El DJ y productor estadounidense Juan Atkins, considerado uno de los precursores del techno de Detroit, murió a los 64 años en la Ciudad de México, luego de ser encontrado inconsciente en la habitación del hotel donde se hospedaba. El músico tenía programada una presentación la noche del sábado 31 de octubre en YuYu Cine Club, ubicado en la colonia Doctores, alcaldía Cuauhtémoc.
La agencia Greensmith Artists, que representaba al artista, confirmó su fallecimiento el domingo 1 de noviembre mediante un mensaje publicado en sus redes sociales. Un representante de la compañía informó a Resident Advisor que Atkins fue trasladado a un hospital, donde se declaró su muerte. Hasta el momento no se ha dado a conocer la causa del fallecimiento.
En el mensaje de despedida, la agencia destacó tanto la influencia del músico en la historia de la música electrónica como la relación personal que construyó con quienes trabajaron a su lado. “Hay personas cuya contribución a la música puede medirse en discos, actuaciones y las generaciones que inspiraron. Y luego están aquellas cuya presencia se convierte en parte de tu propia vida. Juan Atkins fue ambas cosas”, señaló.
El representante recordó que la relación profesional con Atkins se extendió durante años y que los viajes y proyectos compartidos terminaron por convertirlos en familia. “Durante más tiempo que cualquier otra agencia en su carrera, estuvimos al lado de Juan. Pero los años cambiaron lo que significábamos el uno para el otro. Lo que comenzó con la música se convirtió en un vínculo que ningún contrato podía definir. Juan se convirtió en familia. Era nuestro hermano”.
También evocó su sentido del humor, calidez y carácter, así como las conversaciones sobre nuevas propuestas artísticas que tenían pendientes. Entre ellas figuraban presentaciones en vivo, instalaciones y exposiciones en galerías y museos, además de una película sobre su vida, titulada Techno City, cuyo desarrollo comenzaron a discutir durante una estancia en Cannes.
“Estamos escribiendo esto entre lágrimas. No porque no encontremos palabras para describir su grandeza, sino porque no podemos imaginar un mundo en el que nunca volveremos a hablar con él”.



