Coordenadas

Arrancamos 2026 mejor que lo previsto

El Indicador Oportuno de la Actividad Económica del INEGI estima para enero un avance anual cercano a 2.3 por ciento del IGAE y un crecimiento mensual alrededor de 0.3 por ciento.

A veces, un número cambia y con él se mueve el ánimo.

Eso ocurrió con el Informe Trimestral de Inflación del Banco de México: la revisión al alza del crecimiento esperado para 2026 —a 1.6 por ciento desde 1.1 por ciento— es más que un ajuste estadístico.

Es una señal de que, pese a la niebla que todavía proviene del entorno externo, la economía mexicana arrancó el año con un piso más firme de lo previsto.

¿Es suficiente este cambio para anticipar que otros también revisarán al alza?

Es probable. No se trata de optimismo automático, sino de leer los primeros indicadores de 2026 como piezas de un mismo rompecabezas.

El Indicador Oportuno de la Actividad Económica del INEGI estima para enero un avance anual cercano a 2.3 por ciento del IGAE y un crecimiento mensual alrededor de 0.3 por ciento. Dentro de ese dato, las actividades terciarias —el gran motor de la economía— crecerían más de 2 por ciento anual, y las secundarias 2.1 por ciento.

La fotografía más reciente del IGAE, correspondiente a diciembre de 2025, mostró un crecimiento mensual de 0.4 por ciento y anual de 2.4 por ciento.

Destacó el repunte de las actividades primarias, pero lo relevante es que no fue aislado: secundarias y terciarias también avanzaron. El cierre del año dejó una base más alta de la prevista, mejorando el punto de partida para 2026.

Si se baja a detalle, la mezcla es heterogénea pero alentadora. La construcción tuvo un crecimiento anual significativo, reflejando proyectos privados, sobre todo residenciales. El comercio al por menor, pese a variaciones mensuales, mantiene tasas anuales positivas. Los servicios profesionales y corporativos continúan expandiéndose, señal de una economía que agrega valor más allá de la manufactura.

Los datos de opinión empresarial también ofrecen señales constructivas. En enero, el indicador agregado de tendencia en manufacturas se colocó en zona de expansión, superando el umbral de 50 puntos. El componente de exportaciones fue particularmente dinámico, lo que sugiere que, pese a tensiones comerciales, la planta manufacturera mantiene pedidos.

Hay, además, un factor que suele subestimarse: la resiliencia del consumo privado. La combinación de mercado laboral relativamente estable e incrementos salariales reales sostiene el poder de compra.

El estudio económico que dio a conocer la OCDE subraya que el consumo ha sido un soporte relevante y que, aunque el crecimiento será moderado, existen bases para una expansión gradual en 2026 y 2027.

Con este marco, ¿qué podría empujar nuevas revisiones al alza?

Primero, el efecto arrastre de 2025. Cuando el último tramo del año sorprende positivamente, el promedio anual del siguiente ejercicio parte de un nivel más elevado. Esa aritmética explica parte del ajuste de Banxico y puede replicarse en estimaciones de bancos y organismos internacionales.

Segundo, el binomio exportaciones–servicios. La economía mexicana opera con un engranaje dual: manufacturas orientadas al exterior y una red de servicios que las respalda —logística, transporte, financieros, profesionales—. Cuando ese conjunto funciona, el crecimiento se vuelve más robusto y menos dependiente de un solo sector.

Tercero, la gradual normalización monetaria. Aunque el Banco de México ha sido prudente, la tendencia descendente de la inflación abre espacio para menores tasas reales. Un entorno financiero menos restrictivo reduce el costo de capital y puede estimular inversión privada postergada.

Nada de lo anterior elimina los riesgos. La OCDE advierte que la incertidumbre comercial y un menor dinamismo global podrían afectar exportaciones. Banxico, además, retrasó la convergencia de la inflación a la meta de 3 por ciento, lo que indica que la política monetaria seguirá cautelosa.

Pero el mensaje central es claro: 2026 no comenzó con debilidad, sino con señales de tracción.

Si febrero y marzo confirman el tono que hoy anticipan los indicadores oportunos, no sería extraño ver más ajustes al alza.

La discusión no se limita a cuánto creceremos este año.

La pregunta relevante es si este mejor punto de partida se aprovechará para fortalecer los factores estructurales que elevan el crecimiento potencial: certidumbre jurídica, infraestructura eficiente, competencia y productividad.

El ajuste de Banxico puede ser la primera señal. Que se convierta en tendencia dependerá de que la coyuntura favorable se traduzca en decisiones de largo aliento.

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