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CRÓNICA | Fuego en la Pirámide de la Luna y turistas en el suelo: los 25 minutos de terror en Teotihuacán

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Terror en Teotihuacán.La hipótesis apunta a un imitador, alguien que no solo planeó el ataque, sino que quiso replicar una tragedia ocurrida hace más de dos décadas
(Nación321)

A las 11:20 de la mañana, alguien llamó a las autoridades para denunciar que un hombre armado amenazaba a turistas en Teotihuacán. No era una falsa alarma.

De acuerdo con la reconstrucción de los hechos que presentó el secretario de Seguridad del Estado de México, Cristóbal Castañeda, en lo alto de la Pirámide de la Luna, un sujeto caminaba cerca de los visitantes, que yacían en el suelo, los amagaba y comenzaba a romper la calma de uno de los sitios más concurridos del país.

Tres minutos después, el reporte ya corría entre corporaciones: Guardia Nacional, policías estatales y municipales iban en camino. Abajo, en la explanada, la gente empezaba a entender que algo no estaba bien.

En esos primeros momentos, el ataque ya había dejado su consecuencia más grave: una turista canadiense había sido asesinada. Mientras tanto, quienes permanecían en el piso, sometidos por el agresor, quedaron expuestos a la violencia directa. En videos difundidos posteriormente, se observa cómo el tirador disparaba a quemarropa contra algunas de las personas que tenía a su alrededor, mientras el resto intentaba no moverse. “No te muevas mamá”, se escucha en las grabaciones.

A las 11:30 horas, los primeros elementos de seguridad llegaron pero el hombre no huyó. Disparó. Apuntó contra los uniformados y detonó su arma. La respuesta fue inmediata: repelieron la agresión y lo hirieron en la pierna. Pero el control nunca fue total.

En esos minutos, el miedo ya se había expandido. Turistas tirados en el suelo, otros corriendo entre gritos, algunos más cayendo en las escaleras. La escena era caótica. Nadie sabía exactamente de dónde venían los disparos, solo que había que agacharse, esconderse o salir como fuera.

Quince minutos después, a las 11:45, todo terminó de golpe. El agresor, identificado como Julio César Jasso Ramírez, se disparó a sí mismo. Murió en el lugar. Para las 12:20, la zona ya estaba cercada por completo. Más de 300 elementos resguardaban el sitio mientras se organizaba la evacuación y se atendía a los heridos. El saldo: dos muertos —él y una turista canadiense— y varios lesionados de distintas nacionalidades.

Detrás del ataque, lo que empieza a aparecer es un perfil inquietante. Según el fiscal del Estado de México, José Luis Cervantes Martínez, el agresor no estaba conectado con la realidad: “él se encontraba desconectado del mundo real, de la realidad en la que vivimos”.

Entre sus cosas había escritos, imágenes y referencias a la masacre de Columbine. La hipótesis apunta a un imitador, alguien que no solo planeó el ataque, sino que quiso replicar una tragedia ocurrida hace más de dos décadas. Un “perfil psicopático de agresor caracterizado por una tendencia a copiar situaciones que ocurrieron en otros lugares”.

No llegó por casualidad. Había estado antes en Teotihuacán, recorrió la zona, eligió el punto. Ese lunes volvió en un vehículo de aplicación, con un revólver calibre .38, decenas de cartuchos, una mochila táctica y una idea fija. Subió a la pirámide y en cuestión de minutos convirtió un sitio turístico en un escenario de pánico.

Fueron apenas 25 minutos. Los suficientes para que el silencio del lugar se rompiera a balazos y para que quienes estaban ahí pasaran de tomarse fotos a tirarse al piso para salvar su vida. Teotihuacán, ese día, dejó de ser solo historia. Se volvió noticia y de las más fuertes.

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