Un equipo de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) rescató pinturas rupestres queiii datan de 5 mil años ubicadas en Cuatro Ciénegas tras un robo por encargo.
En el corazón del cañón de La Pinta de Cuatro Ciénegas, los primero grupos de cazadores-recolectores nómadas que habitaron el desierto de Coahuila acudieron de forma recurrente a una cueva del mismo nombre del cañón para plasmar su cosmovisión sobre la piedra: una red gráfica de más de 380 imágenes superpuestas que vinculaban el cosmos, las constelaciones, la flora, las fuentes de agua y la fauna del desierto.

Ese diálogo milenario sufrió un quiebre en enero de 2025, cuando un grupo delictivo vulneró el abrigo. Armados con sierra y taladro, los saqueadores extrajeron fragmentos pintados, entre ellos un bloque que contenía la impresión de una mano rupestre. La hipótesis arqueológica y las pesquisas judiciales ante la Fiscalía General de la Republica apuntan a un robo sobre pedido, orquestado mediante un informante local para alimentar cadenas de tráfico clandestino hacia Monclova y la frontera norte.
El ataque desencadenó una respuesta científica e institucional sin precedentes que combinó innovación tecnológica, química de materiales y una deontología firme.
El impacto de las herramientas eléctricas provocó intensas vibraciones sobre la estructura del abrigo, desprendiendo cientos de esquirlas y fragmentos de pigmento que colapsaron sobre el suelo. Para encarar la emergencia, el equipo especializado en gráfica rupestre de la Coordinación Nacional de Conservación del INAH implementó un protocolo en varias etapas.
Primero, el suelo de la cueva fue dividido mediante retículas para georreferenciar cada esquirla caída. Esos componentes fueron trasladados al laboratorio del Museo Regional de la Laguna, donde las especialistas lograron identificar y rearmar la silueta destruida de una figura antropomorfa, asociada a un especialista ritual o chamán, ubicada en otra cavidad, la “Sexta Pinta”.
Para lograr la precisión del reensamblaje, las restauradoras recurrieron a un levantamiento de escáner láser 3D realizado en la cueva en 2010. Paralelamente, se instalaron monitores ambientales dentro de la cavidad para registrar el comportamiento del viento, la temperatura y la humedad.
El diagnóstico de los pigmentos confirmó la sofisticación técnica de los antiguos pobladores: los rojos y amarillos, eran elaborados en un 70 por ciento con óxidos de hierro extraídos de la misma formación rocosa, aglutinados con savias de plantas regionales como la sangre de drago. Los blancos: elaborados con yeso noventa y nueve por ciento puro, proveniente de las dunas situadas a solo 20 kilómetros del cañón, y los negros, derivados del ahumado y hollín acumulado en rituales.
Al retirar cuidadosamente capas de polvo y sedimento depositadas durante décadas, la intervención devolvió el resplandor a la superficie. La limpieza profunda reveló, además, superposiciones inéditas de líneas geométricas, símbolos astrológicos y serpientes de cascabel cuyos diamantes corporales no eran visibles a simple vista antes del ataque.
Llegado el momento de intervenir la cavidad vacía donde se ubicaba la mano sustraída, el equipo interdisciplinario enfrentó el principal dilema ético. La postura fue unánime: bajo ningún motivo se repintaría la figura faltante.
La cavidad fue nivelada con un mortero compatible diseñado a partir de agregados de la piedra local. Donde se recuperaron fragmentos originales, estos se colocaron en su posición exacta. En las áreas de pérdida total, las restauradoras aplicaron la técnica del stippling o punteado fino en rojo: pequeñas hileras de puntos que sugieren la trayectoria o curvatura del trazo faltante para permitir la lectura visual del conjunto, pero sin simular la pintura auténtica.
“No íbamos a falsificar el panel. Decidimos dejar la roca restituida con un punteado fino porque la roca tiene memoria y ahí debe quedar la cicatriz del vandalismo”, sostuvo Yuri De la Rosa, arqueólogo del Centro INAH Coahuila.
“Extraer una figura rupestre no es solo sustraer un objeto de piedra”, dijo. “Es interrumpir un código territorial que sirvió como punto de identidad para cazadores-recolectores durante generaciones”. Hoy, tras el trabajo del INAH, La Cueva Pinta no solo muestra la viveza restaurada de sus pigmentos, sino que conserva la huella consciente de su historia: un testimonio de la fragilidad del patrimonio y del rigor de la ciencia para preservarlo.
CLAVES DEL RESCATE TÉCNICO
- Antigüedad del sitio: Aproximadamente 5 mil años de ocupación y uso ritual.
- Registro de imágenes: Más de 380 motivos gráficos superpuestos en un solo abrigo rocoso.
- Respaldo tecnológico: Levantamiento fotogramétrico y escáner láser 3D ejecutado en 2010.
- Criterio de restauración: Reestructuración de la roca con morteros neutros y delimitación de faltantes mediante punteado fino (stippling) en rojo



