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¿Vive aún la Constitución de 1917? Tras 250 reformas, la Carta Magna sigue reconfigurándose

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Cambiar la Constitución.Mientras que presidentes de mediados del siglo XX apenas tocaron algunos artículos, los gobiernos más recientes hicieron múltiples cambios
(Nación321)

¿La Constitución de 1917 sigue viva o ya es otra cosa?

Cada 5 de febrero, en el aniversario de su promulgación, los tres poderes de la Unión le rinden honores solemnes a la Constitución Mexicana. El problema es que, si uno va al archivo digital del Diario Oficial de la Federación, ese documento original ya no aparece como tal.

En su lugar hay algo distinto: más de 250 decretos de reforma aprobados a lo largo de más de un siglo, que han cambiado más del 90% del texto original, según un análisis de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Y esto no es un secreto ni una conspiración, es, simplemente, la forma en la que ha funcionado la política mexicana.


De acuerdo con el maestro Gerson Hernández Mecalco, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, cada gobierno ha reformado la Carta Magna para tener más facultades al momento de mandar, así como para cumplir su agenda política.

“El objetivo de los diferentes gobiernos al momento de querer modificar la Constitución Política es tener más facultades y a su vez poder hacer reformas, en este caso constitucionales. Si tú no tienes cambios, muchas formas de gobernar no son posibles”, explicó el especialista en entrevista con Nación321.

Y si gobernar muchas veces ha significado cambiar la Constitución, hoy a ¿a cuál Carta Magna se le rinde homenaje? ¿Qué manos la han transformado?.


El camino hasta aquí no fue corto. Mientras que los presidentes de mediados del siglo XX apenas tocaron algunos artículos, los gobiernos más recientes hicieron de la Constitución su principal herramienta de cambio. Felipe Calderón modificó 110 artículos; Enrique Peña Nieto, 156; y Andrés Manuel López Obrador, 96.

Lejos de frenarse, esta dinámica se aceleró. En su primer año de gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum, la primera mujer en ser titular del Ejecutivo, ya ha impulsado reformas a 53 artículos constitucionales.

Si ese ritmo se mantiene, su administración no sólo seguirá la tendencia de reformar casi todo, sino que podría romper récords y consolidar una etapa en la que la Constitución sufre un cambio, en promedio, cada semana.

LAS GRANDES “CIRUGÍAS”: CUANDO LA CONSTITUCIÓN CAMBIÓ DE RUMBO

No todas las reformas han sido pequeñas correcciones. Algunas funcionaron como puntos de quiebre que cambiaron el sentido original de la Constitución de 1917.

Uno de los momentos clave llegó en 1992, con Carlos Salinas de Gortari. Ese año se reformó el Artículo 27, uno de los pilares del proyecto agrario de la Revolución.

El expresidente Carlos Salinas de Gortari tiene una lista de preguntas para los presidenciables
Salinas de Gortari. Se reformó el Artículo 27, uno de los pilares del proyecto agrario de la Revolución (Nación321/Cuartoscuro)

El texto original decía que “la propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la Nación” y protegía la tierra ejidal para que no pudiera venderse ni privatizarse.

La reforma agregó un nuevo párrafo que abrió la puerta a algo inédito: los ejidatarios podían convertirse en dueños individuales de sus parcelas, venderlas o asociarse con capital privado. Para el gobierno, el objetivo era “modernizar” el campo e integrarlo al mercado. Para sus críticos, fue el punto final de la promesa de justicia agraria que había marcado a 1917.

Veinte años después, en 2013, llegó otra sacudida mayor: la Reforma Energética de Enrique Peña Nieto.

No fue un cambio aislado, sino un paquete que tocó al menos 21 artículos, sobre todo el 25, 27 y 28. Ahí se modificó la idea de que la Nación era la única que podía explotar el petróleo. El nuevo texto introdujo conceptos como contratos y utilidades compartidas con empresas privadas, lo que puso fin al monopolio absoluto de Pemex creado en 1938.

La FGR acusó que los sobornos fueron entregados para que fuera aprobada la reforma energética
EPN, Anaya y Videgaray La FGR acusó que los sobornos fueron entregados para que fuera aprobada la reforma energética (Nación321/Especial)

El gobierno defendió la reforma como una vía para atraer inversión y tecnología; la oposición la vio como una cesión de soberanía nacional. En cualquier caso, el impacto fue profundo y redefinió el modelo energético del país.

No todas las reformas clave han sido económicas. En 2011, durante el sexenio de Felipe Calderón, se aprobó la reforma en materia de derechos humanos.

El cambio al Artículo 1° fue breve, pero de largo alcance: estableció que todas las personas gozan de los derechos reconocidos tanto en la Constitución como en los tratados internacionales firmados por México, y que esos derechos deben interpretarse siempre de la forma más favorable a la persona.

Esto elevó el peso de los tratados internacionales y cambió la manera en que jueces, ministerios públicos y tribunales interpretan la ley, abriendo la puerta a que criterios internacionales influyan directamente en la justicia mexicana.

LA MÁQUINA DE REFORMAR: CÓMO SE VOLVIÓ POSIBLE CAMBIARLO TODO

La gran pregunta es cómo un documento que, en teoría, es difícil de modificar —porque exige mayorías calificadas en el Congreso y el aval de la mayoría de los congresos estatales— ha podido reformarse tantas veces.

La respuesta está en la política. Los periodos con más reformas coinciden con gobiernos que tuvieron mayorías sólidas o que lograron acuerdos amplios entre partidos, los llamados “consensos de élite”.

De acuerdo con Hernández Mecalco, Sheinbaum ha logrado estos cambios pues “ni Peña Nieto, ni Calderón, ni ningún presidente en la historia reciente ha tenido tanta fuerza como Morena, porque esto es histórico, en los estados tienen todos los votos y las alianzas le han resultado para hacer reformas constitucionales”.

Otro ejemplo claro de estas relaciones, recuerda el académico de la UNAM, fue el Pacto por México, firmado en 2012 por PRI, PAN y PRD. Ese acuerdo permitió aprobar rápidamente las reformas estructurales de Peña Nieto. En los hechos, demostró que, cuando hay acuerdos en la cúpula política, reformar la Constitución puede ser incluso “más rápido que aprobar una ley común”.

Hoy el escenario es distinto, pero el resultado es similar. El gobierno actual cuenta con una coalición mayoritaria en ambas cámaras, lo que reduce la necesidad de negociar con la oposición y acelera la aprobación de cambios constitucionales.

SHEINBAUM Y LA VELOCIDAD DEL CAMBIO

En su primer año de gobierno, Claudia Sheinbaum ha seguido la tradición reformista, pero a un ritmo más alto. En ese periodo se han modificado 53 artículos constitucionales, en temas que van desde el Poder Judicial y la organización territorial hasta derechos sociales y regulación económica.

El promedio es revelador: alrededor de 53 artículos reformados por año, de acuerdo con la base de datos del Congreso de la Unión. Para comparar, Peña Nieto modificó unos 26 por año; López Obrador, 16; y Felipe Calderón, 18.

La proyección es solo matemática y depende de lo que ocurra políticamente en los próximos años. Aun así, el arranque deja claro que la reforma constitucional, aparentemente, sigue siendo la herramienta favorita del poder y que su uso intensivo podría volver a romper récords históricos.

LA PARADOJA DE LA PERMANENCIA

La Constitución que rige hoy en México tiene el mismo nombre, la misma estructura básica y el mismo número de artículos que la promulgada en 1917. Sus rituales —el juramento presidencial, los discursos oficiales— siguen apelando a ese origen revolucionario.

No obstante, el país es otro, explicó el académico de la UNAM, pues, en otros tiempos, frecuentemente la oposición “tomaba la tribuna, se hacían bloqueos, y hoy ya no se ve eso, los conflictos sólo son dentro del partido en el poder”.

Al final, algo es claro: el texto que realmente se aplica hoy, el que decide juicios, define políticas públicas y organiza el poder, es el resultado de más de un siglo de reformas, negociaciones y giros políticos. Es, al mismo tiempo, la misma Constitución y una completamente distinta.

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