La ventaja de Morena en las encuestas parece un muro, un obstáculo infranqueable, ¿lo es?
Los sondeos que se publican en estos días exponen una imagen que puede leerse de maneras múltiples. La enorme duda es cómo las entiende la oposición.
A la espera de los números de Alejandro Moreno en El Financiero, hay otras mediciones que van perfilando dos constantes con respecto a la preferencia electoral rumbo a 2027. La primera, Morena tiene el triple o más que cualquiera de los partidos opositores; la segunda, el partido con más gubernaturas, mayorías legislativas federales y la Presidencia ha perdido (más-menos) 10 puntos en un año.
Según la encuesta publicada ayer por Buendía & Márquez, la preferencia efectiva de Morena es de 48 puntos (frente a 58 en febrero de 2025), mientras la del PAN es 15, Movimiento Ciudadano 13, y la del PRI 12. En tal escenario, para los morenistas resultan clave PT y Verde, con quienes en conjunto sumarían 10 puntos.
Por su parte, Mitofsky publicó datos de agosto donde la opinión “buena” sobre Morena baja 6.6 puntos entre agosto de 2025 y el de este año, mientras en el mismo lapso la del PRI sube 3.5 puntos y la del PAN 3.3. Si bien en ese sondeo la preferencia de Morena se mantiene (33.5 en agosto 2025 vs. 33.4 agosto 2026), la del PAN y la del PRI suben 4.4 y 3.1 puntos, respectivamente. Panistas y tricolores están aún muy lejos: su preferencia es 14.8 y 10.4, respectivamente.
En ambas encuestas, para no dejar de consignarlo, Movimiento Ciudadano se ha convertido en un competitivo número tres (Buendía & Laredo, con 13 puntos) o en cuarto lugar, pero a solo seis décimas del PRI en la de Mitofsky.
Esos números son, all due respect, brochazos que, por ejemplo, podrían decir poco de lo que será la competencia en Jalisco, donde no hay renovación de gubernatura, pero entidad en la que MC tratará de recuperar algunos ayuntamientos y distritos de la zona metropolitana además de afianzarse en Zapopan, Tlajomulco y, desde luego, Guadalajara.
Y es precisamente eso lo que habría que preguntar a la oposición. Cómo leen estos números en las múltiples elecciones estatales, distritales y municipales que habrá. Más que el muro, los variados muros de cada contienda.
Para empezar esos cuestionamientos conviene hacer una aclaración sobre qué significa oposición. Porque no hay un solo PRI (a pesar de Alito) y mucho menos un solo PAN, y ya no digamos un solo MC —Nuevo León será una batalla muy distinta a Jalisco y a, eventualmente, Sonora con Colosio Jr, por ejemplo.
Podría entonces haber una primera lectura que haría que el muro no lo parezca tanto: las batallas en ciertos estados serán dadas por políticos locales que incluso irán más allá de las alianzas que no quería el PAN nacional.
Esas decisiones estratégicas, que también podrían ocurrir en Morena en lo regional, pueden ser saboteadas, sin embargo, pordirigencias demasiado concentradas en hacerse oír en el círculo rojo, o demasiado necias en imponer demandas necias (por ejemplo, Marko Cortés, en Michoacán, o Alito Moreno, en Sonora, Chihuahua, etc.).
Ojo, algunas victorias de la “oposición” podrían no ser de la oposición, como se aprecia en los coqueteos entre el “panista” mexiquense Enrique Vargas con el “morenista” Pedro Haces el fin de semana; o la posibilidad de que el Verde logre acuerdos tácitos con MC en Jalisco.
Si la oposición no desmonta la idea de que hay un muro nacional en vez de muchas y particulares batallas locales, alimentará la profecía de que no había nada qué hacer.
Sin embargo, y como ha publicado El Financiero en cada encuesta sobre la aprobación presidencial (o la de Clara Brugada en la capital), en esas batallas locales los opositores podrían ocuparse de machacar lo otro que también dicen las encuestas: que en todo rubro de gobierno, en todos, Morena cae y bastante. Ahí los guindas no son muro, sino foso.