El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrió un posible osario durante los trabajos de construcción del Tren de Pasajeros México-Querétaro, en las inmediaciones de la terminal de Buenavista, en la Ciudad de México.
El hallazgo ocurrió el pasado 17 de septiembre de 2026, cuando la maquinaria realizaba trabajos de excavación para construir el terraplén por donde pasará el tren.
De acuerdo con un video publicado en el canal de YouTube de la institución, Josué Castillo Sánchez, arqueólogo encargado del sitio, durante estas labores aparecieron los primeros restos óseos que aparentemente eran humanos, por lo que se inició un proyecto de salvamento arqueológico.
Las excavaciones permitieron localizar, a 1.40 metros de profundidad, cráneos, mandíbulas, fragmentos de fémur, costillas, dientes y partes de caderas. Posteriormente, a mayor profundidad, se encontró un depósito funerario sin relación anatómica que podría corresponder a un osario.
Hasta el momento, los especialistas han contabilizado nueve osamentas, dos de ellas con modificaciones craneales, además de cinco mandíbulas y huesos de gran tamaño, como radios, tibias e iliacos, que presentan un buen estado de conservación.
¿POR QUÉ EL INAH CONSIDERA QUE PODRÍA SER UN OSARIO?
En el video difundido por el INAH, la antropóloga física Abril Machain Castillo explicó que una de las principales características que permitió identificar el depósito como un posible osario es la ausencia de huesos pequeños e irregulares, pues predominan cráneos y huesos largos.
La especialista detalló que estos espacios se utilizaban para reubicar los restos de personas que originalmente habían sido enterradas en un lugar que posteriormente se necesitaba para realizar nuevos entierros.
Es decir, los restos eran retirados de sus sepulturas y trasladados a otro espacio para aprovechar nuevamente el terreno.
Por su parte, José Manuel Cervantes Pérez, encargado del Laboratorio de Antropología Física, señaló que todavía se trabaja para determinar la temporalidad del depósito, debido a que en la Ciudad de México existen antecedentes de osarios relacionados con el periodo virreinal y la época de contacto con los españoles.
Sin embargo, destacó que la presencia de materiales prehispánicos y las modificaciones craneales encontradas en algunos individuos abren nuevas preguntas sobre el origen del hallazgo.

¿QUÉ OTROS OBJETOS ENCONTRARON JUNTO A LOS RESTOS HUMANOS?
Además de las osamentas, los arqueólogos recuperaron diversos materiales que ofrecen información sobre las actividades cotidianas de los antiguos habitantes de la zona.
Josué Castillo explicó que entre los objetos destaca la cerámica doméstica, como platos, ollas y salineras, unas vasijas que se utilizaban para extraer sal del antiguo lago de Texcoco.
También se localizaron siete malacates miniatura, relacionados con las actividades textiles y el hilado; un par de figurillas y herramientas de piedra pulida.
Entre estas últimas se encuentran fragmentos de metlapil y tejolotes, instrumentos empleados para moler alimentos: el primero se utilizaba sobre el metate y el segundo para la molienda en morteros.

Asimismo, fueron recuperadas navajillas, principalmente de obsidiana verde, posiblemente procedente de la Sierra de las Navajas, en Hidalgo.
EL HALLAZGO PODRÍA REVELAR PRÁCTICAS FUNERARIAS DE ANTIGUOS HABITANTES DE TLATELOLCO
Los especialistas consideran que los restos óseos y los materiales arqueológicos podrían corresponder a los últimos años del periodo prehispánico o a la época colonial.
Esta hipótesis se relaciona con la ubicación del descubrimiento, dentro de lo que antiguamente fue el calpulli de Nonoalco, uno de los 19 barrios prehispánicos del islote de Tlatelolco.
Otro elemento relevante es la cercanía con la iglesia de San Miguel Nonoalco, construida en el siglo XVI y utilizada como capilla de visita por los frailes franciscanos del Convento de Santiago Tlatelolco.

El INAH informó que, después de su registro en el sitio, los materiales fueron trasladados a laboratorios de antropología física, lítica y cerámica ubicados en Tula de Allende y Tepeji del Río de Ocampo, Hidalgo.
Ahí serán sometidos a procesos de limpieza, restauración y análisis para determinar su temporalidad, conocer las características de los individuos y aportar nuevos elementos sobre las prácticas funerarias y la historia de los antiguos habitantes de la Ciudad de México.
Como destacó Cervantes Pérez en el video del INAH, recuperar estos materiales también es importante para reconstruir la historia y fortalecer la identidad cultural.





