Dos ‘botinazos’ magistrales de Julián Quiñones y Raúl Jiménez bastaron para que México se impusiera con autoridad a Ecuador para amarrar el pase a octavos de final de la Copa del Mundo 2026.
Las más de 80 mil almas que ingresaron la noche de este martes 30 de junio al Estadio Ciudad de México no terminaban de acomodarse en sus asientos cuando el ‘Tri’ ya había encendido el encuentro.
El cronómetro marcaba los primeros dos minutos del partido, y México ya reportaba un vendaval comandado por Gilberto Mora sobre la portería de Hernán Galindez.
Bastaron 22 minutos para que los cartones se movieran en el mítico ‘Coloso de Santa Úrsula’: Julián Quiñones recibió el balón y, desde media cancha, arrastró fugazmente el esférico hasta acercarse lo suficiente para meter un disparo ‘endemoniado’ que sacudió las redes del conjunto sudamericano.
La explosión de júbilo en las gradas del Estadio CDMX se replicó en el Ángel de la Independencia y en casi todos los rincones del país que gritaron al unísono el primero del ‘Tri’ que respondió y avivó a la fe de millones de mexicanos.
Lejos de conformarse con la ventaja parcial, los tricolores se hicieron del dominio absoluto del partido, con constantes insinuaciones de peligrosidad sobre el marco sudamericano. En todas las líneas, México brilló con acechos al frente, y con salvadas fortuitas debajo de los tres palos.
El electrizante futbol que presentó la Selección Mexicana tuvo su recompensa al minuto 31, cuando un entusiasta y participativo Raúl Jiménez robó un balón a la salida ecuatoriana; el esférico le regresó tras una jugada ‘tejida’ a modo a los botines del delantero mexicano y soltó un ‘zapatazo’ imparable con destino de gol.
La segunda caída de la portería de Galindez desató una fiesta nacional instantánea, de Tijuana a Cancún, con millones de gargantas coreando lo que parecía un resultado parcial lapidario, en un ‘baile’ orquestado por los futbolistas nacionales que no cambiaron la tesitura hasta el silbatazo que daba fin a los primeros 45 minutos y a un ‘paseo’ del ‘Tri’ sobre un confundido Ecuador, que jamás se encontró en la cancha.
Ya en la segunda parte, los sudamericanos saltaron al césped con pocas variables, dependiendo de individualidades, más que de un juego ordenado, pero no hallaron fisuras en alguna de las líneas de México.
Muchas ganas pero poco daño fue lo que pudo hacer Ecuador para evitar la derrota que los locales gestaron con autoridad desde la primera parte del encuentro.
Pasados los 70 minutos del choque de dieciseisavos, Javier Aguirre hizo cambios desde la banca para refrescar la estructura de México, pero los tricolores se dedicaron a contener los obligados intentos de Ecuador, que no encontró una jugada clara y que en cada intento veía diluida su esperanza de hacer daño al fortalecido rival. Mientras, los minutos pasaban sin freno, sentenciando lo que parecía inevitable: creer en que se podía clasificar, saber que se estaba clasificando.
Tras el silbatazo final del árbitro Slavko Vinčić, el conjunto mexicano selló su pase a la siguiente fase donde espera irremediablemente a Inglaterra o a República Democrática del Congo, con una sola pregunta: ¿y si sí?




