Guerrero nuevamente está en alerta, ahora por el paso de ‘Polo’, un poderoso Huracán categoría 5 (la máxima en escala Saffir-Simpson).
El fenómeno presenta vientos máximos sostenidos de 260 km/h y rachas de hasta 315 km/h, mientras se desplaza hacia el este a una velocidad de 9 km/h sobre el Océano Pacífico.
A propósito de esta nueva arremetida de un Huracán en Guerrero vale la pena preguntarse: ¿por qué estos fenómenos naturales golpean con mayor frecuencia a esta entidad?, aquí respondemos.
Comencemos por definir qué es un Huracán. De acuerdo con Raúl Meléndez Venancio, profesor del área de Ciencias Experimentales de la UNAM, un Huracán es un fenómeno atmosférico de vientos y lluvias que puede ser provocado “por una Onda Tropical, es decir, por una perturbación atmosférica en tránsito que crea un área de baja presión en, muchas veces, África oriental. En condiciones adecuadas, se empieza a mover de este a oeste con ayuda de los vientos alisios”.
En entrevista con la Gaceta CCH, el experto señala que este tipo de fenómenos naturales son frecuentes en México durante junio, julio, hasta noviembre, porque “en la franja de 30 grados, a ambos lados del ecuador terrestre, llegan los vientos calientes del continente africano”, dijo.
“Cuando la Tierra empieza a variar su inclinación y su distancia respecto al Sol, el movimiento permite un mejor calentamiento de su superficie por radiación solar, lo que favorece la formación de vientos y su desplazamiento hacia zonas con menor temperatura”, dijo.
El profesor explicó que los Huracanes surgen por la combinación de aire a baja presión, calor y viento adecuado, en zonas con temperaturas de 27 grados, con gruesas capas calientes de agua, tal como ocurre frente a las costas de Guerrero.
Ahora sí, ¿por qué siempre Guerrero?
Alejandro Jaramillo, investigador titular en el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) explica que las costas de Guerrero es una “región en particular del Pacífico que es como ‘un nido’ donde se originan muchos sistemas que se terminan convirtiendo en ciclones tropicales”.
Lo anterior porque ahí existe “la Zona de Convergencia Intertropical, y a ésta a veces llegan perturbaciones, como ondas tropicales, que interactúan y generan el desarrollo de un evento que se podría terminar convirtiendo en un Ciclón Tropical. En este momento, por ejemplo, hay probabilidades de que se forme un nuevo sistema en esa misma región”.
En entrevista con la Gaceta UNAM, el especialista explica que otro factor muy importante en esta zona es la presencia de aguas superficiales muy cálidas. “El combustible de los ciclones tropicales es el vapor de agua que viene del océano, por lo que temperaturas más altas en el mar proporcionan una fuente abundante de energía, permitiendo que cualquier ciclón tropical que se forme pueda alimentarse, crecer e intensificarse.
Dijo que esta zona es, “por así decirlo, una región ciclogénica, en la que se combinan varios factores que favorecen tanto la formación como la intensificación de estos sistemas. Al contar con los mecanismos y condiciones necesarios para la creación y fortalecimiento, aumenta la probabilidad de que impacten en tierra”, argumentó el especialista.
A nivel geográfico las cosas tampoco ayudan. Como describió Naxhelli Ruiz Rivera, investigadora del Departamento de Geografía Social del Instituto de Geografía, el sitio de la bahía de Acapulco “tiene una área turística que se conoce como la Zona Dorada, que está rodeada de montañas con grandes pendientes muy urbanizadas.
Destacó que cuando se construye sobre ellas, “lo que hacemos es evitar que la lluvia pueda penetrar en el subsuelo, y en lugar de infiltrarse escurre hacia abajo. Y con ese escurrimiento tenemos grandes volúmenes de agua que pueden, en muy poco tiempo, llenar las calles y arrastrar rocas, sedimentos y residuos sólidos urbanos, tanto en la pendiente como en las zonas bajas”.
La experta universitaria recalcó que, además, hay que tener en cuenta la manera en que ha aumentado la población del lugar.
“Acapulco creció mucho durante toda la segunda mitad del siglo XX. A finales de los 90, después del huracán ‘Paulina’ y en un impulso de inversión al desarrollo turístico de la Zona Diamante, lo hizo hacia sitios que antes eran humedales e incluso cauces de ríos, como las áreas cercanas a la laguna de Tres Palos y el río Papagayo”.
Detalló que “esos lugares son naturalmente susceptibles a recibir esa agua y los ecosistemas que antes existían eran una prueba de ello; eran, sobre todo, manglares y barras, que son estos sectores bajos que tienden mucho a la inundación y que, la verdad, no eran aptos para la urbanización. Desde que se hicieron se sabía de esta combinación de factores, lo que hace que Acapulco sea no sólo una zona muy expuesta a peligros, sino también con mucha vulnerabilidad física”.




