desfasado.
El título del reporte lo dice todo: “Global Economy in the Shadow of War”.
Los tres caminos que dibuja el Fondo son claros en la perspectiva que hoy mismo se analiza en Washington.
El escenario base asume que el conflicto en Medio Oriente —iniciado el 28 de febrero con los ataques contra Irán y el cierre de facto del Estrecho de Ormuz— se resolverá en unas semanas y que la producción energética se normalizará hacia mediados de 2026.
Bajo ese supuesto más o menos optimista, el crecimiento mundial se desacelera a 3.1% en 2026 y 3.2% en 2027, frente al 3.4% de 2025. La energía sube 19%, el petróleo promedia 82 dólares por barril y la inflación global repunta a 4.4%. Sin la guerra, el FMI estaba listo para revisar al alza el pronóstico a 3.4%; el conflicto, literalmente, cambió la perspectiva.
El llamado escenario adverso —petróleo a 100 dólares, gas +160%, alimentos más caros— recorta 0.8 puntos al crecimiento (2.5% en 2026) y eleva la inflación global a 5.4%.
El escenario “severo” —el más crítico— con crudo sostenido entre 110 y 125 dólares durante todo 2026, deja al mundo rozando una recesión global (crecimiento debajo de 2%, algo que sólo ha ocurrido cuatro veces desde 1980) e inflación arriba de 6%. En ambos casos, los emergentes pierden el doble que las economías avanzadas.
Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, fue más allá: al menos doce países ya tocan la puerta del Fondo buscando entre 20 mil y 50 mil millones de dólares en apoyo. El choque —dijo— “no se evaporará aunque la guerra termine mañana”.
Las negociaciones entre EU e Irán del 11 y 12 de abril terminaron sin acuerdo. Pero el dato relevante mirando hacia adelante no es ese fracaso, sino que Pakistán y la Casa Blanca confirmaron que una segunda ronda podría realizarse esta misma semana que ya concluye, antes de que expire el frágil alto al fuego el 21 de abril.
Trump dijo el martes pasado que nuevamente Islamabad es “más probable” como sede. El mercado lo nota: el Brent retrocedió desde su pico de 119 dólares. De ese segundo encuentro depende si el escenario base resiste o si “la deriva” que advierte Gourinchas se consolida.
Para México, el mensaje es de doble filo. El FMI revisó al alza el crecimiento a 1.6% en 2026 (desde 1.5% en enero) y a 2.2% en 2027, reconociendo menor tensión arancelaria y políticas fiscal y monetaria menos restrictivas. Pero simultáneamente revisó al alza la inflación a 3.9% este año. El escenario es desafiante y los márgenes de maniobra fiscal que tiene México para afrontar las circunstancias son estrechos.
A ello se suma una tormenta de calendario: el 21 de abril expira el alto al fuego, las negociaciones de la revisión del T-MEC empiezan su segunda ronda el lunes, en la Ciudad de México, y próximamente —hacia julio— también debe definirse la extensión de los aranceles de la Sección 122 impuestos por Washington tras la decisión de la Corte de invalidar las tarifas basadas en el tema de seguridad nacional.
Petya Koeva Brooks, subdirectora de investigación del FMI, fue explícita: México necesita fortalecer Estado de derecho, cerrar brechas de infraestructura, simplificar regulación y profundizar el sistema financiero si quiere recuperar el momento del nearshoring.
Actinver recordó esta semana que hay 50 mil millones de dólares listos para invertirse en energías limpias, esperando sólo adecuación regulatoria.
La receta del Fondo es inapelable: proteger la independencia de los bancos centrales, evitar subsidios energéticos generalizados —tentadores pero fiscalmente ruinosos—, focalizar transferencias con cláusulas de salida claras y reconstruir buffers (amortiguadores) fiscales.
Para una economía con déficit todavía elevado, una moneda vulnerable al riesgo externo e inflación ‘pegajosa’, lo señalado por el FMI son sugerencias para hoy, no para mañana.
La resiliencia exhibida ante pandemia, fragmentación y choques inflacionarios no es certificado de inmunidad. Si tras la futura reunión de Irán y EU se produce algo parecido a un acuerdo, el escenario base se salva.
Si no, la ‘deriva’ a la que alude Gourinchas se vuelve destino. México no elige ese desenlace, pero sí puede —y debe— elegir con qué márgenes lo enfrenta.