Claudia Sheinbaum Pardo cumple hoy 64 años en uno de los momentos más importantes de su vida pública, al frente del gobierno federal y convertida en una de las figuras políticas más influyentes del país, que incluso ha sido considerada por medios internacionales como la líder de izquierda más importante de la actualidad.
Sin embargo, detrás de la mandataria hay una historia marcada por episodios poco conocidos que ayudaron a moldear su carácter y trayectoria.
Con motivo de su cumpleaños número 64, en Nación321 repasamos seis capítulos que ayudan a entender cómo se construyó la trayectoria personal, académica y política de la primera presidenta de México:
1. LA NIÑA QUE QUERÍA SER BAILARINA Y MAESTRA
Cuando era pequeña, Claudia Sheinbaum jamás imaginó que algún día sería la Presidenta de México. Así lo confesó durante una conferencia en Palacio Nacional, cuando un niño le preguntó si ese había sido su sueño de infancia.
“Fíjate que nunca me lo imaginé”, respondió.
Lo que realmente quería era convertirse en maestra universitaria y bailarina. Desde los seis años practicó ballet, disciplina que mantuvo hasta los 19 y que, según ha contado, le enseñó la constancia, la disciplina y la confianza en sí misma.
Hija del químico Carlos Sheinbaum Yoselevitz y de la bióloga Annie Pardo Cemo, creció en un entorno donde la ciencia ocupaba un lugar central. Más tarde estudiaría Física en la UNAM y posteriormente cursaría una maestría y un doctorado en Ingeniería Energética, mientras desarrollaba una intensa actividad estudiantil dentro del Consejo Estudiantil Universitario (CEU).
Aquella niña que soñaba con enseñar en la universidad terminó convirtiéndose en científica, académica y, décadas después, en la Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas.
2. LA MATERNIDAD ENTRE LABORATORIOS, ACTIVISMO Y POLÍTICA
Uno de los aspectos menos visibles de la trayectoria de Sheinbaum es su vida familiar.
En 1987 se casó con el activista universitario Carlos Imaz. Cuando inició esa relación, Imaz ya tenía un hijo, Rodrigo Imaz Alarcón, a quien Sheinbaum ayudó a criar desde pequeño y al que con el tiempo consideró como un hijo más a quien sigue frecuentando.
Un año después nació Mariana Imaz Sheinbaum, su única hija biológica.
La hoy presidenta ha relatado que aquellos años estuvieron marcados por jornadas agotadoras en las que debía combinar la maternidad con sus estudios universitarios, la investigación científica y posteriormente la docencia. Mientras construía una carrera académica, también llevaba a los niños a la escuela y organizaba la vida familiar.
Mariana siguió una trayectoria académica que la llevó a estudiar Historia en la UNAM y posteriormente realizar estudios de posgrado y doctorado en el extranjero. Rodrigo, en cambio, optó por el arte y el cine, llegando incluso a dirigir el documental Claudia, sobre la vida de su madre.
La familia también atravesó momentos difíciles, como la crisis derivada de los llamados videoescándalos de 2004 que involucraron a Carlos Imaz. Años después la pareja se separó, aunque Sheinbaum mantuvo intacta la relación con ambos hijos, quienes la acompañaron públicamente durante su campaña presidencial y su llegada al poder.
3. DEL METROBÚS A PALACIO NACIONAL
Antes de gobernar la Ciudad de México y posteriormente el país, Sheinbaum encontró en la administración pública una plataforma que transformaría su carrera.
En el año 2000 fue nombrada secretaria de Medio Ambiente del entonces Distrito Federal gobernado por Andrés Manuel López Obrador. Desde esa posición impulsó políticas relacionadas con movilidad sustentable y transporte público. Uno de los proyectos más emblemáticos fue el Metrobús.
Inspirado en modelos de transporte rápido que operaban en ciudades como Bogotá, el sistema comenzó a funcionar en 2005 sobre Avenida Insurgentes. Sheinbaum participó en su planeación y promoción, convirtiéndose en una de las funcionarias más identificadas con la obra.
La apuesta enfrentó resistencias y críticas, pero con el tiempo el Metrobús se consolidó como una de las transformaciones urbanas más importantes de la capital.
Aquel proyecto también ayudó a posicionarla como una figura capaz de gestionar políticas públicas de gran escala. Años después, en 2015, llegaría a la jefatura delegacional de Tlalpan, posteriormente a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, en 2018, y finalmente a la Presidencia de la República en 2024.
4. LA CIENTÍFICA QUE COLABORÓ CON EL EQUIPO RECONOCIDO CON EL NOBEL
Mucho antes de convertirse en una figura política nacional, Sheinbaum ya tenía reconocimiento en el ámbito científico.
Especializada en temas de energía, sustentabilidad y cambio climático, colaboró con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), organismo de Naciones Unidas encargado de evaluar la evidencia científica sobre el calentamiento global.
En 2007 participó como autora colaboradora en el Cuarto Informe de Evaluación del IPCC. Ese mismo año, el organismo recibió el Premio Nobel de la Paz junto con el exvicepresidente estadounidense Al Gore por sus esfuerzos para ampliar el conocimiento mundial sobre el cambio climático.
Aunque Sheinbaum no recibió individualmente el Nobel —el reconocimiento fue otorgado al organismo y no a cada investigador—, su participación en el IPCC se convirtió en una de las credenciales más destacadas de su trayectoria.

La historia contribuyó a construir una imagen poco común en la política mexicana: la de una científica que llegó a la Presidencia después de haber participado en uno de los proyectos internacionales más relevantes en materia ambiental.
5. EL CONCIERTO ESTUDIANTIL QUE REUNIÓ A MÁS DE 100 MIL PERSONAS
Antes de las campañas, los debates y los cargos públicos, Sheinbaum también fue una joven universitaria involucrada en la organización de movilizaciones estudiantiles.
Entre las anécdotas que suele recordar destaca su participación en la organización de un concierto masivo realizado en 1987 en las Islas de Ciudad Universitaria, durante el movimiento del Consejo Estudiantil Universitario.
Según ha contado la propia mandataria, aquel evento reunió a cerca de 110 mil personas y contó con la participación de bandas que posteriormente se volverían emblemáticas del rock mexicano, entre ellas Caifanes, la Maldita Vecindad y Santa Sabina.
Incluso intentó gestionar la participación del cantautor cubano Silvio Rodríguez, aunque finalmente no pudo concretarse.
Décadas más tarde, impulsó los conciertos gratuitos en el Zócalo capitalino, desde su posición como jefa de Gobierno. Y ya como Presidenta recordó aquella experiencia estudiantil como uno de los antecedentes de su convicción de que la cultura debe ser accesible para todos.
6. AMOR UNIVERSITARIO QUE REGRESÓ 3 DÉCADAS DESPUÉS
La historia de amor de Claudia Sheinbaum y Jesús María Tarriba Unger es considerada por varios amantes de las historias de amor como: única.
Ambos se conocieron en la Facultad de Ciencias de la UNAM cuando estudiaban Física. Iniciaron una relación sentimental durante la juventud, pero eventualmente tomaron caminos distintos.
Mientras Sheinbaum construía una carrera científica y política, Tarriba desarrolló una trayectoria profesional en el sector financiero, especializado en análisis de riesgos y modelos matemáticos.
Durante más de tres décadas permanecieron separados. El reencuentro ocurrió alrededor de 2016, cuando retomaron contacto a través de redes sociales. Lo que comenzó como una conversación entre antiguos compañeros terminó convirtiéndose nuevamente en una relación sentimental.
La propia Presidenta ha resumido esa etapa con una frase sencilla: “Yo encontré el amor, tuve mucha suerte”.
En noviembre de 2023 contrajeron matrimonio en una ceremonia civil privada, pocos meses antes de la elección presidencial que la llevaría a Palacio Nacional.
Tras la victoria electoral de 2024, Tarriba se convirtió en el esposo de la primera presidenta en la historia de México. Sin asumir un papel político visible, ha mantenido un perfil discreto y alejado de los reflectores.
UNA TRAYECTORIA DE VARIOS EPISODIOS
La historia de Claudia Sheinbaum no sólo comenzó en las campañas electorales ni en los pasillos del poder. Pasó por los salones de ballet, los laboratorios universitarios, las movilizaciones estudiantiles, la crianza de sus hijos, la investigación científica y la administración pública.
A sus 64 años, la primera mujer Presidenta de México llega a un nuevo cumpleaños con una biografía llena de episodios que ayudaron a construir la figura política que hoy ocupa Palacio Nacional.




