La feria

Musacchio y la sonrisa ante la batalla inacabable

Humberto Musacchio dedicó 57 años al periodismo, la investigación y la defensa de la libertad de prensa, además de formar a generaciones de reporteros.

Lo primero que hice ayer al amanecer fue ir a comprobar una ironía. Humberto Musacchio no aparece en el Diccionario Enciclopédico de México*, escrito por Humberto Musacchio. Ocho tomos, miles de fichas, y el autor nos escamoteó su biografía. Lo lamenté, pero a quien haya conocido a tan completo periodista no le sorprenderá. Cincuenta y siete años dedicado a divulgar periodismo, no a pavonearse.

El miércoles ya muy de noche se dio a conocer la muerte de Musacchio. Los centennials no lo entenderán, pero cuando no había internet Humberto era el tumbaburros en las redacciones. Sus tomos de fichas biográficas nos evitaron miles de osos; un material de consulta indispensable que evolucionó y resistió la llegada de las redes sociales y, por lo pronto, también la de la inteligencia artificial.

La última vez que supe de Humberto, en junio, andaba buscando un dato. Necesitaba corroborar el nacimiento de una analista. A punto de cumplir 83 años, elaboraba una enciclopedia de mexicanas y le urgía verificar una fecha. Conseguimos la información y quedamos en que me llamaría –no acostumbraba whatsappear– para vernos en una de sus amenas y entretenidas reuniones caseras. Ya no pudo ser.

En un medio lleno de mezquindad (es mera descripción), Humberto fue siempre generoso. Si para algo se inventaron las redacciones de los diarios fue para que alguien como él enseñara a generaciones enteras el oficio. Tuve ese privilegio a partir de 1994.

La bonhomía de Musacchio era tanta como la pasión con que asumía sus proyectos, en los que lo mismo defendía sus ideas de izquierda al denunciar abusos, que el rigor periodístico. Un ejemplo de eso es lo que él mismo cuenta en la biografía** que hizo de Granados Chapa, en muchos sentidos su alma gemela, en ocasión de una problemática laboral surgida en La Jornada, diario que cofundó.

En los 80 la inflación se comía mes con mes los salarios. Un grupo de trabajadores mandó una carta a los directivos del diario pidiendo aumento. Según Musacchio, la intervención de Granados Chapa apaciguó el reclamo que derivó en el nacimiento del sindicato. Pero, siempre de acuerdo con Humberto, poco después le quisieron impedir contratar a un joven que militaba en una facción disidente.

“Una tarde (Carlos) Payán fue a la mesa de redacción y me repitió la frase que resumía su política laboral y el respeto que tenía por los trabajadores: ‘Me corres a ese cabrón’, me dijo, a lo que respondí, ‘No soy tu capataz. Si no lo quieres en el periódico lo corres tú y en este momento me largo’. Y me fui del diario para no volver”. Aunque más de cien de sus compañeros en una carta le pidieron regresar, no lo hizo.

Humberto militó en el Partido Comunista y defendió su adhesión a la izquierda al tiempo que decía que ésta no interfería en su rigor periodístico. Tan es así, que apenas en 2023 fue criticado por su denuncia de lo que advertía en el ocaso del sexenio de AMLO.

“Cuando falta menos de un año para el fin de sexenio”, publicó en Excélsior vislumbrando el final del periodo de López Obrador, “los problemas se acumulan y los vientos del fracaso soplan sin clemencia. En tal situación, salvo para los enemigos declarados del gobierno, nada hay que celebrar, pues el desastre puede ser atribuido a una persona, pero sus efectos los sufrirá toda la sociedad”. ¿Erró?

Tras conocerse su deceso, muchos han destacado que fue un gran periodista cultural. Sin duda lo era. Reporteros que dieron lustre a secciones de Cultura indispensables como Adriana Malvido, Víctor Roura, Braulio Peralta o Fernando de Ita lo tuvieron de editor. Pero creo que decir que era un referente del periodismo cultural es quedarnos muy cortos. Es más justo y correcto llamarle enciclopedista.

Y también hay que destacar su batalla por la libertad de prensa. Una de sus últimas obras es “Cállense. Los nuevos rostros de la censura”, compilación de artículos publicada el año pasado en Grano de Sal. Ojo: Humberto defendía el derecho a publicar con la sonrisa de quien sabía que era una inacabable conquista de los mexicanos que, como él desde 1968, peleaban día a día por ella: como un derecho que se gana con trabajo periodístico bien hecho.

Con esa solemnidad que sí poseía, aunque también fuera dueño de un ingenio mordaz y de la enorme capacidad de reírse de sí mismo, Musacchio concluye la biografía de Granados Chapa con palabras que pueden decirse de él. Al cerrar ese libro Humberto dice que, para él era un privilegio ser contemporáneo del autor de Plaza Pública. Eso fueron estos años, Humberto, un privilegio de vida haberte tratado.

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